CASSANDRA: Back home

No sé si saben que los gatos tenemos memoria de corto alcance. Les diré que sí.

Hace dos días, dormía en mi exquisita cama dentro del closet. De pronto, el ruido del timbre y las risotadas me despertaron, pero como no era hora de levantarme, me estiré un poco y seguí con mi sueño. Durante éste, escuché un par de veces …”Cassandra…”… “Cassandraaaa”, pero desde lejos. Mi modorra era mucho mayor que mi curiosidad.

Rato después, percibí los pasos acercándose. Sin aviso, la puerta del closet se abrió y ahí estaba su cara. “¿Y ésta?”, pensé. Con los ojos a medio abrir veía cómo me sonreía al tiempo que decía “¿cómo está mi niñita…?”, y me acariciaba de manera agradable . No salí de mi guarida la primera ni la segunda vez que se apareció por ahí haciéndome añuñucos, y se rindió. Pareciera que esperaba un saludo más cordial, pero en fin, yo tenía sueño y ella, si bien me parecía conocida, no era mi abuelita.

Al caer la tarde, decidí bajar a la cocina por un poco de comida, y ahí estaba. Pasé, merendé, tomé agua y me senté en las rodillas de la abueli para que me peinara. La misma que me había ido a espiar, ahora me seguía, y yo arrancaba porque se me hacía más grato jugar al “corre que te pillo”, que dejar que me tomara. Cuando se tomó la libertad de agarrarme, la mordí. “Mmm… este sabor lo conozco”, me dije, pero seguía sin recordar de dónde.

A medida que anochecía, fuí viendo como todas mis pertenencias se iban posicionando en el pasillo. De un momento a otro, estuve metida en la caja azul. Colgando de un brazo, la caja y yo, al mismo compás, nos íbamos balanceando. Ella metía los deditos para que yo los oliera, y ahí comencé a recordar. El auto se me hizo familiar y recordé cómo, cuando era muy pequeñita habíamos paseado en él.

En un segundo todo cuadró ¡¡la mami había regresado y me llevaba a casa otra vez!!

Llegamos y reconocí de inmediato mi hogar. Me dejó en el living y me abrió la puerta del portagatos. Salí de inmediato, un par de vueltas y al patio a callejear. Corrí por la pandereta a ver si me encontraba con alguien, pero parece que no sabían que al otro día era feriado y resultó que no había nadie. Regresé a la casa y me encontré con que la abuelita mandó entre mis cosas la misma cama que ocupaba en su casa. Qué noche perfecta. El patio nuevamente y una cama deliciosa.

Aún extraño a mi abueli, porque ella tiene sus cosas entretenidas, y además, prende la estufa más que la mami. Pero estoy contenta, porque tener dos casas es siempre mejor fortuna que tener una sola.

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