CASSANDRA: Susy Callejas

La mami me puso “Suci Callejas” porque me gusta pasear y según ella parezco gatita de lubricentro; pero eso no es verdad porque el Lubricentro está en la otra cuadra y yo no cruzo la calle. Lo mío es suciedad sub automotriz del tipo “estacionamiento”. Y también me dice “Mi Bella mal Genio”, pero eso es de puro picota porque la muerdo y ella no me alcanza a morder de vuelta.

A mí me gustan mi mami y mi casa. En ese orden. Sí, porque mi orden de amor es: YO, YO, YO, mi comida, mi mami, mi casa. Aunque la mami dice que sin ella no hay comida, pero para mí que es chantaje para que la ponga antes en el ranking.

Ella (mi mami) es el humano que yo más quiero y el único que me puede tomar en brazos. Mmm, aparte de la señora de la clínica veterinaria.

Cuando llega, yo sé, así que salgo a recibirla maullando por la ventanita de la loggia, salto al suelo mientras se estaciona y cuando se baja del auto, me caigo con todo el peso del cuerpo al pavimento y me doy tres revolcones de bienvenida. Después, ella camina a la puerta y yo la sigo con las orejas agachadas (los nerrrrrrvios de que venga alguien). Si anda mucha gente, en vez de acompañarla, entro por la ventana y la espero sentadita mientras abre la puerta. Y maúllo si se demora. Si no llega en auto, ella entra a la casa, me pongo en posición de “gato estirado” (los que practicamos yoga sabemos) y recién ahí el revolcón de rigor. Ha pasado, sí, que se toma la noche libre y no llega a la hora de siempre, esos días yo también salgo, pero pucha, no la oigo desde mis antros de parranda y llego después, así que me pilla.

Cuando estamos por fin juntas en casa (porque la mami es más callejera que yo), me gusta que estemos cerca. La sigo a la cocina, al baño, a la pieza.

En la cocina me gusta estar porque me cepilla, y eso me da hambre, y ahí mismo está mi comida, así que lo pasamos súper. Lo que no me gusta de ahí, es que a veces suenan esas bolsas con manilla que llegan del supermercado. Y yo les tengo susto porque una vez…. cuando era chiquita, había una bolsa plástica abierta en la cama y yo me acosté adentro; pero después me aburrí, me fuí, y la maldita me venía PERSIGUIENDO!!! así que corrí toooodaaa la casa con la bolsa como capita de superhéroe y choqué con un mueble, hasta que la mami que venía atrás, me alcanzó ahí y dijo “peeerooo, metiste la cabeza por la manilla”.

Estar en el baño también me gusta, porque descubrí que está la llave del agua y me agrada mucho más que el pocillo. Es cosa de pararme en el lavamanos y decir “mmrrr”. Algo más que me hiperventila, es la ducha. Me dan ganas de meterme cuando el agua está corriendo, pero como le tengo miedo, me alcanza para pararme desde fuera y mirar, nada más. Claro que acompaño mis incursiones con gritos amplificados para que la mami se asuste. Dice que un día va a aterrizar de cabeza en la tina si le sigo haciendo esa broma. Jé.

La pieza es mi predilecta. Ahí está mi cama de dos plazas, que se la presto en la noche a la mami pero en el día la uso yo. Y tengo “mi” sillón. Nos acostamos temprano y dormimos toda la noche (a menos que yo esté enojada y salga de rabia, ya les contaré de la Mimi y cómo me hizo enojar). Con esto del cambio de hora y que la mami deja las cortinas abiertas, “nos” estamos despertando temprano. Tipito seis, yo voy a que me haga cariño. Si está muy dormida, le langüeteo la nariz, si no, basta con pegarle con mi cabeza en la mano. Depende de lo escasa que ande de amor, el rato que me quede. A veces me levanto más independiente y salgo directo a pasear.

La cosa es que no importa dónde, si estamos en casa a mí me gusta estar con ella. Tampoco la exageración, a ratos me escondo o me mando a cambiar, pero me gusta el asunto este de la cercanía y ponerle mi cola en la cara de vez en cuando.

La mami me quiere mucho. Eso sí, es media cargante. Me toca y a veces no quiero, así que me lavo al tiro donde puso la mano. O la muerdo. O la persigo y cuando se da vuelta le muerdo la canilla. Pero aparte de eso, no tenemos problemas.

No sé qué haría sin mí, soy la alegría del hogar. Hoy, por ejemplo, la entretuve “ene”: me sentaba en la puerta de calle a esperar que me abriera y salía corriendo, y al ratito entraba por la loggia; y denuevo me sentaba en la puerta, me abría, salía corriendo y de vuelta por la loggia. Así dos veces y media, porque en la última apertura de puerta, salió ella también y se fue, buuuuu. Yo salgo a veces a despedirla. No me dan ganas de ir con ella a trabajar porque subirme al auto cuando suena no me gusta nada, pero empiezo la jornada temprano yendo a la pandereta a dormir porque le llega un sol de lujo. Sí, porque comprenderán que si me levanto a las seis, a las ocho ya tengo sueño!!

Bien ¿de qué hablaba yo? ah, de que me dice Susy Callejas por “sucia y callejera”, já, y ella? es mucho más “patigata”… claro que se baña más que yo, que no he podido sacarme el color gris calle de las patas que, menos mal, está de última moda esta temporada según la Fashion Maiu.

CASSANDRA: ¿Pelada al ras?

La mami se ha sentido tentada varias veces de pelarme, dice que nuestra vida sería tanto más fácil si yo fuera como los gatos egipcios, sin pelo. A mí la idea, ni en broma.

Pero…

Esta semana la empecé con el estómago extraño, como con arcadas entre ida y venida (porque fue justo mientras jugaba a perseguir la pelotita de papel). Pasé todo un día sin “agravarme” hasta que tuve que tomar medidas extremas. Así que partí y me comí una buena porción de pasto.

Y hay que ver lo rápido que es el efecto. Esa misma tarde devolví toooodoooo lo que había comido y bien a la vista para que la mami lo limpiara en cuanto llegara. De hecho así fue, entre “puuucha mi gatita ¿qué te pasó?” y “te enfermaste del estómago, así que no vas a comer”.

¿QUÉ? pero…. “pero nada” dijo la mami, como si me oyera. No me sirvió comida ni me dio golosinas. Con suerte me cambió el agua. Según ella, después de una verificación in situ un poco “guacs”, el problema no era bolas de pelos sino un problema estomacal a causa de algo que tomé.

Bueno, pero al otro día seguí igual. Más encima, con hambre. Así que comí más pasto y de pronto ¡¡ajá!! ahí venía denuevo…. así que corrí y ops… justo al lado de la puerta de calle eliminé ¿qué? una bola de pelos!!

La mami llegó, se dio cuenta de la evidencia y contradiagnosticó “aaah, mira, sí era una bola de pelos”. Así que me miró con una sonrisa tierna como de “pobre gato” y me dio comida, golosinas y porción extra de comida blanda, que es la que me gusta.

Así que… pensamos con la mami que sí era buena idea un nuevo look más veraniego para no seguir atragantándome con tanto pelo, y le preguntamos al Abe (mi vete)… pero no, el corte de pelo sólo está indicado para gatos extra peludos con problemas de mota. Mmmm. Una lástima.

CASSANDRA: Suerte

Como saben (no es problema mío si todavía no leen el resto de lo que escribí) en mi casa hay una loggia que tiene una ventana por la que yo salgo. Justo afuera, vidrio abajo por esa ventana, yo me siento a mirar a la gente, con la cola colgando. Como soy casi del mismo color que la pared, no siempre la gente me ve, pero cuando me ve, pasa que dicen “cuchiiiiiiiito” ó “mira, un gato” ¿Que no se fijan que tengo collar rosado? O le hablan a mi mamá (no sé por qué no me hablan a mí).

Bueno, una vez, pasó la señora divertida del cuarto piso y le dijo a la mami “uuuyyy, que lindo el gatiiito”… “los gatos traen buena suerte”…. “porque mi hermano heredó el negocio de mi papá que tenía tres gatos”…. bla bla bla, o sea, no les voy a contar toda la historia, para eso ubiquen a la señora y que les cuente, pero la cosa es que: los gatos traemos buena suerte.

Já. Jajajaja.

Nos reímos de buena gana con la mami ¡¿Qué suerte?! dice ella… y me mira con su cara divertida.

Aunque puede ser también, que la suerte de la que hablan sea para los negocios… y en ese caso, sonamos. Porque la mami ¿qué puede vender? ella cree que nada (a menos, dice, que compraran el pelo de gato, porque ella tendría por montones) (¡qué exagerada!).

O tal vez, depende de lo que cada uno considere buena suerte. La mami dice que somos requete afortunadas. Y yo digo que estoy feliz. Tengo calle de día (con sol y panderetas) y sillón, o cama -si me aguanta-, de noche. Cambiaría la comida sí, porque parece que “premium” tiene algo que ver con desabrido y es harto menos sabrosa que la que me compran de emergencia cuando se acaba en fin de semana. Está mi cajita de arena, aunque a veces me voy por la cosa más natural y no la ocupo; mi pocillo de agua limpia; mi certificado de antirrábica al día pegado en el refrigerador. A veces me dan trocitos de habas peladas. Y no tengo que compartir a mi mami con nadie.

Es así nomás, me convencí, los gatos traemos excelente suerte.