Tía primeriza

Existe de “un cuanto hay” para las madres primerizas, desde manuales hasta yoga, pero ¿alguien se ocupa de la tía primeriza?

 

La madre tiene varios meses para acostumbrarse a la idea de tener un bebé; lee libros y recibe consejos por montones de las mujeres que han sido madres antes que ella.

Por otro lado, la mayoría de las mujeres sin hijos, llega a los treinta habiendo cambiado varios pañales ya que suele haber una hermana, una prima, una tía joven del segundo matrimonio de la abuela, alguien, muy cercana, que ha sido madre y de cuyos bebés se han hecho cargo. Pero ¿qué pasa con las que no tenemos hermanas y nuestras amigas y primas le hacen el quite a la maternidad? Porque les digo ¡sí existimos!

Si a los treinta y cinco nadie te ha entregado una guagua para que la cambies, nisiquiera en tu familia, asumes que es vox populis tu absoluta ignorancia en el tema. Y te resignas a la idea de que no contarás con el más mínimo entrenamiento en las artes de los potitos cocidos y los llantos por cólicos. Así que te relajas, porque nadie va a necesitar tus servicios hasta que el recién nacido ya tenga al menos un año y te pidan que lo cuides un rato por la noche, como mucho. Y las amigas con bebés, tienen sus propias hermanas, madres y cuñadas para que las ayuden, así que como “tía” estás simplemente, cesante. Esa era yo.

Hasta que de pronto…. ¡zambomba! me llevan de sorpresa a un brindis que celebra el feliz embarazo de mis grandes amigos, siendo yo, la única invitada que no era de la familia. Y como si nada, se me pasan 8 meses y me encuentro gritando el nacimiento de una “niñita” arriba de una micro, camino a la clínica. Luego adquirí la costumbre de ir a verla una vez por semana para que no se me pasen muchos días… Le dí un día la mamadera, y mal, porque hasta eso me tuvieron que corregir: “el chupete tiene que quedar lleno de leche para que no le entre aire”. Pero fuera de todo pronóstico, y tal vez como premio al esfuerzo, su mamá fue insistiendo en que yo la desvistiera, vistiera, entretuviera….

¡Y me convertí en una tía de verdad!

Pero no se crean, no es nada fácil. Hay que estar atenta a su crecimiento, al nombre de sus dibujos animados preferidos, a si las pantys le quedan cortas y a todas las fechas importantes. Se debe inventar una vocecita de bebé que combine con su cara y que además sea graciosa porque uno como tía tiene que ganarse su espacio…

Hay que aprenderse el orden de los calcetines, la panty, el body, la camiseta, antes de colocar la ropa y además dominar la técnica de poner todo eso, mientras la bebé se mueve.

De los pañales ni qué decir. Es una gran ayuda que ahora tengan dibujitos, porque uno se fija qué monito está adelante en el pañal que saca y así mismo coloca el limpio.

Y de eso, a babysitter… sólo hay un paso.