CASSANDRA: El mejor invierno de mi vida

No sé si sabían (allá ustedes si no se cultivan lo suficiente) que los gatos buscamos calorcito a riesgo de nuestra propia integridad, incluso, en lugares como la parte de atrás del refri, la centrífuga, adentro de la cama cuando los humanos no están. Ops ¿eso lo escribí ó sólo lo pensé?

Bueno es por eso que NO HAY nada mejor que una abuelita. No por los añuñucos (esos me cargan), no por la comida, no por el lugar: por la estufa.

¡No saben lo que es! ¿O yo no sabía lo que era? (con una mami austera, es una experiencia escurridiza) esa exquisitez de pasar un invierno transpirando de tanto calor.

Estamos donde mi “bueli” a la espera de nuestro hogar definitivo (sí, por fin después de tanta mudanza) y ella tiene una súper estufa, seguramente de última generación -porque yo la encuentro estupenda- con un cilindro de fuego al centro y es “a pa ra fi na” (kerossene para mis lectores trasandinos).

…. Aaaaaahhh…. apuesto que ni sabían que existían…. Yo no sabía. Seguro mi “abue” es la única que la tiene. Bueno, esa maravilla de la tecnología moderna está prendida por las tardes a todo dar en su casa y se me separan los pelos de tanto calor cuando me tiendo al frente ¡Ufff! Como si fuera poco, la abue tiene calienta-cama (y lo prende, que es el aspecto interesante respecto de mi mamá). Y una estufa en la cocina. Y otra en el baño de las que tiran aire.

Como no sé cuánto dure esta bendición de vivir en el templo de la temperatura ideal, estoy acumulando calor por si en los próximos inviernos me falta. Tanto fanatismo me costó medio bigote del lado izquierdo, pero hasta ahora no he sentido olor a chamuscado aunque mi cola ha estado en peligro bastante seguido.