El viernes casi casi oscureciendo, mi comida desapareció. Por más que maullé, ronroneé, y paré la cola, la mami no me lo buscó…. hummm. Esa noche me la pasé avisando que se habían robado mi plato a punta de maullidos y saltos sobre la cama.

En la mañana, insistí en el asunto hasta que me cansé (literal), y cuando me acosté a descansar, ví cómo la mano de la mami se venía sobre mi lomo y ¡ZAS! me agarró de rápido, que ni pude arrancar. Me acercó a la caja (que ya estaba patas arriba, como le enseñó una veterinaria traidora) y me agarré con todas las uñas de la pared, y separé las patas traseras y le enterré una garra en el hombro, pero nada. Es puro luchar por el honor, porque siempre termina metiéndome en la caja.

Nos fuimos en el auto, y me explicó que íbamos a que me bañaran, cortaran las uñas y….. Naaa, no sé, yo no pongo tanta atención. Llegamos al sucucho de mi doc y me hice la buenita como siempre, aunque me quedé con el nudo en la garganta de ver que me mami se iba y me dejaba ahí donde nadie me quiere (bueh, después de mi estadía post terremoto, en que los mordí a todos, ejé).

Muerta de hambre como estaba, me pusieron una agujita y al rato, no supe más. Me fuí despertanto de a poco, con las patas como de lana y los ojos desenfocados, la pucha que veía nublado. Tenía un hambre que ni les cuento pero no sabía ni cómo me llamaba. A las horas, llegó una flaca borrosa a buscarme. Yo creo que de venganza por los mordiscos del año pasado, la veterinaria le dijo a la mami (esa resultó ser la flaca) que no podía comer hasta el oooootro día. Más encima de regreso a la casa (les aviso que lo que viene no es grato) me hice pipí… fue una mezcla del mareo, el susto, y la felicidad de ver a la mami. Pero me embetuné toda mi pinta “wash and wear” recién estrenada. Y rematé con náuseas, qué mal día.

En fin, se me pasó el aturdimiento y me empecé a contar los deditos (uno nunca sabe, hay que revisarse)…. Uno, dos tres cuatro, cinco….. diez, once…. dieciocho y diecinueve… ¿? Uno, dos, tres…… dieciocho y diecinueve!!!!! ¿diecinueve? ¡¡santas sardinas!! Les juro que me fuí con 20 dedos y volví con 19… aunque después de investigar bien, lo que me faltaba no era el dedo, sino la uña… A cambio, me dejaron dos nudos de hilo plástico y una costra (preferiría mi uña deforme de vuelta, era harto más sentadora).

La cosa es que, pasé tres días con fiebre en las orejas y han estado a punto de ponerme uno de esos collares de la vergüenza que parecen antena parabólica, para que no me urguetee el forado que me dejaron en la pata de atrás, pero me he salvado.

 

Hasta ahora.

 

Un comentario en “CASSANDRA: Mani… ¿cure?

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