PEPA: su historia según ella y según Cassandra

PEPA: su historia según ella y según Cassandra

(según PEPA)

 No recuerdo dónde nací, pero sí que estuve entre gatos grandes que me robaban la comida, durante varios días. Mi ojito empezó a ver borroso, después se enfermó, me dolió y se apagó.

Unas personas buenas, me tomaron a la fuerza y me encerraron en un lugar en que había un médico. Iban, según escuché, a operarme para no tener bebés. Yo no quería tener hijitos aún, pero menos quería que me hicieran doler, así que me escapé. Estuve varias semanas escondida, comiendo plantas y saliendo a las 10 de la noche para cruzar al mall a buscar restos de lo que fuera.

Una noche, a las 10, salí. Y de un ¡zuácate! me agarraron unos maleantes en una caja como rehén… Me puse toda nerviosa, hasta que me di cuenta que era mi tía Yuli que me había ido a rescatar!!! Me regresaron a la veterinaria, la operación no me dolió nada, y me pintaron la guatita de morado, jé, qué divertido. Me curaron la herida grande del lomo y me llevaron a una casa llena de cuidados y amor.

Allí estuve feliz, hasta que un día, me metieron a la fuerza en un bolso con ventanas. En mi desesperación me dañé la nariz y tuvieron que pasar a ponerme un remedio que me atontó. Así, a media tranca, llegué a una casa que está arriba de otras casas, todas amontonadas una sobre otra. Me soltaron allí; me asusté, corrí y fui a dar arriba del refrigerador…

Después de una noche durmiendo en la loggia, resultó que una gata loca estaba esperando para pegarme. Se llama Cassandra, es pelicolorada y mal genio, trató de asustarme por tres meses, pero ya está cediendo. Es medio obsesiva compulsiva la pobre, y huraña. Rabiosa, mañosa y desconfiada. Esa casa, con la gata loca, era la mía. Yo no sabía. Mi mami tampoco. Ella me miraba y me decía “Pepita ¿te quieres quedar aquí?” Pensaba que yo sufría porque la Cassandra me aforraba tupido y parejo. Pero yo lo pasaba bien. Cuando la Cass me dejó el rasguño en la nariz, le dejé una uña incrustada abajo de la oreja.

Así que hace un tiempo decidimos con mi mami que me quedaba para siempre (parece que fue un día que hicimos la siesta y yo le puse mi manita en su pierna).

Amo a mi mami. Me habla y yo me derrito… se me cierra el ojo y pongo mi ronroneo en automático. Me gusta todo, menos que me tome y que me meta el dedo al ojo (ella dice que es para limpiarlo, pero yo prefiero que me lo deje así).

No sé por qué mi mami a veces me mira como con penita. Yo lo paso a todo dar!! Hago deporte con mis pelotas saltarinas, todos los días tengo mi plato lleno de comida, me regalonean con alimento blando, me regalaron una gatera (¿o fue que me la adueñé?), tengo un sillón para mí sola y un baño privado “de lo más que hay”. Para mí que se acuerda de otra gatita, una que haya sufrido o algo. En cambio yo, disfruto todo… las plantas que me como, las paredes que rasguño, los maceteros que boto, los sustos que le doy a la Cassandra.

Y los dejo porque estoy hipnotizada por una pollila que está en la pared…

 

(según CASSANDRA)

Era una fría mañana de invierno…. Bah!, no… eso suena trágico pero en realidad era Septiembre, cerquita de los días con olor a parrilla, y por la tarde. La mami estaba toda cocoroca porque iban a llegar no sé quiénes. Y llegaron. Dos niñas y un bolso con ventana… mmmm…. me acerqué y ¡guacs!… había un gato.

Yo tendré memoria de corto alcance pero recuerdo clarito que decían “veamos si se acostumbra”… “cualquier cosa, llámame y la vengo a buscar al tiro”… ¡¡y se fueron!!

Resultó que el gato era gata, gris ratón, patas flacas y colilarga… Lo primero que me causó desconfianza fue esa mirada con el ojo siempre cerrado… La mami me explicó después que lo perdió cuando era chiquita… ¿cómo alguien va a perder un ojo? ¿que acaso no se fija donde lo deja?

Por más que le grité, le bailé, le aforré, me enojé, no conseguí que llamaran para que la vinieran a buscar “al tiro”. Me sacó de mis casillas cuando la ví jugar con mi ratoncito de peluche a cuerda… ¡qué rrrrabia! (y no acepto críticas gratuitas sólo porque yo no lo usaba).

La flacuchenta mal encachá, alias “La Pepa”, se quedó y para embromarla más, aprendió todas mis técnicas maléficas. Me asusta, me persigue, ¡¡me estresaaaa!!

Toditos los días invento una nueva estrategia para aburrirla, asustarla y convencerla de que se vaya, pero hasta ahora no han dado resultado. Lo malo es que en tres meses, de chicoca patiflaca se convirtió en una gordita robusta … Sospecho que si no logro mi objetivo a la brevedad, tendré que fondearme o hacerle creer que somos amiguis para que no me torture de vuelta.

Odio su manera de ser. Tan sociable, tan juguetona… ¡puaj! Lo bueno, es que en la noche la encierran y duerme aparte. Lo malo, es que se adueñó de la cama de la mami y nunca más me pude subir (excepto cuando duerme, ver punto anterior).

No me da rabia que se tome mi agua, pero sí que se me meta a la caja de arena cuando yo estoy cerca (ahí la saco). Pero hay que reconocer que desde que llegó me dan comida blanda todos los días para puro degustar ¿o tendrá algo que ver que por esos días el Vete me recetó un remedio? Mmmmm…