En épocas jurásicas en que no habían aplicaciones para hacer amistad y teníamos sonoras e inestables conexiones a Internet a través de la línea telefónica, era mucho menos probable conectar con alguien que viviera al otro lado del mundo aunque coincidiera en nuestros valores e intereses. Y crear lazos, era más difícil aún.

Por esos días llegó a mi vida, sin planearlo, Cassandra, la gatita de 6 semanas que circulaba aterrorizada por una de las calles más transitadas de Santiago.

 

Con la minúscula señorita en mis piernas y un prehistórico computador de hace 11 años atrás, me embarqué por semanas en una búsqueda de consejos para madres primerizas de felinos indoor. Una de las lecturas que más disfruté era sobre alguien que había enseñado a sus dos gatos a ir al baño humano. Yo estaba fascinada de admiración con esta historia porque mi gata con suerte me hacía caso para acercarse a comer, y una persona había logrado que sus dos gatos aprendieran algo, a todas luces, muy complejo. Sin embargo, lo mejor de esa nota fue que, una vez le escribí a su autora para manifestarle mi simpatía y hacerle (ilusas) preguntas acerca de su método, ella me respondió.

Se llamaba Silvia y junto a su marido y dos gatos, vivía en Estados Unidos desde hacía unos años, proveniente de la bonita cuidad de Chihuahua, en México. Entonces comenzó nuestra experiencia de compartir la vida a través de correos, que era lo más “online” que había por entonces.

(No está de más aclarar que mi gata jamás se interesó en la técnica de hacer sus necesidades en otra parte que no fuera su caja de arena)

Pasaron así muchos años de compartir anécdotas, saludos de fin de año, se adicionaron a su familia un perico y un perrito, y a la mía otra gata.

Gracias a la llegada de las nuevas plataformas, acercamos nuestras vidas a través de imágenes y mensajes inmediatos, que le dieron un brinco a nuestra amistad. Entonces, creamos la oportunidad de conocernos y a pesar de lo poco glamorosa que fue esa semana porque ambas nos enfermamos, contagiada una por la otra, tuvimos en German Village los días hermosos  que tantas veces soñamos, entre agüitas calientes y vitamina C.

Pero aún después de eso, hay algo que nos sigue jugando en contra y son los envíos por correo que, con plazos tan poco previsibles, implican mucha planificación y suerte para que el saludo navideño no nos llegue mutuamente en enero.

Así que hace unos días recibí ¡mi primer saludo de cumpleaños! con un mes y una semana de anticipación, en la forma de esta bella tarjeta y con la tremenda dedicación de enviarlo a tiempo a toda prueba.

DSC_8925 (2)

Lo mejor de esto, además de la risa que me dio cuando la leí y descubrí que era un mega adelantado saludo de cumple, es que durante todo un mes estaría a la vista recordándome a mis amigos en Ohio y que, invariablemente, mi cumpleaños llega este mes.

Y no crean que la dedicación de Silvia se traduce sólo a conseguir que dos gatos vayan al baño, que las tarjetas de saludo lleguen a tiempo y que su marido la ame con locura; ya les hablo de su primera novela “Un Cubano Más” en la sección LIBROS de Pera Prisca!

 

Un comentario en “SILVIA y sus “Happy Hula Wishes”

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