“La Magia del Orden” tiene muchas características geniales. Una de ellas es que, no importa qué tan ordenada esté nuestra casa, nos hace sentir acumuladores obsesivos, afectados por el mal de Diógenes.

Mucho de lo que Marie Kondo propone es exactamente lo que hacemos para mantener nuestros espacios organizados y por algunos párrafos nos sentimos maravillosamente identificados con su genialidad al punto de preguntarnos cómo no se nos ocurrió a nosotros una profesión como la suya. Hasta que nos muestra la manera correcta de hacerlo, las razones detrás, y cómo la popular estrategia de ordenar “por partes” es lo que nos impide un éxito duradero. Entonces, invariablemente, terminamos admitiendo que su método KonMari es bueno.

Pero hay algo más. Mucho más, diría yo. Si bien trata del orden en los espacios y cómo gracias a él se vuelven propicios para el bienestar y la creatividad, poco a poco y de manera tácita nos va guiando a observar el orden en nuestra vida, la manera nociva en que acumulamos culpas, dolores, personas, y cómo nos sentimos imposibilitados para ordenar aspectos fundamentales de nuestra existencia, porque simplemente, no sabemos cómo.

Su método es un ejercicio fantástico para enfrentarnos al desapego y también a la realidad de que todo pasa ante nosotros por algo, pero no necesariamente para quedarse; un ejercicio para despercudir las culpas y despedirse de lo que sucedió sólo para dejar una enseñanza. A medida que lo vamos practicando con los zapatos, la ropa, los utensilios de cocina, nos enfrentamos irremediablemente a ponerlo en acción con las fotos, el regalo de la tía abuela que conservamos aunque no nos gusta, los libros que leímos una sola vez y que no volveremos a leer, los recuerdos que nos hacen daño, las personas que nos restan felicidad, los sucesos cuya sola evocación nos deprime. Pero también nos recuerda poner en un lugar principal todo aquello que nos da felicidad y nos produce bonitas sensaciones; y cómo, si queremos que destaque, debemos dejarle espacio para que luzca.

Mi ejemplar del libro se fue prestado al día siguiente que lo terminé de leer, con la primera amiga a quien se lo comenté. A ella se lo pidió otra persona. Ahora tengo una lista 6 amigas y mi mamá, a la espera de las 2 unidades que encargué para que circulen entre mi gente.

“La Magia del Orden” me hizo reflexionar acerca de agradecer a cada cosa lo que hace por nosotros, ya sea abrigarnos, brindarnos una vida más cómoda o, simplemente, enseñarnos que es mejor probarse la ropa que llegar a la casa y que no nos quede. Y en estas reflexiones, me enfrento al comercio justo, a la austeridad y el bajo consumo como activismo ambientalista, al valor de lo útil y de lo hermoso, entre otras. Tan acertadas son las recomendaciones del método KonMari que si bien uno conserva, por ejemplo, muchos menos ropa y zapatos, como sólo quedan aquellos que nos encantan y se mantienen a la vista, el bendito mantra “no sé qué ponerme” literalmente desaparece. Los espacios se viven de otra forma, se acaban las sesiones de orden y las maletas con “ropa de verano” guardadas en la bodega.

Y cuando pensamientos equivalentes surgen en cuanto a las personas, a los afectos, a los valores, a lo que tildamos de relevante en nuestras vidas, reconozco lo valioso que es haber leído este breve libro, de tan limpia y ordenada lectura, como su método y su genial autora.

Un comentario en “LA MAGIA DEL ORDEN – Marie Kondo

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