Si bien ya había mencionado este tema en Consumir menos, Desechar menos, amerita muchas notas y conversaciones más. Luego de leer La Magia del Orden y de ver el documental THE TRUE COST, es imposible quedarse en el mismo estado de acumulación y consumismo de vestuario con el que veníamos viviendo. No importa cuándo nos demos cuenta de lo que le hacemos a nuestra casa y a nuestro planeta con el hábito de consumo que tenemos, siempre podemos hacer algo para corregirlo, desde ese momento en adelante.

El fast fashion, es una realidad que se ha tomado mi país, así como muchos otros. A diferencia de las tiendas tradicionales, está liderado por cadenas que producen a muy bajo costo, en países con mano de obra tan barata que, para mantenerla, en la mayoría de los casos no respetan condiciones laborales ni consecuencias medioambientales. Con esto, logran abastecer sus locales con artículos de tendencia a tan bajo precio que es posible comprar una prenda al mismo precio, o menos, que hace 20 años. Por último, abastecen sus estanterías con una periodicidad abrumante, algunas incluso, agregan algo nuevo todos los días.

Si consideramos que antiguamente existían dos temporadas, que se relacionaban directamente con las estaciones del año, no es difícil impresionarse de que esta estrategia comercial nos haga ir, en promedio, 17 veces al año a una misma tienda, sólo para ver si hay algo nuevo, y con la preocupación de que “si no lo compro” ya la próxima semana no estará. Si bien era asidua a estas tiendas antes de conocer todo lo que había detrás de esta aparente maravilla de la ropa barata, ahora he vuelto a ellas con el afán de observar y, efectivamente, la actitud de apremio, la cantidad de personas en los probadores, y las conversaciones que se escuchan (“llévatelo, es muy barato”), sólo confirman lo que he aprendido en este tiempo y es que, ciertamente, el fast fashion es una brillante idea para vender más sin que existan más necesidades ni más clientes.

Pero ¿qué hacer? Aquí la clave,

“Buy less, Choose well, Make it last”

Vivianne Westwood

 

¡Hip hip hurra! por las marcas que responden “¿quién hizo mi ropa?”: Fashion Revolution ha realizado dos campañas ya, cercanas al día 23 de abril en que se conmemora la tragedia del Rana Plaza, en las que invita a las marcas a responder “Who made my clothes?” a través de una fotografía de las personas que confeccionan sus prendas. Esta acción busca crear conciencia acerca de las condiciones laborales en que ellas trabajan, puesto que hay marcas que simplemente no son capaces de mostrar las condiciones deplorables en que laboran sus subcontratados. Preguntemos y premiemos con nuestra preferencia a quienes producen de manera transparente.

Consumo consciente: El fast fashion, con sus precios tan bajos, enorme oferta y liquidaciones que son una ganga, nos hace comprar de más ¿cuántas cosas se quedan sin usar en el closet? ¿cuántas veces compramos algo que no necesitamos? Entonces la solución, es comprar prendas que necesitamos y que además tengan gran cantidad de opciones para ser combinadas. En cuanto a los zapatos, Tal Ben Shahar, dentro de sus “13 claves para ser feliz” recomienda algo muy cierto “usa zapatos que te queden cómodos” porque si usamos zapatos incómodos es seguro que nos pondremos de mal genio. No importa qué tan a la vanguardia esté un modelo, no compremos nunca más un par de zapatos que nos haga doler o con el que no podamos caminar.

Básicos, lisos y colores neutros: Los básicos son aquellas prendas que es muy conveniente tener porque sirven de base y combinan con todo, fácilmente se ven distintas con un accesorio y no son artículos de moda, por ejemplo, un vestido negro de algodón o un jean clásico. Las prendas lisas, son aquellas de un color, sin líneas, sin estampados. Los colores neutros en vestuario son, por ejemplo, azul, beige, gris, blanco, negro, o algunos suaves como rosa, arena, amarillo, verde, que se pueden combinar con gran cantidad de otros colores, y que cada uno elige de acuerdo a la paleta que prefiera. Sin consideramos estas tres características, nuestro closet se amplifica, gracias a la gran cantidad de combinaciones posibles. Debemos elegir una paleta de colores que nos defina, que nos guste, y privilegiar modelos que nos calcen bien y nos hagan sentir a gusto, por sobre las últimas tendencias. Para comprar, debemos considerar que cada prenda sirva para ser usada con varias de las que ya tenemos y si queremos darle un giro a nuestro look, complementar con accesorios en vez de comprar y comprar ropa nueva.

“Sí tengo algo que ponerme”: Como para casi cualquier aspecto de la vida, existen aplicaciones relacionadas con el guardarropa. Con el fin de conocerlas, descargué una que se llama Stylicious. El concepto es simple, uno fotografía su ropa y calzado, luego arma tenidas o combinaciones, las clasifica y, finalmente, les asigna a un día en el calendario para ser usadas. Lo primero que nos permite apreciar, es la cantidad de combinaciones que tenemos a nuestro alcance y que al momento de pensar qué ponernos, parecemos no recordar o no ver. Lo segundo, es que nos quita el estrés de buscar la ropa por la mañana, permitiéndonos dejar programada nuestra vestimenta de toda una semana, si así lo queremos.

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Vuelta a la reparadora de ropa: No se trata de eliminar todas las cosas que provengan de marcas relacionadas al fast fashion, lo importante es hacer durar lo que ya tenemos. Cuando era niña, mi tía zurcía los calcetines con un huevo de madera, aguja e hilo, y hasta existía el zurcidor japonés que arreglaba los puntos idos de las medias. Para qué decir la cantidad de prendas que ajustaba una modista. Pero hoy, tan económica se ha vuelto la ropa que pasó a ser un bien prácticamente desechable, que no justifica arreglo o modificación. Sin embargo, una manera de hacer que nuestra ropa nos quede perfecta, resista el paso del tiempo o cambie de look, es llevarla a un buen costurero, y entender que, aunque cueste casi lo mismo el arreglo que una prenda nueva, evitar una compra es bueno para el planeta, para el comercio justo y para nosotros.

Máquina de coser y ropa local: Si tienen la fortuna de saber hacer ropa, éste es su momento. Por todas partes del globo, más y más personas están costureando sus propios vestidos, blusas, pantalones. Si tejen, pues manos a la obra para auto abastecerse en el invierno. Tanto esas acciones como comprar a quienes confeccionan en su país o ciudad, contribuye enormemente a disminuir un poco el hambre del fast fashion por vendernos más y más.

De segunda mano: Otra de las consecuencias del fast fashion es la enorme cantidad de ropa que es donada o vendida, por quienes necesitan hacer espacio para almacenar más ropa nueva. Acceder a ella y preferirla permite alargar la vida útil de prendas que se hicieron a mano por alguien y, gracias a su menor costo, acceder a algunas de mejor calidad y mayor duración.

En fin, como en todo, cuando tomamos conciencia, nuestras actitudes cambian. Y hoy, existe una verdadera revolución que nos alienta y nos hace sentir acompañados en cualquier pequeña nueva actitud responsable que tomemos frente al consumo desmesurado. Tras el fast fashion hay miles de personas trabajando en condiciones miserables en las que jamás estaríamos dispuestos nosotros a trabajar, y decenas de ciudades llenándose de desechos provenientes de la industria textil, mientras nosotros tenemos playas limpias y tranquilas para lucir las prendas que alguien, muy lejos, confecciona al costado de un río totalmente contaminado por las plantas de manufactura.

Por último, recordemos que ningún cierre se coloca sin que alguien tome la prenda y lo ubique allí. Dentro del closet de cada uno de nosotros está el trabajo de muchas manos, desde quienes recolectan el algodón, hasta quienes etiquetan las prendas, y más. Y tras esas manos, familias, niños, pueblos. No los olvidemos.

4 comentarios en “FAST FASHION

  1. Hola amiga Soledad! Que buena reflexión acerca del fast fashion y de la vestimenta en general. Yo también ya el documental The True Cost y me hizo llorar de ver tanta gente viviendo de esa manera, mujeres siendo tan explotadas, tan mal pagadas y viviendo de esa forma. Su hogar y su comunidad siendo contaminada y empobrecida por esas grandes marcas. No es justo que vivan así, que no se les reconozca el valor de su trabajo ni se les provea de condiciones idóneas para trabajar. No es justo que por la ignorancia y capricho de los occidentales ellas tengan que vivir asi. Ellas merecen al igual que todas las mujeres del mundo un trabajo digno y un hábitat limpio donde puedan vivir sanas y felices ellas y sus hijitos. Todas las mujeres lo merecemo, levantemos la voz por ellas y sigamos influyendo en los demás para hacer conciencia. Gracias Soledad porque tu lo estás haciendo! Abrazo desde México 😀

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  2. Definitivamente de acuerdo contigo amiga. Gracias por ubicarnos es la realidad. De esta manera tomamos más conciencia y pensamos dos veces antes de consumir.

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