Queque de Plátano (Banana Bread)

Queque de Plátano (Banana Bread)

Ya que me pidieron la receta, aquí les va. Este pan está basado 100% en la receta de Frannerd, publicada en el blog Viviendo Solo. Fran Meneses (Frannerd) además de ser una genial ¡¡ypormímilvecesadmirada!! ilustradora, es una habilidosa cocinera.

Este queque tiene la característica de que SIEMPRE (sí, leen bien), siempre queda bueno. Lo he hecho con diferentes cantidades, diferentes ingredientes, diferentes ánimos, diferentes hornos y en diferente hemisferio, y no falla jamás.

Los ingredientes variaron en el de la foto, porque aproveché lo que tenía en mi despensa, pero al lado les indico los de la receta original.

Ingredientes:

3/4 taza de Azúcar de Coco (o rubia de caña)
1/2 taza de Aceite de Coco (u otro, vegetal)
2 tazas Harina Integral (o blanca sin polvos de hornear)
2 ½ cucharaditas Polvos de Hornear
½ cucharadita Sal de Mar fina
2 a 3 Plátanos Maduros molidos (los más negritos, esos que nadie se quiere comer, quedan perfecto)
Nueces picadas a gusto.
Esencia de Vainilla (opcional)

Preparación:

En un bowl mezclar azúcar y aceite. Reservar.
En otro recipiente, cernir la harina y unir a los polvos de hornear y la sal.
Moler los plátanos.
Prender el horno a 200°C para pre-calentar.
Agregar los ingredientes secos a la mezcla de azúcar y aceite, y revolver hasta incorporar.
Agregar los plátanos molidos, la esencia de vainilla y las nueces picadas. Incorporar todo.

Poner aceite al molde, vaciar la mezcla, espolvorear nueces sobre ella, y hornear a los mismos 200°C, durante 40 minutos. Ya a los 30 minutos pueden revisar si está listo, hundiendo un palito delgado en el queque. Si sale limpio, es que ya está.

Apagar el horno, retirar y pasar a un plato. Dejar enfriar y servir. Es tan consistente que lo pueden cortar tibio… yo nunca aguanto hasta que está frío.

No les puedo decir cuántos días dura, porque en mi casa más de 3 no sobrevivido nunca. Si lo hacen, me cuentan. Tengan un buen día!

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EMPRENDEDORES: Cafés y Restaurantes

EMPRENDEDORES: Cafés y Restaurantes

 

Yo amaría trabajar de cliente incógnito. Sépanlo.

Y no sólo es que me gusta comer rico o beber un té bien preparado, es que, hace muchos años, estuve meses aprendiendo el oficio de garzón y maître, en un restaurante didáctico tanto o más exigente, que uno regular. Cuando uno ha pasado por esa tortuosa bonita experiencia, sale con dos mañas: dejar siempre propina y fijarse en todos los detalles del lugar y el servicio.

Por extraño que parezca, en Chile, a diferencia de otros países, los garzones no suelen estudiar ni capacitarse para ejercer ese oficio. De hecho, quienes lo aprenden de manera formal, son los estudiantes de carreras como Hotelería, que si bien trabajan en ello mientras estudian, no son quienes se dedican de manera permanente. Se suma a esto que, para abrir un local de expendio de comida, no es necesario tener estudios o conocimientos relacionados con atención de público, gastronomía u hotelería, tan sólo las resoluciones sanitarias correspondientes y la infraestructura mínima exigida.

Si a eso le suman que siempre ando de Café en Café buscando buenos datos en la cuidad que habito, y probando comidas ricas en pequeños restaurantes, no puedo menos que darle estos simples consejos para que su negocio no quede nunca en la lista negra de alguien que pasa a él buscando una experiencia agradable.

LOCAL

LIMPIEZA: de todo y de todos. Un negocio que vende comida debe estar limpio. Y no bastará con limpiarlo una sola vez en el día.

BAÑOS LIMPIOS: punto aparte porque un poco de migas en el suelo, vaya y pase, pero un baño sucio no. No señores, imperdonable, no saben la cantidad de personas que hemos dejado de ir a un lugar porque su baño no está limpio. Recuerden que muchas veces, sobre todo en el caso de turistas, embarazadas, familias con niños, pasar a comer es también el momento para pasar al baño. Así que no crean que no pierden clientes por ese detalle, porque sí lo hacen.

MANTELES LIMPIOS: para esto, antes de enviarlos a confeccionar, prueben las telas, porque tanto su color como su composición deben asegurar que, al ser lavados, las manchas desaparezcan. Un mantel manchado da la sensación de suciedad. Lo mismo ocurre con las servilletas de tela.

VAJILLA LIMPIA, SIN MANCHAS, SIN MELLADURAS: atención con el lavado y cuidado de la vajilla. En general, no son los clientes quienes las rompen. Es decir, si un cliente rompe algo, lo más probable es que quede inservible. Pero esas pequeñas melladuras, son producto de la manipulación, de la calidad, del almacenaje. Y no es agradable tomar en una copia estropeada, o una taza manchada.

TEMPERATURA: una temperatura se mantiene agradable en espacios interiores con estufas, aires acondicionados y puertas cerradas. Pero si su local tiene terraza, ésta debe ser calefaccionada en el invierno. Para los días que no ameritan calefactores, pero son algo fríos, pueden disponer de mantas para cubrirse las piernas.

AMABILIDAD: quienes trabajan atendiendo público (meseros, cajeros, administradores) deben saber que parte del buen servicio es el trato amable y es necesario saludar, atender con respeto, agradecer la visita. No permitan que eso quede a elección de cada persona, o dependa del humor con que llegó.

COMPENSAR LOS IMPREVISTOS: si los platos se atrasan más de lo prudente, si un garzón derrama un líquido sobre un comensal, si aparece un vidrio en una comida, y no se extrañen, que todo esto lo he visto pasar, deben, además de disculparse, compensar con un descuento o algo extra durante su estadía. Si se derrama una cerveza sobre un cliente y rápidamente le ofrecen disculpas, el lavado de su ropa, y lo compensan de alguna manera, les aseguro que no lo van a perder porque sabe, igual que ustedes, que son situaciones que pueden suceder.

CONOCER LO QUE PIENSA EL CLIENTE: sobre todo cuando acaban de abrir, hagan una pequeña encuesta, escrita u oral, a los clientes en relación al servicio, a la variedad de platos, y lo más importante, consideren sus respuestas; en ellas puede estar el éxito de su negocio. Si un cliente se va antes de pedir, los administradores o dueños deben saber por qué, para poner freno a aquello que sea de responsabilidad del lugar.

GARZONES

UÑAS LIMPIAS, PELO ARREGLADO: tener las manos y uñas limpias es básico para cualquier persona que trabaje con alimentos, no necesita explicación. Pero también tiene que ver con la imagen que proyecta del lugar en que trabaja, lo mismo que su pelo. Con esto no quiero decir uñas cortas, sin esmalte, y pelo corto, sino meseros que, durante su trabajo, estén pulcros y arreglados.

ROPA LIMPIA: si usan delantal, o alguna prenda que se repite todos los días, debe ser lavada con frecuencia.

CONOCER LA CARTA: todos los días, cuando ya está listo el menú o se sabe si hay algo de menos, se debe repasar la composición de cada uno de los platos y bebidas, junto a los meseros. Cada vez que un cliente pregunta la composición de un plato, debe recibir una respuesta precisa o ¿qué pasa si alguna de las personas es alérgica a un ingrediente y no fue bien informado?

ENTREGAR LA CARTA: un cliente no puede estar 5 minutos sin recibir la carta del local o, si no tiene, una reseña de lo que se ofrece. Es tan fácil como acercarse, saludar y entregársela. Suelen pasar varios minutos antes de que esté listo para pedir.

OBSERVAR AL CLIENTE: el trabajo del garzón es continuo, no termina al entregar la carta, o un plato. Si tiene mesas asignadas, debe mirar permanentemente sus mesas de manera para que ante un gesto de los clientes, se pueda anticipar.

NO CONVERSAR DE TEMAS PERSONALES, O A VOLUMEN FUERTE, EN LA BARRA O EL SALÓN: o en el lugar en que se encuentran las mesas. Esto es muy notorio cuando los comensales vamos solos. A veces, estamos sumidos en nuestros pensamientos y, de repente, quedamos en medio de la última historia de amor de la persona que nos atiende, o de la última anécdota sabrosa del lugar.

RETIRAR LOS PLATOS: los platos no se pueden quedar minutos en la mesa luego que el cliente terminó. Estar atentos es responsabilidad de los meseros. Si un mesero se retrasa 10 minutos en retirar los platos (me ha pasado) los comensales han perdido las ganas de pedir postre o un café. En el caso de las cafeterías ocurre lo mismo. Muchas veces, si nadie nos retira el plato, ya no dan ganas de pedir algo adicional, una última galleta, otro té.

RETIRAR ALCUZA Y LIMPIAR, ANTES DE SERVIR EL POSTRE: sí, se puede considerar que esto es exagerado, pero no lo es. Todo depende de la experiencia que le queramos dar a un cliente en nuestro local.

NO CHATEAR NI USAR EL CELULAR: esto no debería transarse. El momento intermedio entre que el mesero entrega un plato y lo retira, no es “tiempo libre”. Y no porque se les deba pedir algo más, no, sino porque deben estar atentos (como ya lo he venido diciendo) a sus mesas. Los clientes no deberían retorcerse, ni aletear con los brazos, ni pararse de la mesa, para que alguien los atienda. Atentos los responsables porque si eso pasa, es porque los garzones los dejan abandonados. Uno de los restaurantes más exitosos de Santiago tiene una dueña que cuando ve a uno de sus garzones mirando el celular les dice apenas esta frase “en el trabajo, no”.

ALIMENTOS

TEMPERATURA CORRECTA: hay pocas cosas peores que un té frío, pero no menos malo es una ensalada con todos sus vegetales helados o una palta molida recién salida del refrigerador, es decir, todo lo que esté a una temperatura no habitual, genera un cierto rechazo.

BUEN PAN: esto es una recomendación muy en serio, en especial para las cafeterías. En esta semana, y al mismo precio, en dos cafeterías ordené lo mismo: un jugo y tostadas con palta. En una, me sirvieron un pan artesanal caliente, con una palta molida a temperatura ambiente, y un jugo sin hielo, pero fresco. En la otra, me trajeron pan de molde industrial, una palta molida con temperatura de refrigerador, y un jugo de pulpa. En el primer lugar, casi no puedo terminar mi pan, por lo contundente que era. En el segundo, fue como comer aire. Lo mismo ocurre con el pan que se sirve antes de los platos, junto con salsas o aceite para untar, debe ser de buena calidad. Una marraqueta de panadería (en el caso de Chile, pero puede ser cualquier variedad), es de todas maneras mucho mejor, que el pan industrial.

UNA ALTERNATIVA EN BASE A VEGETALES: como ya les sugerí en el anterior post de esta serie, deben estar preparados para recibir a veganos, celiacos, intolerantes a la lactosa. Y existe una alternativa en la que confían todos ellos, y es que exista al menos un plato hecho en base a vegetales, de manera que lo puedan comer. Es una recomendación simple, porque cuando no hay alternativa, todo el grupo que los acompaña se debe ir a otro lugar.

UN PRODUCTO ESTRELLA: cada emprendimiento de comida debiera tener a lo menos un producto que sea especial, original, muy rico, inolvidable. Puede ser un jugo, un café, un pastel, un plato principal; pero esmérense por tener al menos algo por lo que los clientes vuelvan.

PRÁCTICAS SUSTENTABLES

Si además de lucrar, quieren ser de verdad un aporte a la sociedad, consideren lo siguiente y todas las alternativas que encuentren en relación con el medio ambiente,

NO SERVIR BEBESTIBLES CON BOMBILLAS (POPOTES): el vidrio es uno de los materiales más higiénicos, no necesitamos nada accesorio para beber en un vaso. No las entreguen a menos que las personas las pidan.

NO USAR VASOS DESECHABLES: los vasos descartables son basura dañina para el ecosistema. Si venden café para llevar, pueden hacer una promoción para quienes van con sus propios mug o tazas.

ENTREGAR UNA SERVILLETA DE PAPEL POR PERSONA: siempre puede haber disponibles, pero ponerlas por montones en las mesas sólo hace que se desperdicien más de las necesarias. En los restaurantes en que es posible, utilizar servilletas de tela es la opción más ecológica.

RECICLAR: así como compostar y evitar desperdicios de alimentos, son acciones concretas que sólo dependen de la iniciativa de dueños y administradores. Una vez que se decidan por ellas, difúndanlas, y verán cómo turistas y personas preocupadas por el medio ambiente comienzan a preferirlos.

Para finalizar, les dejo este video de Víctor Küppers (mismo que recomendé en Facebook) para que revisen, en especial, los minutos 31:30 al 33:00 y entonces, además de todo la cabeza que le pueden poner a su emprendimiento, le pongan “actitud”.

¿Ganar más o Consumir diferente?

¿Ganar más o Consumir diferente?

Juan y Matilda son los nombres ficticios de dos personas reales que le dieron vida a una analogía que uso para dar a entender el tipo de vida que admiro y estoy construyendo. Se los describiré, haciendo un paralelo de sus características, para que se dibujen una idea mental de ambos.

Matilda y Juan tienen la misma edad. Tenían unos 39 años cuando los comencé a comparar, hace un tiempo ya.

Matilda percibía un sueldo equivalente a 1,5 veces el de Juan.

Matilda, además, compartía el sueldo de su marido que era 2 veces mayor al suyo, con sus tres hijos. Es decir, el ingreso per cápita de ese hogar, era casi igual al ingreso de Juan.

Matilda no tenía ahorros. Juan los tenía desde su primer sueldo.

Matilda vivía en uno de los barrios más caros de Santiago. Juan, en uno de los barrios mejor conectados y valorados por la gente joven de la ciudad.

Matilda vivía en una casa grande, con crédito hipotecario a 30 años plazo y estaba construyendo una piscina en su patio. Juan, vivía en un departamento de dos dormitorios, que arrendaba a buen precio.

Matilda necesitaba el auto para moverse, incluso, dentro de su barrio por lo exclusivo y apartado que era, y lo usaba para ir a trabajar. Juan caminaba desde su departamento hasta la mejor zona comercial de la ciudad, y también usaba su auto para ir a trabajar.

Matilda, cada vez que pagaba todas sus obligaciones del mes, quedaba sin dinero en su cuenta bancaria, y su enorme compra de supermercado llena de productos procesados, era pagada con tarjeta de crédito. Juan, no usaba nunca una tarjeta de crédito, siempre portaba efectivo y tenía un presupuesto para sus gastos de alimentos y abarrotes, dentro de los que se contaban muchas frutas y verduras.

Matilda nunca llevaba nada preparado desde la casa a su trabajo y todos los días compraba golosinas, además de su almuerzo. Juan, comía lo que él mismo se preparaba, y como snack, llevaba frutos secos.

Matilda tenía en su oficina un escritorio de trabajo siempre desordenado y con cosas acumuladas.  Juan dejaba su escritorio ordenado y vacío todos los días antes de irse a casa.

Matilda y su pareja, cambiaban el auto cada tres años. Juan, tenía el mismo auto hacía 12.

Matilda viajaba, por costos, 10 días al año al sur del país con su marido e hijos. Juan, por opción, viajaba dos veces al año fuera de Chile, incluyendo destinos lejanos y costosos.

Matilda y su familia vestían zapatos y ropa de marca. Juan, no se fijaba en la marca sino en la calidad, y no compraba nada que no necesitara.

Matilda tenía una casa muy desordenada. Juan, un departamento siempre ordenado y limpio.

Matilda no podía ayudar a sus padres con dinero, sin que eso afectara su presupuesto familiar. Juan apoyaba a su familia constantemente, sin sentir un impacto en sus ingresos.

Matilda no tenía ahorros. Juan no tenía deudas.

Al día de hoy, Matilda continúa pagando su crédito hipotecario a medias con su marido. Juan compró un departamento al contado, en el edificio en que arrendaba; sigue usando el mismo auto y en el banco tiene dinero suficiente para comprarse un auto nuevo cuando lo decida.

En la búsqueda personal que todos hacemos en nuestra vida (¿todos la hacemos, verdad?) y tras la observación del entorno que me rodea, me di cuenta del enorme valor de tener una vida desapegada y que ese estilo, además, tenía un nombre: minimalismo.

El minimalismo, originalmente una corriente estética que busca expresar sin valerse de lo superfluo era, sin saberlo, el estilo de Juan (quien tampoco debe saber que es “minimalista”). Su vida, vacía de excesos materiales pero llena de las experiencias que la libertad económica le da la opción de elegir es, en la realidad, de mucha más calidad que la aparente buena vida de Matilde. No sólo eso, el nivel de estrés de ambos, es totalmente opuesto.

La “buena vida” le es más común a las personas de consumo moderado, al revés de lo que la publicidad nos intenta hacer creer. Con iguales ingresos, unos pueden retener y disfrutar el dinero, mientras otros sólo lo ven pasar por sus cuentas. Les dejo esta introducción para que sigamos conversando acerca de la decisión de ser más libres teniendo menos cosas pero más experiencias, de las pequeñas acciones y decisiones que apoyan este regreso (porque no es nada nuevo) al consumo consciente, y de lo bueno de una actitud de vida más desprendida.

PERMISO PARA ESTAR MAL

PERMISO PARA ESTAR MAL

Si bien todos sabemos y experimentamos que la vida es un continuo de días serenos y problemáticos, todos reaccionamos diferente a dicha realidad.

Hay quienes pasan pendientes del problema, del dolor, de la posible enfermedad, y de ellos oímos frases como “ves, yo sabía que iba a pasar” o “ya me parecía, si estaba todo tan bien, algo malo tenía que suceder”.

Pero existimos también en este planeta quienes, de alguna forma, con cada amanecer, despertamos energizados, renovados y vemos en cada día una oportunidad. En el verano disfrutamos del sol, en invierno nos abrigamos y tomamos helado, y ante las situaciones complejas estamos positivos y tratamos de resolver.

Sin embargo, a veces tenemos días llenos de preocupación, de miedo, de pena, de rabia, que terminan con insomnio y al día siguiente, esas emociones siguen ahí. Los problemas serios son parte de nuestro año, y es fácilmente observable, que en algún momento de los 12 meses que toma la vuelta al sol, algo nos va a derribar por algunos días o semanas.

Cuando algo serio nos pasa, una preocupación o una enfermedad, es necesario sobrellevarlo. No porque seamos personas positivas tenemos la obligación de estar bien cuando no se puede. Cuidarnos es una obligación cuando emociones negativas se han tomado nuestros días.

Cualquiera sea la situación, tenemos que entender que debemos ponerle más energía a ello y, por regla de tres, restarle a otros aspectos. No tenemos la capacidad inmediata de multiplicarnos para cumplir con todo, así que evaluemos. Todo lo que signifique alivianar nuestro peso, estará bien.

Pero, un momento, no todo es una carga, de hecho, hay cosas que debemos empezar a hacer con más frecuencia. Y es aquí donde mi lista empieza:

Permitirse estar mal: un problema, un dolor físico, una angustia, es lo suficientemente serio como para detenerse y decir “estoy mal, necesito un descanso”. Un receso que nos permita cuidarnos y tener como objetivo resolver aquello que tanto nos aqueja, es un DERECHO que todos tenemos. Que nadie (ni otro ni ustedes mismos) les haga creer que no pueden desfallecer.

Amarse: lo más importante. Cuando estamos en un momento difícil lo MÁS importante es amarnos, más que a nadie, más que nunca. El amor hace mucho por la familia, por los amigos, por el mundo ¿verdad? Entonces consideremos que también hace mucho por nosotros, y necesitamos ese amor incondicional de quien más importa, nosotros mismos.

Mimarse: con aquello que cada uno disfrute. Un rico desayuno para partir el día, un café en una plaza, un baño de tina, flores en la habitación, ir al cine, pasear, jugar a las cartas, dibujar, hacer deporte. Lo que cada persona aprecie.

Descansar: estar ajetreados todo el día o hacer más actividades, no va a traer más rápido las soluciones que necesitamos. Por el contrario, una mente en calma, un estado de descanso, nos permite pensar mejor, enfocarnos, y con esa claridad, priorizar y tomar decisiones. En momento difíciles necesitamos todos nuestros recursos personales disponibles.

Reír y sonreír: tener una complicación grave no significa que no podemos liberar tensión con un poco de risa, por el contrario, ésta nos relaja y nos distrae. Una película divertida, pasar tiempo con los hijos pequeños o sobrinos, jugar con los animales de la familia, juntarnos con las amigas que nos sacan carcajadas, nos recordarán que hay mucho de bueno en nuestras vidas.

Preparar alimentos saludables: si de verdad necesitamos resolver algo, ya sea en nuestro cuerpo o nuestra vida, es importante comer bien, y una buena manera, es cocinar nosotros mismos, porque nos asegura estar comiendo saludable y es otra actividad que nos distrae de las preocupaciones.

Caminar: o trotar o correr, si son más deportistas. Pero a lo menos, calzarse un par de zapatillas y caminar a ritmo firme durante una hora, los llevará a un estado de tranquilidad, sin un esfuerzo desmedido, al tiempo que realizan una actividad física que siempre le hace bien al organismo.

Disminuir la cantidad de obligaciones: es cierto, algunas son imposibles de evitar, pero otras sí, como ir al almuerzo familiar semanal si no se sienten con ánimo. Todos podemos encontrar algunas obligaciones, incluso autoimpuestas en nuestros momentos de bienestar, que por estos días podemos dejar de lado.

Disminuir los compromisos sociales: si no tenemos ganas, energía, ánimo, dejémoslos pasar. Los buenos amigos SIEMPRE entenderán.

Evitar el consumo de redes sociales y contenido: en períodos de estrés debemos enfocarnos en la tranquilidad, ya sea para sanar, para resolver, para concretar.

Ser amables: andar con una cara amargada descargando nuestros problemas con el resto de las personas, sería, además de injusto, una pésima idea. En días difíciles, necesitamos todas las sonrisas y buenas energías que podamos recolectar, por lo que darnos permiso para estar mal no significa tener permiso para ser desagradables con el mundo, y la mejor de las ideas es ser amables y recordar (un par de veces al día) que al lado nuestro hay personas tanto o más complicadas que nosotros.

Agradecer: muchas veces, otras personas deben sostenernos en los momentos difíciles. En cuanto podamos, y ojalá cada día, démosles las gracias por estar ahí, por alegrarnos, por escucharnos, por querernos.

Por último, pero muy importante, si la preocupación que tenemos es por otra persona, recordemos que es esa persona quien debe tener permiso para estar mal, para descansar, para mimarse. Nunca tomemos protagonismo de una situación en la cual no somos el (la) afectado.

Que tengan lindo día y gracias por estar ahí.