Si bien todos sabemos y experimentamos que la vida es un continuo de días serenos y problemáticos, todos reaccionamos diferente a dicha realidad.

Hay quienes pasan pendientes del problema, del dolor, de la posible enfermedad, y de ellos oímos frases como “ves, yo sabía que iba a pasar” o “ya me parecía, si estaba todo tan bien, algo malo tenía que suceder”.

Pero existimos también en este planeta quienes, de alguna forma, con cada amanecer, despertamos energizados, renovados y vemos en cada día una oportunidad. En el verano disfrutamos del sol, en invierno nos abrigamos y tomamos helado, y ante las situaciones complejas estamos positivos y tratamos de resolver.

Sin embargo, a veces tenemos días llenos de preocupación, de miedo, de pena, de rabia, que terminan con insomnio y al día siguiente, esas emociones siguen ahí. Los problemas serios son parte de nuestro año, y es fácilmente observable, que en algún momento de los 12 meses que toma la vuelta al sol, algo nos va a derribar por algunos días o semanas.

Cuando algo serio nos pasa, una preocupación o una enfermedad, es necesario sobrellevarlo. No porque seamos personas positivas tenemos la obligación de estar bien cuando no se puede. Cuidarnos es una obligación cuando emociones negativas se han tomado nuestros días.

Cualquiera sea la situación, tenemos que entender que debemos ponerle más energía a ello y, por regla de tres, restarle a otros aspectos. No tenemos la capacidad inmediata de multiplicarnos para cumplir con todo, así que evaluemos. Todo lo que signifique alivianar nuestro peso, estará bien.

Pero, un momento, no todo es una carga, de hecho, hay cosas que debemos empezar a hacer con más frecuencia. Y es aquí donde mi lista empieza:

Permitirse estar mal: un problema, un dolor físico, una angustia, es lo suficientemente serio como para detenerse y decir “estoy mal, necesito un descanso”. Un receso que nos permita cuidarnos y tener como objetivo resolver aquello que tanto nos aqueja, es un DERECHO que todos tenemos. Que nadie (ni otro ni ustedes mismos) les haga creer que no pueden desfallecer.

Amarse: lo más importante. Cuando estamos en un momento difícil lo MÁS importante es amarnos, más que a nadie, más que nunca. El amor hace mucho por la familia, por los amigos, por el mundo ¿verdad? Entonces consideremos que también hace mucho por nosotros, y necesitamos ese amor incondicional de quien más importa, nosotros mismos.

Mimarse: con aquello que cada uno disfrute. Un rico desayuno para partir el día, un café en una plaza, un baño de tina, flores en la habitación, ir al cine, pasear, jugar a las cartas, dibujar, hacer deporte. Lo que cada persona aprecie.

Descansar: estar ajetreados todo el día o hacer más actividades, no va a traer más rápido las soluciones que necesitamos. Por el contrario, una mente en calma, un estado de descanso, nos permite pensar mejor, enfocarnos, y con esa claridad, priorizar y tomar decisiones. En momento difíciles necesitamos todos nuestros recursos personales disponibles.

Reír y sonreír: tener una complicación grave no significa que no podemos liberar tensión con un poco de risa, por el contrario, ésta nos relaja y nos distrae. Una película divertida, pasar tiempo con los hijos pequeños o sobrinos, jugar con los animales de la familia, juntarnos con las amigas que nos sacan carcajadas, nos recordarán que hay mucho de bueno en nuestras vidas.

Preparar alimentos saludables: si de verdad necesitamos resolver algo, ya sea en nuestro cuerpo o nuestra vida, es importante comer bien, y una buena manera, es cocinar nosotros mismos, porque nos asegura estar comiendo saludable y es otra actividad que nos distrae de las preocupaciones.

Caminar: o trotar o correr, si son más deportistas. Pero a lo menos, calzarse un par de zapatillas y caminar a ritmo firme durante una hora, los llevará a un estado de tranquilidad, sin un esfuerzo desmedido, al tiempo que realizan una actividad física que siempre le hace bien al organismo.

Disminuir la cantidad de obligaciones: es cierto, algunas son imposibles de evitar, pero otras sí, como ir al almuerzo familiar semanal si no se sienten con ánimo. Todos podemos encontrar algunas obligaciones, incluso autoimpuestas en nuestros momentos de bienestar, que por estos días podemos dejar de lado.

Disminuir los compromisos sociales: si no tenemos ganas, energía, ánimo, dejémoslos pasar. Los buenos amigos SIEMPRE entenderán.

Evitar el consumo de redes sociales y contenido: en períodos de estrés debemos enfocarnos en la tranquilidad, ya sea para sanar, para resolver, para concretar.

Ser amables: andar con una cara amargada descargando nuestros problemas con el resto de las personas, sería, además de injusto, una pésima idea. En días difíciles, necesitamos todas las sonrisas y buenas energías que podamos recolectar, por lo que darnos permiso para estar mal no significa tener permiso para ser desagradables con el mundo, y la mejor de las ideas es ser amables y recordar (un par de veces al día) que al lado nuestro hay personas tanto o más complicadas que nosotros.

Agradecer: muchas veces, otras personas deben sostenernos en los momentos difíciles. En cuanto podamos, y ojalá cada día, démosles las gracias por estar ahí, por alegrarnos, por escucharnos, por querernos.

Por último, pero muy importante, si la preocupación que tenemos es por otra persona, recordemos que es esa persona quien debe tener permiso para estar mal, para descansar, para mimarse. Nunca tomemos protagonismo de una situación en la cual no somos el (la) afectado.

Que tengan lindo día y gracias por estar ahí.

2 comentarios en “PERMISO PARA ESTAR MAL

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