Juan y Matilda son los nombres ficticios de dos personas reales que le dieron vida a una analogía que uso para dar a entender el tipo de vida que admiro y estoy construyendo. Se los describiré, haciendo un paralelo de sus características, para que se dibujen una idea mental de ambos.

Matilda y Juan tienen la misma edad. Tenían unos 39 años cuando los comencé a comparar, hace un tiempo ya.

Matilda percibía un sueldo equivalente a 1,5 veces el de Juan.

Matilda, además, compartía el sueldo de su marido que era 2 veces mayor al suyo, con sus tres hijos. Es decir, el ingreso per cápita de ese hogar, era casi igual al ingreso de Juan.

Matilda no tenía ahorros. Juan los tenía desde su primer sueldo.

Matilda vivía en uno de los barrios más caros de Santiago. Juan, en uno de los barrios mejor conectados y valorados por la gente joven de la ciudad.

Matilda vivía en una casa grande, con crédito hipotecario a 30 años plazo y estaba construyendo una piscina en su patio. Juan, vivía en un departamento de dos dormitorios, que arrendaba a buen precio.

Matilda necesitaba el auto para moverse, incluso, dentro de su barrio por lo exclusivo y apartado que era, y lo usaba para ir a trabajar. Juan caminaba desde su departamento hasta la mejor zona comercial de la ciudad, y también usaba su auto para ir a trabajar.

Matilda, cada vez que pagaba todas sus obligaciones del mes, quedaba sin dinero en su cuenta bancaria, y su enorme compra de supermercado llena de productos procesados, era pagada con tarjeta de crédito. Juan, no usaba nunca una tarjeta de crédito, siempre portaba efectivo y tenía un presupuesto para sus gastos de alimentos y abarrotes, dentro de los que se contaban muchas frutas y verduras.

Matilda nunca llevaba nada preparado desde la casa a su trabajo y todos los días compraba golosinas, además de su almuerzo. Juan, comía lo que él mismo se preparaba, y como snack, llevaba frutos secos.

Matilda tenía en su oficina un escritorio de trabajo siempre desordenado y con cosas acumuladas.  Juan dejaba su escritorio ordenado y vacío todos los días antes de irse a casa.

Matilda y su pareja, cambiaban el auto cada tres años. Juan, tenía el mismo auto hacía 12.

Matilda viajaba, por costos, 10 días al año al sur del país con su marido e hijos. Juan, por opción, viajaba dos veces al año fuera de Chile, incluyendo destinos lejanos y costosos.

Matilda y su familia vestían zapatos y ropa de marca. Juan, no se fijaba en la marca sino en la calidad, y no compraba nada que no necesitara.

Matilda tenía una casa muy desordenada. Juan, un departamento siempre ordenado y limpio.

Matilda no podía ayudar a sus padres con dinero, sin que eso afectara su presupuesto familiar. Juan apoyaba a su familia constantemente, sin sentir un impacto en sus ingresos.

Matilda no tenía ahorros. Juan no tenía deudas.

Al día de hoy, Matilda continúa pagando su crédito hipotecario a medias con su marido. Juan compró un departamento al contado, en el edificio en que arrendaba; sigue usando el mismo auto y en el banco tiene dinero suficiente para comprarse un auto nuevo cuando lo decida.

En la búsqueda personal que todos hacemos en nuestra vida (¿todos la hacemos, verdad?) y tras la observación del entorno que me rodea, me di cuenta del enorme valor de tener una vida desapegada y que ese estilo, además, tenía un nombre: minimalismo.

El minimalismo, originalmente una corriente estética que busca expresar sin valerse de lo superfluo era, sin saberlo, el estilo de Juan (quien tampoco debe saber que es “minimalista”). Su vida, vacía de excesos materiales pero llena de las experiencias que la libertad económica le da la opción de elegir es, en la realidad, de mucha más calidad que la aparente buena vida de Matilde. No sólo eso, el nivel de estrés de ambos, es totalmente opuesto.

La “buena vida” le es más común a las personas de consumo moderado, al revés de lo que la publicidad nos intenta hacer creer. Con iguales ingresos, unos pueden retener y disfrutar el dinero, mientras otros sólo lo ven pasar por sus cuentas. Les dejo esta introducción para que sigamos conversando acerca de la decisión de ser más libres teniendo menos cosas pero más experiencias, de las pequeñas acciones y decisiones que apoyan este regreso (porque no es nada nuevo) al consumo consciente, y de lo bueno de una actitud de vida más desprendida.

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