5 tips PARA DESORDENADOS

5 tips PARA DESORDENADOS

 

Aquí viene la primera buena noticia y es que tú, que creciste escuchando ese adjetivo, NO ERES desordenado. Ese calificativo te lo dio una o varias personas, dentro de las que seguramente se cuentan aquellas que no supieron cómo enseñarte hábitos cuando eras pequeño, pero no es parte de tu ser, sólo que tanto lo escuchó tu subconsciente que llegaste a creerlo. La segunda buena noticia, es que todo hábito se puede adquirir de adulto, sólo que, a diferencia de cuando somos niños, lo hacemos conscientemente.

Como todo lo que escribo, este post proviene de mi experiencia. Crecí escuchando que era desordenada y para muchos lo soy, pero lo bueno, es que nunca lo he creído, así que siempre confío en que “esta sí es” la última vez que ordeno el closet, que organizo la despensa, que clasifico los papeles. Y esa visión positiva me ha llevado a conseguir un cierto orden en casa que, felizmente, se traslada a otros aspectos de la vida.

Hay quienes tienden de manera natural al orden, y otros, tendemos de manera instintiva al caos. Muchas veces, es un aspecto que nos persigue a quienes nos distraemos con facilidad, porque no terminamos de hacer una cosa, cuando se nos ocurre otra, y ahí dejamos la anterior a medias.

Aquí les doy 5 consejos para salir del círculo vicioso del desorden:

UN LUGAR PARA CADA COSA: esto me lo enseñó la maravillosa Marie Kondo en su libro “La Magia del Orden” y si bien es tan obvio, antes de leerlo, nunca me di cuenta. Crecí con una mamá ordenada que en su cabeza siempre supo dónde poner las cosas, el problema es que yo no sabía porque ella las iba ubicando en distintos lugares cada vez (hay que reconocerle que ella es muy creativa en eso ¡!). Si todos en casa conocemos el único lugar para cada objeto, se creará el hábito de volver a ponerlo ahí cuando no esté en uso.

LA CAMA: sabido es que una cama hecha, da de inmediato la sensación de orden en un dormitorio. Pero para ello la cama debe ser fácil de hacer, e idealmente, tener espacio para circular alrededor de ella (si queremos que los niños hagan su cama, es mejor ponerla al medio de la pieza, y no arrinconada a la pared, aunque tengan una habitación pequeña). Además, evita los cojines y mantas decorativos, sólo deja lo que usas, y ten para ellos un lugar específico para dejarlos en la noche.

SI TARDA MENOS DE 3 MINUTOS HAZLO DE INMEDIATO: esto es de los mejores consejos que he leído. Si te das cuenta que debes hacer algo que tarda menos de 3 minutos (como lavar un plato, regar una planta, guardar un par de zapatos), hazlo ya. Todas esas pequeñas tareas que dejamos pasar, luego se transforman en un cúmulo de pendientes y cosas desordenadas.

DEJA ORDENADO ANTES DE DORMIR: es otra máxima, no fácil, pero útil que da gusto. Antes de acostarte, deja todo limpio y guardado en la cocina, la ropa sucia en el cesto, el baño con las toallas que usarás por la mañana, la ropa guardada en el closet. No hay mejor antídoto que amanecer en un lugar ordenado para evitar el desorden.

TEN POCAS COSAS: aquí el mejor secreto. “Minimalízate” ¿existirá ese término? Es evidente que la mayoría de las personas tenemos más de lo que necesitamos y el minimalismo es una corriente que, más que una moda, es un llamado de atención que cambia vidas. Como la mía. Tal como muchas personas, yo tenía (y aún tengo) cosas de sobra: ropa, recuerdos, discos compactos, libros, muebles, artículos de cocina. En todas las habitaciones de mi departamento, tengo más de lo que necesito. Pero en aquellos lugares donde ya voy teniendo lo justo y preciso, como el baño y la cocina, en los que de a poco me acerco a mi ideal personal, todo se hace más fácil, agradable y simple. El orden se mantiene casi solo. Un ejemplo: desde hace un tiempo he venido preparando la mayor cantidad de mi alimentación desde cero. Tenía cucharas, cucharones, espátulas, de diferentes formas, tamaños, materiales, en fin. Me deshice de todo lo sobrante y me quedé con unas cuantas cucharas y espátulas de bambú. Ahora, cuando cocino, como debo lavar los utensilios para volver a usarlos, nunca más quedó el lavaplatos con un alto de cosas para lavar “después”.  En vez de ir al cajón y sacar otra espátula, lavo la que estoy usando y la utilizo otra vez. Tener menos no es una “incomodidad” como nos hacen creer, cuidado con eso. Tener menos, es más tiempo, más orden y más calidad de vida.

Lo importante tras esto, no es ordenar, sino, no desordenar. Todos los consejos que les dejo, son para que eviten que el desorden se propague en su espacio, porque ya sabemos que una vez instalado, toma vida por sí mismo.

En el caso que sean los responsables de crear hábitos en niños, recuerden hacerles las cosas fáciles; si quieren que tengan su ropa ordenada, dos cosas, no tengan más ropa que espacio y dispongan un lugar donde el niño pueda doblar sus prendas. Para hacerlo entretenido y útil, enséñenles a ordenar la ropa por colores, así ellos sabrán siempre dónde encontrar lo que buscan. El orden previo a irse a dormir, que sea temprano, no cuando el niño ya tiene sueño. La ropa que no quede en una silla, todo debe quedar en el cesto de la ropa sucia o en su lugar dentro del armario o cajonera. Que todo tenga un lugar en la casa y sean ustedes los primeros en respetarlo. Y lo más importante, nunca le digan que es desordenado, al contrario, le deben recalcar que es una persona ordenada, eso se llama refuerzo positivo y es lo que hace que personas comunes se conviertan en grandes seres humanos.

LUGARES: La Cimarrona

LUGARES: La Cimarrona

“Ándate a la punta del cerro” reza el dicho en Chile, cuando nos cansamos de alguien y queremos que se vaya. Pero ayer, sin que nadie me echara, más bien, gracias a una invitación, tuve la oportunidad de estar ahí “en la punta del cerro”.

Era una mañana típica de jueves. Estirarse, poner los pies en el suelo (miau), ir a la ducha (miau miau), vestirse (miau miau miau), hacer la cam… (miau miau miau MIAUUUU….) , ir a darle comida a la Pepa, volver a hacer la cama, peinarse. Pero este jueves yo iba saliendo con una lista mental de cosas que no podía olvidar: efectivo, cámara, documentos, chaqueta, etcétera.

Partí mi viaje a San Pedro -un lugar a dos horas de Santiago- entre los últimos autos de la hora punta y la música de Jorge Drexler. No sé a ustedes, pero a mí me encanta viajar y si es en auto, disfruto de manejar, del paisaje, del cielo, de saludar a los chicos en el peaje.

Indicaciones a la mano, llegué hasta un punto y me fueron a encontrar. Con mi destreza citadina de manejar en plano, subí a dos marchas por el camino de tierra rodeado de vegetación, a unos 20 km/hr. La Cimarrona se emplaza casi en la cumbre de un cerro, en su ladera norte, con una vista hacia el valle, indescriptible de linda.

La casa es amplia, bonita, sobre todo, acogedora. Como sus dueños, sonrientes, generosos, los mejores anfitriones, de esos que hacen sentir tan en casa, que uno se integra como si fuera la propia.

Llegué y me pusieron a preparar la ensalada. Y es que hay dos maneras de recibir en mi país: una, es la de instalar al invitado en la sala y agasajarlo mientras, desde ahí sentado, mira el lugar y conversa con el cuello torcido hacia la cocina; la otra, es hacerlo participar de lo que haya que hacer. El riesgo de esta alternativa es que entre en confianza y así, el invitado (yo), sintiéndose parte, termine pidiendo repetición si el almuerzo es tan rico como arroz enjoyado y garbanzos.

Para hacerla más linda, La Cimarrona es hogar de estas criaturas preciosas

 

(me faltó tomar fotos a una… así que tendré que regresar…)

Les hablaba de lo hermosa que me pareció su vista y creo que ellos piensan lo mismo…

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Todos estos animales han sido adoptados, pero lo más increíble, es que varios han llegado por sus medios a este bello lugar, incluso una, con sus últimas fuerzas. Y quién los va a culpar, si no tuviera a mi par de gatas en casa, capaz que también me quedaba a pasar una temporada.

Hacia donde uno mire, hay belleza pura. Colores, texturas, aromas. Y muchos caracoles que en este paraíso se instalaron a vivir la vida loca, entre hojas de acelga y todo tipo de plantas, incluido un copihue que se esfuerza por ganarles la batalla. Porque la vida en el campo, y arriba en el cerro, no es fácil para nadie, pero es linda, eso sí, muy linda.

En mi paseo por La Cimarrona, Tomás (el perro negro) iba atrás mío, cuidándome. Uno sabe cuando alguien lo cuida.

Se terminó el día y me vine cargada de regalos. No, no exagero, me traje como 5 kilos de regalos: alcachofas, kale, pan, limones, palta. Y unos 50, de cariño.

Cimarrón tiene varias acepciones, pero la que más me gustó es: animal que habiendo sido domesticado, se escapa al campo y se asilvestra. Déjenme decirles que La Cimarrona tiene el nombre perfecto.

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