PERSONAL

ESCRIBO

Escribo desde hace muchos años, no sé cuántos.
Nunca tuve un diario, pero desde niña iba analizando y guardando momentos en mi cabeza.

Siento como si siempre hubiese habido dos historias para mí. La de los sucesos y la de mi relato mental.

Recuerdo que cuando terminaba un libro que disfrutaba, permanecía unas horas o días, relatando mis pensamientos con el estilo del escritor, como queriendo extender el libro. Como ya no había más historia, ponía al autor a contar la mía.

No soy especialmente creativa ni original y no me tengo fe suficiente a la hora de escribir buenos finales, por eso no escribo cuentos, que es mi género narrativo preferido. Así que ¿cómo escribo? simplemente, relato pensamientos y experiencias del día a día, como si se las estuviera contando a otro y… voilà!

Ya que les he confesado mi método, vamos a recorrer mi “para qué”… ¿Para qué escribo? Lo hago para no despreciar el tiempo que le he dedicado a mis pensamientos, olvidándolos. Vaciar lo que recorre mi mente es útil para reconocer quién soy, qué reflexiono, si mis conclusiones cambian o se mantienen, si tengo la capacidad de abrirme a nuevas formas de verlo todo, o me quedo anquilosada en antiguas consideraciones. Escribo, además, para mejorar mi humor, expresarme, divertirme, a veces, para compartir, y muchas otras, como catarsis.

¿Por qué escribo? Porque una parte de mí solo existe cuando resuelvo en palabras lo que mi cabeza moldea en imágenes y símbolos.

Así que, mayormente, escribo para mí.

Sin embargo, cuando comparto lo que escribo, sucede algo inesperado. Quien lee, llega a su propia conclusión de lo que han querido decir mis palabras, y les da nuevo sentido, reescribiendo sobre ellas, según el entendimiento de la vida que lleve a cuestas.

Aquello es mágico, poéticamente hablando, porque significa que el autor de un texto es co autor junto a quien lo lee. Cuando me di cuenta de esto, gracias a los comentarios de mis pequeños escritos en una red social, entendí que quien comparte lo que escribe deja que sus textos vuelen, los entrega, se desprende de su sentido final y se los regala a quien los lee.

Escribo.

Escribo porque no sé cuánto tiempo ni cuántas palabras le quedarán a mi vida, y tengo la urgencia de desprender de mi cuerpo las narraciones que voy acumulando en ese espacio interno en que se crean las historias.

Photo by Janson K. on Pexels.com

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