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GRATITUD vs Positividad tóxica

Uno de los temas que permea mi persona, mi trabajo y mi relación con otros, es la GRATITUD.

Anoche, en una nueva edición de mi taller Gratitud Práctica, observé, aprendí, reconocí, algo nuevo:

Existe la idea de que la gratitud está relacionada con una visión artificialmente positiva de la vida, como si fuera un concepto apalancado en la autoayuda, relatos sin evidencia o mero idealismo.

La gratitud, como práctica para apreciar lo que está bien, es un simple hábito que desde hace años ha sido observado en personas que sienten un alto grado de satisfacción con sus vidas. Visto esto, especialistas de todo el mundo y varias disciplinas, han tratado de comprender si existe correlato entre ambos. Y pareciera que sí. Sin embargo, no se trata de decretar y, mágicamente, convertirse en alguien agradecido y satisfecho con la vida.

Quien no tiene la costumbre de mirar el mundo con un halo de gratitud, debe partir por descubrir que existe esa posibilidad y luego puede integrarla a su vida a través del acto deliberado de agradecer. Solo después de muchas repeticiones y perseverancia, como cualquier aprendizaje, la gratitud pasa a formar parte integrante de lo cotidiano. Una vez ahí, incorporada a la rutina, es que comienza a quedarse y puede transformar la forma en que se percibe el mundo. Es recién en ese momento que juega un rol relacionado con la capacidad de ver las circunstancias de una manera más “positiva” porque, además de evidenciar lo que funciona, permite concluir que una gran cantidad de situaciones desafortunadas tiene solución.

En contraparte, la positividad tóxica o “sobregeneralización excesiva e ineficaz de un estado feliz y optimista en todas las situaciones” proviene de un ánimo de negar, invisibilizar o minimizar cierto tipo de emociones o sentimientos, provocadas o no por eventos adversos, reprimiendo la natural expresión emocional, lo que puede exagerar la presencia de aquello que se intenta evitar, de tanto que se ignora.

Ambos conceptos tienen una naturaleza distinta: la gratitud se trata de incorporar y la positividad tóxica, de eliminar o suprimir.

Lo cierto es que la práctica de la gratitud sí permite identificar con mayor facilidad lo bueno, positivo y adecuado, pero no pretende ni es capaz, de hacernos ver algo que no existe, así como tampoco debería invitarnos a agradecerlo todo, convirtiendo en bueno algo que no lo es.

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