Baby Sitter PRO

Baby Sitter PRO

Yo amo a mis sobrinos. Así. Simple. Todo niño, con o sin lazo sanguíneo que me considere su tía, ocupa invariablemente y de por vida, un trozo de mi corazón.

No soy un as de los pañales ni el hada anti-mañas, aunque me manejo, pero cuando ya pueden reconocerme e, idealmente, sostener una conversación de dos palabras conmigo, entro en acción con mi mejor performance.

Desde las primeras experiencias que les compartí en el blog como tía practicante y baby sitter , y a base de mucho aprendizaje autodidacta, he logrado posicionarme como una alternativa confiable para el cuidado y entretenimiento de infantes, que va desde el servicio a domicilio hasta tardes de cine y paseos alimentando patos silvestres. Todo lo anterior, en horarios a elegir, cualquier día de la semana.

Para una mamá o papá o abuela, cuidar a un niño es una tarea cotidiana y simple, pero para una tía, con una decena de sobrinos de diversas edades, formas de ser y gustos que van desde la Gallina Pintadita al último juego de X-Box, es una misión de alta complejidad con juramento tácito de dar la vida en servicio si es necesario, antes que explicar una ida a emergencias o un diente menos.

Hace dos semanas fui llamada a cubrir el turno de trasnoche de un viernes. Luego de las instrucciones de horarios de cena, de pijama, de dormir, y el detalle de lo que podían hacer y comer Amparo y Amanda en ausencia de sus papis, nos quedamos las tres pasándolo regio, entre la televisión y temas misceláneos al unísono y en stereo, tales como la última canción del jardín y Naruto. Y todas colas de Naruto. Y todas las pupilas de Naruto. Y todas las historias de Naruto. Y viendo Naruto. Y retrocediendo Naruto para que yo viera la escena de un segundo que me había perdido por mirar hacia otro lado. En fin, estábamos entre Naruto y tratando de ponerle el pijama a mi sobrina menor, cuando se hizo la hora de su cena. Fui con obediencia castrense y cierto alivio de dejar de escuchar por unos minutos la palabra Naruto, a armar la comida que me habían indicado y llegué con el plato, cubiertos y servilleta a la mini mesita de comer que hay en la sala de TV (de la que se imaginarán era imposible mover a mis pequeñas, un viernes por la noche, sin papás en casa). Por supuesto, cuando me senté escuché un muy acertado “quiero jugo” que me hizo levantar como un resorte e ir a la cocina a corregir mi pésimo estándar de servicio.

Ese día no hubo mayores contratiempos. Excepto que el perro entró, metió su hocico en la cena recién servida y no quedaban ingredientes para reponerla. Ops.

Pero al viernes siguiente, llegando a casa de la Flo, para cuidar de ella y su hermanito, a eso de las 11 de la noche, emocionada porque estaba despierta a esa hora sólo porque sabía que yo iría, y en un acto de superheroína para no llegar tarde, entro caminando a paso ¿firme? por los pasadizos oscuros del condominio cuando de pronto, mientras le hacía el quite a un matrimonio y mandaba un mensaje de voz, como buena mujer multitasking, siento como mi pie derecho se sale del camino y se dobla en cámara lenta, con el sonido grave del crujir  de fondo… ¡CRAC!

Está de más decir que llegué a casa de la Flo disimulando el dolor y la cojera, porque ESO es lo que hace una baby sitter PRO con el fin de salvaguardar su imagen de tía todo terreno.

Además, no hay esguince que no se cure tras unos días de sexy bota inmovilizadora.

 

 

 

 

Diario de una baby sitter

… Domingo 17 de enero de 2010… Elecciones presidenciales en Chile y la Sofi necesita una baby sitter…
Tengo el turno tomado. Me levanto temprano. Tengo que estar a las 9 y 30. Llego a las 10 y 15… ¡rayos!

Ella, bella, está vestida onda hippie y con cintillo, sentada entre cojines sobre la cama, como una CEO, mirando sus monitos en televisión. Su mami sirve desayuno mientras yo la vigilo para que después no le digan “caída del catre”… pero como una buena baby sitter sobreprotectora, mejor me la llevo en brazos a la cocina…

Tomamos desayuno. Todo en paz.

Su mami debe ir a votar. Las instrucciones son: actividad al aire libre para hacer hora, luego almuerzo a las 11 y 30. La silla se arma oprimiendo el botón naranja. El babero con mangas queda en las cercanías, lo mismo la libélula, Cangurín y Pablo (nombre que según su mami tiene el venado de Backyardigans, pero que en realidad se llama Tyrone). El pote de comida se debe calentar 45 segundos en microondas y al sacarlo se le echa una cucharadita de aceite omega 3. El postre se sirve con la otra cuchara y se le echa una cucharadita de lactulosa. Luego muda (se limpia con agua con glicerina o, eventualmente, lavado directo con agua en la zona afectada) y, posible siesta, por confirmar. Todas las instrucciones han sido retenidas en un 100%.
La mami se va. Nos deja en el jardín “siéntala en el pastito”, me dice.

Estamos solas. WARNING – WARNING… El pasto está mojado. La subo al columpio a velocidad crucero, caras ridículas incluídas para que sonría. Se aburre y no habiendo nada más que hacer, subimos.

La bella niñita de cintillo sonríe en el ascensor camino al departamento.

La siento en la silla, activo cinturón de máxima seguridad y última generación. Pongo babero con mangas. Corro a la cocina: pote con comida, horno, 45 segundos y contando… Regreso, botón naranja y la misma Sofi me ayuda a instalar la mesita en la silla… se percibe cierta ansiedad… Me siento, el pote está caliente para mi. Soplo las cucharadas esperando algún reclamo por la temperatura… Nada… el reclamo se evidencia por la poca rapidez en la entrega de la comida… Todo en orden… En mis pensamientos me pregunto por qué quedan tan sucios los baberos si hasta el momento está limpio… Medio pote, y todo dentro de programa. Dos tercios de pote y… maña… Cara extraña…. por las dudas de que sea un desahogo estomacal, la dejo tranquila… Sigue la cara… acerco la cuchara, boca cerrada, ceño fruncido… Examino la zonas bajas por si hay algún aroma que me pueda indicar de qué se trata… nada… Nuevo intento con la cuchara… ¿esa es la Sofi? ¿esa cara roja con expresión poco amistosa es mi bella sobrinita?…. Otro intento con la cuchara. Me saco la comida que recibí en el pelo. Otro más, limpio los dedos de la Sofi que de rabia los metió en la comida. May Day, May Day…. llamo a la mami y me dice que si no quiere más, pase al postre. Voy por el postre, mi niña reclama. Cucharadita de lactulosa, revuelvo, me instalo, primer bocado y… bien… lo recibe. Segundo… tercero. El siguiente bocado no es bien recibido, saco los huesillos de mi cara. Cuarto, y la misma expresión de pocos amigos… Le canto, le bailo y le abro la boca a ver si resulta en ella un acto reflejo… La situación se complica. El babero ya no está inmaculado. El postre de huesillos se resbala por su boca cerrada a presión y se embetuna las manos. Me mira con rabia… se enrojece del enojo… y de pronto…. ¡lágrimas! una en cada ojito…. su boca, hasta ahora ocupada para comer, se abre para llorar…

Desarmo como puedo el babero, la mesa, la silla, y la llevo al mudador. Puede ser eso!!!!… ella me mira como diciendo “estás haciendo todo mal”…. Saco la ropa. Ella llora. Está poseída por la ¿rabia? ¿pena? ¿el demonio? Sus ojos se hinchan (así de harto llora)… Le paso a Pablo (Tyrone)… eso me da una tregua minúscula para ubicar la glicerina y revisar si el pañal se cierra con Elmo adelante y el Monstruo Come Galletas atrás, o al revés. No hay “pantano”. La muda se realiza de manera eficaz. Comienzo a vestir y…. ¡llanto! en Do # menor, allegro y nada de moderato. Tanto llora que me hace dudar. Reviso si el pañal está bien puesto, si no me faltó algo adicional…. La bebita llora como si la estuviera torturando… Sólo queda una posibilidad….

Abro la cuna, corro chupetes, sábana, manta…. Identifico un tuto… selecciono un chupete… acuesto a mi sobrinita que a esas alturas parecía más bien la sobrinita de Chuky…. y de pronto…. silencio…. sshhhhhh…..

Con mi adrenalina aún alta ante la emergencia…. no me fío de la situación… Corro cortinas para oscurecer… le saco el cintillo… Ella me mira de reojo, no sé decir si era para calmarse o decirme “¡ándate!”. La vigilo desde la puerta… la miro… ella me mira… Se acomoda… La miro… me mira… ¡¡ERA SUEÑO!!

Llega su mami cuando ella duerme… y antes de irme, mucho rato después, voy a despedirme y ella… está despierta… sonriente… de algún modo se le deshincharon los ojos (a mi edad no se deshinchan ni en un día completo)… Le regala UNA SONRISA a su mami…  ¿quién me iba a creer ahora todo lo que había pasado?

PD: camino a cumplir mi deber cívico…. unas pigmentaciones naranjas en mis brazos me hacen pensar que el bloqueador que me recetó el médico era medio autobronceante. No, eran restos de postre.

Tía primeriza

Existe de “un cuanto hay” para las madres primerizas, desde manuales hasta yoga, pero ¿alguien se ocupa de la tía primeriza?

 

La madre tiene varios meses para acostumbrarse a la idea de tener un bebé; lee libros y recibe consejos por montones de las mujeres que han sido madres antes que ella.

Por otro lado, la mayoría de las mujeres sin hijos, llega a los treinta habiendo cambiado varios pañales ya que suele haber una hermana, una prima, una tía joven del segundo matrimonio de la abuela, alguien, muy cercana, que ha sido madre y de cuyos bebés se han hecho cargo. Pero ¿qué pasa con las que no tenemos hermanas y nuestras amigas y primas le hacen el quite a la maternidad? Porque les digo ¡sí existimos!

Si a los treinta y cinco nadie te ha entregado una guagua para que la cambies, nisiquiera en tu familia, asumes que es vox populis tu absoluta ignorancia en el tema. Y te resignas a la idea de que no contarás con el más mínimo entrenamiento en las artes de los potitos cocidos y los llantos por cólicos. Así que te relajas, porque nadie va a necesitar tus servicios hasta que el recién nacido ya tenga al menos un año y te pidan que lo cuides un rato por la noche, como mucho. Y las amigas con bebés, tienen sus propias hermanas, madres y cuñadas para que las ayuden, así que como “tía” estás simplemente, cesante. Esa era yo.

Hasta que de pronto…. ¡zambomba! me llevan de sorpresa a un brindis que celebra el feliz embarazo de mis grandes amigos, siendo yo, la única invitada que no era de la familia. Y como si nada, se me pasan 8 meses y me encuentro gritando el nacimiento de una “niñita” arriba de una micro, camino a la clínica. Luego adquirí la costumbre de ir a verla una vez por semana para que no se me pasen muchos días… Le dí un día la mamadera, y mal, porque hasta eso me tuvieron que corregir: “el chupete tiene que quedar lleno de leche para que no le entre aire”. Pero fuera de todo pronóstico, y tal vez como premio al esfuerzo, su mamá fue insistiendo en que yo la desvistiera, vistiera, entretuviera….

¡Y me convertí en una tía de verdad!

Pero no se crean, no es nada fácil. Hay que estar atenta a su crecimiento, al nombre de sus dibujos animados preferidos, a si las pantys le quedan cortas y a todas las fechas importantes. Se debe inventar una vocecita de bebé que combine con su cara y que además sea graciosa porque uno como tía tiene que ganarse su espacio…

Hay que aprenderse el orden de los calcetines, la panty, el body, la camiseta, antes de colocar la ropa y además dominar la técnica de poner todo eso, mientras la bebé se mueve.

De los pañales ni qué decir. Es una gran ayuda que ahora tengan dibujitos, porque uno se fija qué monito está adelante en el pañal que saca y así mismo coloca el limpio.

Y de eso, a babysitter… sólo hay un paso.