PEPA: Sofía busca Hogar

PEPA: Sofía busca Hogar

Yo soy la Pepa.

DSC_5242 (2)

 

Soy del equipo de Pera Prisca, porque mi mami ¡¡es la misma mami del blog!!

Me gusta más que me digan Pepita, y en mi casa también me dicen Pupi Love, por mi contorneo sexy al caminar. Tengo 5 años y medio. Cuando era pequeña, mi ojito se enfermó y, como vivía en la calle, lo perdí. Aún así pasé muchas peripecias y hasta me escapé de la veterinaria cuando me iban a esterilizar. Pero no es bonito vivir así.

Un día llegué por fin a mi casa, y a mi mami, y nunca más sentí miedo. Bueh, de la Cassandra a veces, porque me pilla desprevenida y me pega. No soporta mi ternura.

Les contaba que ya cuando llegué a mi familia, me relajé y no sentí más temor del que sentía en la calle. Ya no me pegaron ni tuve que esconderme. Además, como no veo por el lado izquierdo, no era fácil ver los autos o los perros venir. Pero hasta hoy, si la mami me acaricia por ese lado, yo doy un pequeño saltito del susto.

Ella es SOFÍA

Igual que yo, vive en Santiago de Chile, y perdió su ojito en la calle, por no tener alguien que la cuidara de no andar sola. El problema es que ella aún NO tiene un hogar. Así que con la mami le estamos buscando uno para que, igual que yo, pueda vivir sin miedo y encariñarse para siempre de una familia que jamás la abandone.

 

Y como “embajadora” de esta campaña (la mami me explicó que ahora se usa decir así) les quiero dar 10 razones por las cuales ustedes deberían pensar, y decidir, adoptar a la Sofi:

  1. Ama a las personas.
  2. Es agradecida, no pide nada, pero cuando le regalan unos cariñitos cierra su ojito de gusto.
  3. Es bella.
  4. Es dócil, no muerde a los gatos ni a los bebés.
  5. Tiene un tamaño portable y es liviana.
  6. Sirve para bajar de peso, porque tendrán una compañera de paseos que no se cansará y ustedes deberán caminar TODO lo que les recetó el médico.
  7. Es suave, la mami la acarició cuando le fue a sacar fotografías y dice que tiene un pelito hermoso.
  8. Es mestiza.
  9. Es alegre.
  10. Come moderado (esto yo más bien lo considero algo terrible, pero la mami dice que lo ponga en la lista, que no es tan bueno comer tanto como yo).

Ya sabemos que no todos los que me lean la van a poder adoptar, porque muchos ya tienen perros y gatos en su hogar. Pero necesito que me ayuden a compartir, así que por favor, si tienen Facebook compartan este link y si tienen Instagram, éste de acá.

Y como premio, a las personas que nos avisen (porfis) que están apoyando la campaña, les vamos a enviar una foto autografiada de….. Mí!! (yo encuentro que es un TREMENDO regalo)

Muchas gracias a todos quienes leen, a quienes compartan, y ojalá tengamos muchas fotos que enviar de regalo.

PEPA

 

CASSANDRA en Pera Prisca

CASSANDRA en Pera Prisca

Casssandra es mi gata mayor. Hace muchos años “ella” escribía.

Una fiel seguidora de esos tiempos me pidió incluirla en este blog, y la verdad, es buena idea, porque siempre tiene algo que decir.

Para ello, reuní sus mejores post, con su fecha original de publicación para que los puedan seguir cronológicamente, bajo la categoría CASSANDRA Y PEPA, así le dejamos espacio también a su hermanita Pepa, por si quiere un día pasar por el blog.

CASSANDRA: Tragedia

Tragedia.

Esta es la peor, después de que llegó la Pepa.

Un antes y un después. Una vida y un paso gigante hacia la muerte misma.

Fue hace años que el futón y yo nos hicimos uno, inseparables. Pasábamos tardes enteras juntos, siempre al lado de un ventanal sin cortinas, con el sol radiante que quemaba, o capeando el frío nuboso del invierno,  junto a nuestra fiel amiga, la mantita azul.

Años!! No exagero.

Eran tardes, pero también mañanas. Y noches. Habíamos llegado a tal unión, que muchas noches lo prefería a la cama de mi mami.

Un poco se contaminó el pobre futón con la llegada de la Pepa, hay que reconocer. Pero aún así, yo lo amaba.

Un día, sin previo aviso (¡como todo en mi vida, maldita sea!) llegaron dos señores después de que sonó el ruido ese que me asusta, luego del que, invariablemente, alguien entra a mi casa. La mami les iba nombrando algunas cosas como quien se las quiere presentar. Primero la tele, esa que nadie prendía, y luego el futón. Hasta ahí, yo no me percaté.

Resultó que los señores de pronto agarraron la tele y se fueron con ella. Yo salí a mirar, porque ya se habían ido. Cuando y de repente… “toc toc toc”… la puerta. La mami abre, me escondo con mi estilo Fittipaldi debajo de su cama y miro, desde mi infranqueable escondite, cómo esos hombres, sin corazón, pasan ante mis ojos con ¡¡MI futón!!!

Y ese fue el final. Patitas pa’ qué las quiero (diría Frida Kalho), salí rapidito a mirar y sólo vi una última imagen de mi querido amigo, como queriendo decirme adiós con su pata derecha.

CASSANDRA: Regresa…

He pasado todo este tiempo sin escribir. He estado ocupada.

Durmiendo. Y peleando.

Mi última tragedia, sucedió anoche. Fue así….

Hace unos días, milagrosamente, después de tanto maullido suplicante mirando el grifo del baño, el agua…. apareció!!! Era una que otra gotita que se iba haciendo más y más rápida a medida que pasaban los días ¡¡Guou!! Ahí iba yo, mañana, tarde y noche, a la ducha (porque ahí ocurría esta maravilla). La Pepa de tanto verme, aprendió a meterse en la tina, y en una versión mucho menos delicada, a hacer lo mismo.

Hasta que anoche… de pronto… el citófono. Y luego, correr bajo la cama (por el timbre)… y entonces “bla, bla, bla, blaaaa…” (la mami)… “bla blabla”…. “bla réglemelo al tir bla bla blá”…

El sujeto aparentemente confiable que había venido, se fue. La mami siguió sus quehaceres. La Pepa no sé, ni me interesa. Y yo fui a ver qué había pasado en el baño mientras estaba escondida. Entonces… la tragedia… ¿dónde está mi gotita…. mi amada filtración de agua? ¡¡NOOOOO!! ¡había desaparecido!

A grito pelado llamé y llamé a mi mami… Ella vino. Me sacó una foto y se fue. Cero consideración.

Hoy a las 6am (porque a esa hora nos levantamos de un brinco cuando suena el desagradable ese), corrí a ver si todo era una pesadilla. La mami me sacó otra foto… como si fuera TAN gracioso verme en mi absoluto pesar… maullando desconsolada… mirar fijamente la llave.

Hasta ahora, no sé qué pasará. Me vino un estado depresivo y he dormido todo el día ¿o es que siempre duermo todo el día?

PEPA: su historia según ella y según Cassandra

PEPA: su historia según ella y según Cassandra

(según PEPA)

 No recuerdo dónde nací, pero sí que estuve entre gatos grandes que me robaban la comida, durante varios días. Mi ojito empezó a ver borroso, después se enfermó, me dolió y se apagó.

Unas personas buenas, me tomaron a la fuerza y me encerraron en un lugar en que había un médico. Iban, según escuché, a operarme para no tener bebés. Yo no quería tener hijitos aún, pero menos quería que me hicieran doler, así que me escapé. Estuve varias semanas escondida, comiendo plantas y saliendo a las 10 de la noche para cruzar al mall a buscar restos de lo que fuera.

Una noche, a las 10, salí. Y de un ¡zuácate! me agarraron unos maleantes en una caja como rehén… Me puse toda nerviosa, hasta que me di cuenta que era mi tía Yuli que me había ido a rescatar!!! Me regresaron a la veterinaria, la operación no me dolió nada, y me pintaron la guatita de morado, jé, qué divertido. Me curaron la herida grande del lomo y me llevaron a una casa llena de cuidados y amor.

Allí estuve feliz, hasta que un día, me metieron a la fuerza en un bolso con ventanas. En mi desesperación me dañé la nariz y tuvieron que pasar a ponerme un remedio que me atontó. Así, a media tranca, llegué a una casa que está arriba de otras casas, todas amontonadas una sobre otra. Me soltaron allí; me asusté, corrí y fui a dar arriba del refrigerador…

Después de una noche durmiendo en la loggia, resultó que una gata loca estaba esperando para pegarme. Se llama Cassandra, es pelicolorada y mal genio, trató de asustarme por tres meses, pero ya está cediendo. Es medio obsesiva compulsiva la pobre, y huraña. Rabiosa, mañosa y desconfiada. Esa casa, con la gata loca, era la mía. Yo no sabía. Mi mami tampoco. Ella me miraba y me decía “Pepita ¿te quieres quedar aquí?” Pensaba que yo sufría porque la Cassandra me aforraba tupido y parejo. Pero yo lo pasaba bien. Cuando la Cass me dejó el rasguño en la nariz, le dejé una uña incrustada abajo de la oreja.

Así que hace un tiempo decidimos con mi mami que me quedaba para siempre (parece que fue un día que hicimos la siesta y yo le puse mi manita en su pierna).

Amo a mi mami. Me habla y yo me derrito… se me cierra el ojo y pongo mi ronroneo en automático. Me gusta todo, menos que me tome y que me meta el dedo al ojo (ella dice que es para limpiarlo, pero yo prefiero que me lo deje así).

No sé por qué mi mami a veces me mira como con penita. Yo lo paso a todo dar!! Hago deporte con mis pelotas saltarinas, todos los días tengo mi plato lleno de comida, me regalonean con alimento blando, me regalaron una gatera (¿o fue que me la adueñé?), tengo un sillón para mí sola y un baño privado “de lo más que hay”. Para mí que se acuerda de otra gatita, una que haya sufrido o algo. En cambio yo, disfruto todo… las plantas que me como, las paredes que rasguño, los maceteros que boto, los sustos que le doy a la Cassandra.

Y los dejo porque estoy hipnotizada por una pollila que está en la pared…

 

(según CASSANDRA)

Era una fría mañana de invierno…. Bah!, no… eso suena trágico pero en realidad era Septiembre, cerquita de los días con olor a parrilla, y por la tarde. La mami estaba toda cocoroca porque iban a llegar no sé quiénes. Y llegaron. Dos niñas y un bolso con ventana… mmmm…. me acerqué y ¡guacs!… había un gato.

Yo tendré memoria de corto alcance pero recuerdo clarito que decían “veamos si se acostumbra”… “cualquier cosa, llámame y la vengo a buscar al tiro”… ¡¡y se fueron!!

Resultó que el gato era gata, gris ratón, patas flacas y colilarga… Lo primero que me causó desconfianza fue esa mirada con el ojo siempre cerrado… La mami me explicó después que lo perdió cuando era chiquita… ¿cómo alguien va a perder un ojo? ¿que acaso no se fija donde lo deja?

Por más que le grité, le bailé, le aforré, me enojé, no conseguí que llamaran para que la vinieran a buscar “al tiro”. Me sacó de mis casillas cuando la ví jugar con mi ratoncito de peluche a cuerda… ¡qué rrrrabia! (y no acepto críticas gratuitas sólo porque yo no lo usaba).

La flacuchenta mal encachá, alias “La Pepa”, se quedó y para embromarla más, aprendió todas mis técnicas maléficas. Me asusta, me persigue, ¡¡me estresaaaa!!

Toditos los días invento una nueva estrategia para aburrirla, asustarla y convencerla de que se vaya, pero hasta ahora no han dado resultado. Lo malo es que en tres meses, de chicoca patiflaca se convirtió en una gordita robusta … Sospecho que si no logro mi objetivo a la brevedad, tendré que fondearme o hacerle creer que somos amiguis para que no me torture de vuelta.

Odio su manera de ser. Tan sociable, tan juguetona… ¡puaj! Lo bueno, es que en la noche la encierran y duerme aparte. Lo malo, es que se adueñó de la cama de la mami y nunca más me pude subir (excepto cuando duerme, ver punto anterior).

No me da rabia que se tome mi agua, pero sí que se me meta a la caja de arena cuando yo estoy cerca (ahí la saco). Pero hay que reconocer que desde que llegó me dan comida blanda todos los días para puro degustar ¿o tendrá algo que ver que por esos días el Vete me recetó un remedio? Mmmmm…

CASSANDRA: Mani… ¿cure?

CASSANDRA: Mani… ¿cure?

El viernes casi casi oscureciendo, mi comida desapareció. Por más que maullé, ronroneé, y paré la cola, la mami no me lo buscó…. hummm. Esa noche me la pasé avisando que se habían robado mi plato a punta de maullidos y saltos sobre la cama.

En la mañana, insistí en el asunto hasta que me cansé (literal), y cuando me acosté a descansar, ví cómo la mano de la mami se venía sobre mi lomo y ¡ZAS! me agarró de rápido, que ni pude arrancar. Me acercó a la caja (que ya estaba patas arriba, como le enseñó una veterinaria traidora) y me agarré con todas las uñas de la pared, y separé las patas traseras y le enterré una garra en el hombro, pero nada. Es puro luchar por el honor, porque siempre termina metiéndome en la caja.

Nos fuimos en el auto, y me explicó que íbamos a que me bañaran, cortaran las uñas y….. Naaa, no sé, yo no pongo tanta atención. Llegamos al sucucho de mi doc y me hice la buenita como siempre, aunque me quedé con el nudo en la garganta de ver que me mami se iba y me dejaba ahí donde nadie me quiere (bueh, después de mi estadía post terremoto, en que los mordí a todos, ejé).

Muerta de hambre como estaba, me pusieron una agujita y al rato, no supe más. Me fuí despertanto de a poco, con las patas como de lana y los ojos desenfocados, la pucha que veía nublado. Tenía un hambre que ni les cuento pero no sabía ni cómo me llamaba. A las horas, llegó una flaca borrosa a buscarme. Yo creo que de venganza por los mordiscos del año pasado, la veterinaria le dijo a la mami (esa resultó ser la flaca) que no podía comer hasta el oooootro día. Más encima de regreso a la casa (les aviso que lo que viene no es grato) me hice pipí… fue una mezcla del mareo, el susto, y la felicidad de ver a la mami. Pero me embetuné toda mi pinta “wash and wear” recién estrenada. Y rematé con náuseas, qué mal día.

En fin, se me pasó el aturdimiento y me empecé a contar los deditos (uno nunca sabe, hay que revisarse)…. Uno, dos tres cuatro, cinco….. diez, once…. dieciocho y diecinueve… ¿? Uno, dos, tres…… dieciocho y diecinueve!!!!! ¿diecinueve? ¡¡santas sardinas!! Les juro que me fuí con 20 dedos y volví con 19… aunque después de investigar bien, lo que me faltaba no era el dedo, sino la uña… A cambio, me dejaron dos nudos de hilo plástico y una costra (preferiría mi uña deforme de vuelta, era harto más sentadora).

La cosa es que, pasé tres días con fiebre en las orejas y han estado a punto de ponerme uno de esos collares de la vergüenza que parecen antena parabólica, para que no me urguetee el forado que me dejaron en la pata de atrás, pero me he salvado.

 

Hasta ahora.

 

CASSANDRA: El mejor invierno de mi vida

No sé si sabían (allá ustedes si no se cultivan lo suficiente) que los gatos buscamos calorcito a riesgo de nuestra propia integridad, incluso, en lugares como la parte de atrás del refri, la centrífuga, adentro de la cama cuando los humanos no están. Ops ¿eso lo escribí ó sólo lo pensé?

Bueno es por eso que NO HAY nada mejor que una abuelita. No por los añuñucos (esos me cargan), no por la comida, no por el lugar: por la estufa.

¡No saben lo que es! ¿O yo no sabía lo que era? (con una mami austera, es una experiencia escurridiza) esa exquisitez de pasar un invierno transpirando de tanto calor.

Estamos donde mi “bueli” a la espera de nuestro hogar definitivo (sí, por fin después de tanta mudanza) y ella tiene una súper estufa, seguramente de última generación -porque yo la encuentro estupenda- con un cilindro de fuego al centro y es “a pa ra fi na” (kerossene para mis lectores trasandinos).

…. Aaaaaahhh…. apuesto que ni sabían que existían…. Yo no sabía. Seguro mi “abue” es la única que la tiene. Bueno, esa maravilla de la tecnología moderna está prendida por las tardes a todo dar en su casa y se me separan los pelos de tanto calor cuando me tiendo al frente ¡Ufff! Como si fuera poco, la abue tiene calienta-cama (y lo prende, que es el aspecto interesante respecto de mi mamá). Y una estufa en la cocina. Y otra en el baño de las que tiran aire.

Como no sé cuánto dure esta bendición de vivir en el templo de la temperatura ideal, estoy acumulando calor por si en los próximos inviernos me falta. Tanto fanatismo me costó medio bigote del lado izquierdo, pero hasta ahora no he sentido olor a chamuscado aunque mi cola ha estado en peligro bastante seguido.