CASSANDRA: Navidad… naaaa

No la entiendo nada. Llenaron mi casa de monitos blancos hechos “como” de nieve, pero que si fueran de nieve real, estarían hechos agua. Y de renos, que son unos animalitos como perros, pero con un par de orejas extras… o algo así. Desde las toallas de mano hasta los saleros tienen dibujos de animales con ropa, está lleno de calcetines de lana con dulces colgando en la pared y hay un árbol “mal” ubicado en la sala grande. Por cierto, los juguetitos que le cuelgan no se pueden sacar (ya probé).

Aparte, se rumorea que existe un tal Viejo Pascuero que nadie conoce porque es tan rápido que no lo alcanzan a ver, y que por alguna razón les trae regalos a los niños (pero no a los adultos ni a las mascotas, lo cual me pareció de pésimo gusto). Yo digo que le dejen caer una toalla cuando esté desprevenido, como hace la mami cuando tiene que inmovilizarme para hacerme la manicure. Pero tal parece que tampoco se puede hacer eso, porque se quedan sin regalos los niños y existe peligro de motín.

Además de todo ese decorado estilo invernal en pleno verano, puso un pebrese. No, un sepebre. Nop, pe-se-bre. Y en el pesebre hay una historia de un bebé con sus papás, tres magos, un burro, un señor con una ovejita en brazos, que no sé cómo encaja con el hombre que se muere de calor con el traje rojo repartiendo regalos. Parece que ese bebé está de cumpleaños, pero no sé bien si es el Viejo Pascuero el que le hace la fiesta, o la Mary Crismas.

Con la misma excusa de la Navidad, en mi casa se la llevaron tomando café con leche y agua ardiente, comiendo galletas y armando fiestas el mes entero, todo esto con ese aire europeo del otro hemisferio, que apenas se puede soportar con los treintaitantos grados celsius de por aquí.

De todos modos… ok, ok, Feliz Navidad!

CASSANDRA: En el vecindario todos me quieren

…todos me quieren ¡PEGAR!

Los enemiguitos ya no quieren venir a jugar conmigo. El último era ese gris con cara de bueno y sonrisa (o el hocico medio abierto) que me seguía hasta la ventana. Pero parece que ya los aburrí a todos. La pucha.

Ahora salgo y se arrancan. Y en la noche, que es cuando todos se juntan a “cuchicarretear” (o se van de felino-parranda), a mí me dejan encerrada por eso de que grito como monje shaolín cuando me encuentro con un gato en la madrugada.

Estamos pensando con la mami en alguna terapia alternativa para mi mal genio. Puede ser Flores de Bach, aunque aún no resuelve cómo será que me va a alzar y luego a meter las famosas gotitas en el hocido. La otra posibilidad, son unos cuantos Masajes Tailandeses para que me desbloqueen las energías a ver si se me equilibran las emociones. Bah, yo no creo. No creo que deje que alguien me agarre las patas y me las estire. Y meditación Zen tampoco porque no puedo cruzar las piernas. Así que seguimos pensando sin decidir todavía.

A veces no me gusta ser tan malhumorada, porque hasta la mami me hace el quite. Sip, es que adivina “justo” cuando voy a plantarle el tarascón. Desde que llegó de sus vacaciones la he tratado de convencer de que soy buenita. Le pido cariñitos y he bajado mi dosis de mordiscos a sólo uno o dos por semana, pero no debo ser muy convincente porque aún no me cree nada.

 Así que me propuse cambiar. Sí, estoy decidida. A partir de hoy. Mmmm, nop, ya es muy tarde, hora de dormir. A partir de mañana. Claro, si amanece bonito, porque si hace frío tengo que entrar en calor y nada mejor que perseguir a un gato por el estacionamiento.

CASSANDRA: Insomnio

Era una noche más como todas las que he dormido durante los últimos casi cuatro años de vida. Así que me hice ovillito, puse la mente en “negro” y adiós.

Bueh, pero el ovillito hacia la derecha no resultó así que me di vuelta hacia la izquierda. Y me dio calor, así que me puse con las manitas sueltas y la cabeza hacia el techo (me gusta jugar al “mundo al revés”). Pero la luz me molestó así que moví la cabeza y me tapé los ojos con la mano.

Mientras, la mami estaba acostada tomando helado, mirando la cajita con gente.

Me levanté, me estiré y me acosté de vuelta para el lado derecho. Y después de espalda. Y luego tapando mi cara. Pero nada, no me podía dormir. Entonces dicen “¡JUANES!” y la mami va y sube el volumen. Abrí un ojo, miré la pantalla y lo cerré despacito cuando ya me acostumbré al ruido.

Y así estaba casi casi en los brazos de Morfeo cuando el que cantaba grita…

¡CAAAAN…. DELA!

… y llegué a saltar. La pucha. Otra vez despierta. Y la mami cantando y moviendo la cama. Más el calor. Así no se puede.

Gasté el tiempo pensando en la coincidencia de que todos se llamaran Juan en esa banda. Pero la mami me explicó que no, que es sólo el que canta. Le dije que me quería llamar CassandraS y me dijo que no, que a él le dicen de así porque se llama Juan Esteban y que yo nisiquiera tengo segundo nombre para combinar. Las repucha.

Tuve que esperar hasta que terminó de cantar sus cumbias o lo que sean esos ritmos y una vez que le entregaron antorcha, y antorcha, y gaviota (yo pedí una de esas para mi cumpleaños), la mami apagó la luz y se durmió. Claro que a esas alturas yo me había ubicado donde duerme la mami, entre todos mis intentos por encontrar la posición precisa, así que ella durmió en diagonal para no correrme, de la pura lástima que le daba verme con insomnio.

CASSANDRA: ¿Huérfana?

Yo sospechaba algo raro cuando sacó el bolso con cierre y empezó a meter cosas, pero no me iba a desgastar en hacer conclusiones. El asunto es que salí a dar una vuelta y cuando llegué no estaba. Y no llegaba. Y no llegó.

Bueno, pero una trasnochada afuera no sería primera vez, así que ni me preocupé. Pero pasó el día siguiente completo y no regresó. Así que empecé a observar y claro, mi pote del agua era mucho más grande y mi plato de comida estaba hasta el tope. Aunque lo más extraño era que el auto estuviera allí afuera, porque a ese lo quiere más que a mí y no sale a casi ninguna parte sin él. Y pasó otro día y don Luis, el conserje que una vez me aplastó con el refrigerador haciendo aseo, entró a la casa y me rellenó las provisiones, entonces ahí empecé a pensar y dije ” se murió”…. “reflautas, la mami se murió”… y por alguna razón extraña me habría dejado el DFL2 a mí, o algo, porque en vez de que vinieran a sacarme, tenía servicio de comida al cuarto. O sea, podía ser cualquier cosa, el asunto es que ella no estaba. Seguí con mis maullidos gritones diciendo “llegueeeeé” y día tras día lo único que encontraba era mi plato relleno, pero ni huella del olorcito de mi mami.

Fue así como, desconsolada, caí nuevamente en las riñas callejeras, antigua costumbre que a fuerza de que me cerraran la puerta por las noches ya estaba olvidando, y descuidé mi ¿se dice persona? ¿cómo se dice en el caso de un gato? bueno, digamos mi aseo personal. Y comencé a vagar, y en mi absoluta horfandad, los antipáticos gatos vecinos me seguían hasta la ventana misma de mi loggia, como burlándose de que no tuviera nadie que saliera a buscarme cuando pronunciaba mis maullidos de guerra.

Me fuí poniendo gris. Gris pena. Y llenando de cicatrices de mordidas de gatos con los que peleaba.

Hasta que un día, mientras estaba en plenos reclamos guturales con dos gatos, uno rubio medio adolescente y el blanquinegro que me tiene susto, escucho ¡Cassaaaandraaa…. ya estás peleaaaaando!!!!…. y como si fuera la voz más agradable que hubiera escuchado (“como si fuera”, porque a mí no me gusta que me llamen la atención en público) se me alegró el oído y luego, la ví… era ella… un poco más café, pero ella. Y si bien me confundí un poco y la recibí con una erizada de pelos, me alegré tanto tanto que una vez resuelto el asunto callejero de dejar en claro quién es la que manda en el condominio, me fui a la casa a verla. Ese mismo día retomé mis costumbres de limpieza y por la noche la desperté 5 veces para que regaloneáramos, frecuencia que se ha mantenido hasta hoy, adicionando algunos mordiscos en los pies y mini langüetazos en la frente cuando no se quiere despertar.

Por eso siempre digo, odio las vacaciones, no hay caso que les pueda encontrar la gracia que le encuentran los humanos.

CASSANDRA: Enemiguito nuevo

Tengo un enemiguito nuevo!!!

La mami supo hace dos días cuando llegué con la ceja herida y el ojo a medio cerrar.

No sé cuál es el afán ¿será mi “sexapil”? ¿mi simpatía? ¿mi desplante? … el asunto es que gato que llega, gato que me viene a buscar. Y no ¡hay nada que me cargue más que los gatos! qué tipos insufribles, con esa cara de buenos, tipo el “con botas” de la película Shrek, pero en realidad siempre se traen algo entre patas. Que yo no alcanzo a descubrir, claro, porque primero les aforro. Con suerte si hay alguno invicto. “Crea fama y échate a dormir” y yo ya estoy durmiendo qué rato.

Espero que el ojo se me deshinche pronto, porque la mami pone caras raras cuando me mira. A mí ni me duele. Lo único que me cuido bien son las orejas, al menos que vuelvan completas después de cada pelea.

Anoche a las 5 de la mañana tuve que usar mi grito siniestro para espantar a otro espécimen que se paseaba por afuera de mi casa y me retaron “pero la hooraaaa”, “cómo se te ocurre”, y dale con que “los vecinos…”. Todo es escándalo ¿y cómo los karatecas antes de cada combate? si es lo mismo. No comprenden lo que es ser cinturón negro en esta vecindad.

CASSANDRA: Susy Callejas

La mami me puso “Suci Callejas” porque me gusta pasear y según ella parezco gatita de lubricentro; pero eso no es verdad porque el Lubricentro está en la otra cuadra y yo no cruzo la calle. Lo mío es suciedad sub automotriz del tipo “estacionamiento”. Y también me dice “Mi Bella mal Genio”, pero eso es de puro picota porque la muerdo y ella no me alcanza a morder de vuelta.

A mí me gustan mi mami y mi casa. En ese orden. Sí, porque mi orden de amor es: YO, YO, YO, mi comida, mi mami, mi casa. Aunque la mami dice que sin ella no hay comida, pero para mí que es chantaje para que la ponga antes en el ranking.

Ella (mi mami) es el humano que yo más quiero y el único que me puede tomar en brazos. Mmm, aparte de la señora de la clínica veterinaria.

Cuando llega, yo sé, así que salgo a recibirla maullando por la ventanita de la loggia, salto al suelo mientras se estaciona y cuando se baja del auto, me caigo con todo el peso del cuerpo al pavimento y me doy tres revolcones de bienvenida. Después, ella camina a la puerta y yo la sigo con las orejas agachadas (los nerrrrrrvios de que venga alguien). Si anda mucha gente, en vez de acompañarla, entro por la ventana y la espero sentadita mientras abre la puerta. Y maúllo si se demora. Si no llega en auto, ella entra a la casa, me pongo en posición de “gato estirado” (los que practicamos yoga sabemos) y recién ahí el revolcón de rigor. Ha pasado, sí, que se toma la noche libre y no llega a la hora de siempre, esos días yo también salgo, pero pucha, no la oigo desde mis antros de parranda y llego después, así que me pilla.

Cuando estamos por fin juntas en casa (porque la mami es más callejera que yo), me gusta que estemos cerca. La sigo a la cocina, al baño, a la pieza.

En la cocina me gusta estar porque me cepilla, y eso me da hambre, y ahí mismo está mi comida, así que lo pasamos súper. Lo que no me gusta de ahí, es que a veces suenan esas bolsas con manilla que llegan del supermercado. Y yo les tengo susto porque una vez…. cuando era chiquita, había una bolsa plástica abierta en la cama y yo me acosté adentro; pero después me aburrí, me fuí, y la maldita me venía PERSIGUIENDO!!! así que corrí toooodaaa la casa con la bolsa como capita de superhéroe y choqué con un mueble, hasta que la mami que venía atrás, me alcanzó ahí y dijo “peeerooo, metiste la cabeza por la manilla”.

Estar en el baño también me gusta, porque descubrí que está la llave del agua y me agrada mucho más que el pocillo. Es cosa de pararme en el lavamanos y decir “mmrrr”. Algo más que me hiperventila, es la ducha. Me dan ganas de meterme cuando el agua está corriendo, pero como le tengo miedo, me alcanza para pararme desde fuera y mirar, nada más. Claro que acompaño mis incursiones con gritos amplificados para que la mami se asuste. Dice que un día va a aterrizar de cabeza en la tina si le sigo haciendo esa broma. Jé.

La pieza es mi predilecta. Ahí está mi cama de dos plazas, que se la presto en la noche a la mami pero en el día la uso yo. Y tengo “mi” sillón. Nos acostamos temprano y dormimos toda la noche (a menos que yo esté enojada y salga de rabia, ya les contaré de la Mimi y cómo me hizo enojar). Con esto del cambio de hora y que la mami deja las cortinas abiertas, “nos” estamos despertando temprano. Tipito seis, yo voy a que me haga cariño. Si está muy dormida, le langüeteo la nariz, si no, basta con pegarle con mi cabeza en la mano. Depende de lo escasa que ande de amor, el rato que me quede. A veces me levanto más independiente y salgo directo a pasear.

La cosa es que no importa dónde, si estamos en casa a mí me gusta estar con ella. Tampoco la exageración, a ratos me escondo o me mando a cambiar, pero me gusta el asunto este de la cercanía y ponerle mi cola en la cara de vez en cuando.

La mami me quiere mucho. Eso sí, es media cargante. Me toca y a veces no quiero, así que me lavo al tiro donde puso la mano. O la muerdo. O la persigo y cuando se da vuelta le muerdo la canilla. Pero aparte de eso, no tenemos problemas.

No sé qué haría sin mí, soy la alegría del hogar. Hoy, por ejemplo, la entretuve “ene”: me sentaba en la puerta de calle a esperar que me abriera y salía corriendo, y al ratito entraba por la loggia; y denuevo me sentaba en la puerta, me abría, salía corriendo y de vuelta por la loggia. Así dos veces y media, porque en la última apertura de puerta, salió ella también y se fue, buuuuu. Yo salgo a veces a despedirla. No me dan ganas de ir con ella a trabajar porque subirme al auto cuando suena no me gusta nada, pero empiezo la jornada temprano yendo a la pandereta a dormir porque le llega un sol de lujo. Sí, porque comprenderán que si me levanto a las seis, a las ocho ya tengo sueño!!

Bien ¿de qué hablaba yo? ah, de que me dice Susy Callejas por “sucia y callejera”, já, y ella? es mucho más “patigata”… claro que se baña más que yo, que no he podido sacarme el color gris calle de las patas que, menos mal, está de última moda esta temporada según la Fashion Maiu.

CASSANDRA: ¿Pelada al ras?

La mami se ha sentido tentada varias veces de pelarme, dice que nuestra vida sería tanto más fácil si yo fuera como los gatos egipcios, sin pelo. A mí la idea, ni en broma.

Pero…

Esta semana la empecé con el estómago extraño, como con arcadas entre ida y venida (porque fue justo mientras jugaba a perseguir la pelotita de papel). Pasé todo un día sin “agravarme” hasta que tuve que tomar medidas extremas. Así que partí y me comí una buena porción de pasto.

Y hay que ver lo rápido que es el efecto. Esa misma tarde devolví toooodoooo lo que había comido y bien a la vista para que la mami lo limpiara en cuanto llegara. De hecho así fue, entre “puuucha mi gatita ¿qué te pasó?” y “te enfermaste del estómago, así que no vas a comer”.

¿QUÉ? pero…. “pero nada” dijo la mami, como si me oyera. No me sirvió comida ni me dio golosinas. Con suerte me cambió el agua. Según ella, después de una verificación in situ un poco “guacs”, el problema no era bolas de pelos sino un problema estomacal a causa de algo que tomé.

Bueno, pero al otro día seguí igual. Más encima, con hambre. Así que comí más pasto y de pronto ¡¡ajá!! ahí venía denuevo…. así que corrí y ops… justo al lado de la puerta de calle eliminé ¿qué? una bola de pelos!!

La mami llegó, se dio cuenta de la evidencia y contradiagnosticó “aaah, mira, sí era una bola de pelos”. Así que me miró con una sonrisa tierna como de “pobre gato” y me dio comida, golosinas y porción extra de comida blanda, que es la que me gusta.

Así que… pensamos con la mami que sí era buena idea un nuevo look más veraniego para no seguir atragantándome con tanto pelo, y le preguntamos al Abe (mi vete)… pero no, el corte de pelo sólo está indicado para gatos extra peludos con problemas de mota. Mmmm. Una lástima.