EMPRENDEDORES: Todos Podemos Hacer Algo

EMPRENDEDORES: Todos Podemos Hacer Algo

Esta frase acompaña a Pera Prisca desde su nacimiento. Siempre la incluyo con la intención de que alguien la considere, la piense y se decida a la acción. Porque “todos podemos hacer algo” es una invitación para moverse, para gestionar un cambio a través de un acto concreto: participar, colaborar, difundir, rechazar, preferir.

Por mi parte, estoy creando esta serie de publicaciones, partiendo por ésta, denominada EMPRENDEDORES, en la que voy a tocar varios temas que son importantes para quienes se han decidido a tomar el camino del emprendimiento, los proyectos sociales y las iniciativas con sentido. El fin es compartir lo que he aprendido en tantos años ligada a temas como innovación, emprendimiento, proyectos, y tal vez, más a aún, lo mucho que he aprendido mientras preparo mis propios emprendimientos, doy vida a este blog, y me vinculo con más y más personas que recorren el laborioso, y valiente, camino de la vida independiente.

“Si crees que eres demasiado pequeño como para hacer la diferencia, intenta dormir con un mosquito en la habitación”

(la autoría se la atribuyen desde un proverbio africano hasta Anita Roddick, así que la verdad, no sé)

Soy una convencida de que la educación recibida, sobre todo en la familia y sumada a la del colegio, hace una real diferencia entre las personas. Chile es un país cuyas calles, rincones, y hasta los costados de las carreteras, suelen tener basura (papeles, plásticos, envases). Hace unos días comentaba con alguien que no tengo recuerdos de haber tirado alguna vez un papel o un envase, al suelo. Al contrario, lo que recuerdo desde que tengo memoria, es terminar mi helado o mi dulce y estirar mi mano para entregarle todos los envoltorios a mi mamá, quien los ponía en su cartera hasta que regresábamos a la casa y los tiraba al basurero. Hasta que crecí y por supuesto, si no hay basurero, guardo todo en mi cartera o mochila, hasta que encuentro uno. Ni en ese momento, ni ahora, me cuestioné el valor de hacerlo, aun cuando mucha gente bota todos los desperdicios en cualquier lugar. Tal vez por pequeñas actitudes como esas, heredadas de mi entorno, es que no tengo dudas del valor que tienen para el mundo, las acciones de una sola persona.

Sin embargo, demasiados desconfían de su capacidad para generar un cambio desde su propia acción y ese es uno de los desafíos que me he autoimpuesto en relación a personas que tienen grandes ideas, grandes talentos, pero no les dan movimiento, lo que transforma sus emprendimientos (tanto personales como empresariales) en ensoñaciones lindas que no quedan en otro lugar, más que sus cabezas y su corazones.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Aquí una lista de acciones para comenzar hoy mismo a movilizar nuestras iniciativas y las de otros:

  1. Si conocemos un emprendimiento que nos convence y a alguien que creemos se puede beneficiar al conocerlo: VINCULAR. Crear redes. Es tan fácil como decirle a otro “conocí un emprendimiento que puede interesarte porque tiene el insumo que necesitas”.
  2. Si consumimos algo que nos gusta en relación a su calidad y nuestros valores, o nos enamora un lugar, por sus productos o la experiencia que se vive en él: RECOMENDAR. Hacerlo en todas nuestras redes, postear una foto, describir nuestras sensaciones positivas, nuestro agradecimiento, o lo que corresponda.
  3. Si sabemos de una actividad en que emprendedores van a vender productos u ofrecer servicios; conocemos a un pequeño emprendedor; sabemos de una actividad gratuita de formación para emprendedores: COMPARTIR ¿Acaso no nos gusta recibir buenos datos y nuevas oportunidades de formación?
  4. Si conocemos a alguien que tiene un negocio, pero no tiene acceso a redes sociales: PUBLICAR. Existen muchos emprendimientos que, por la nueva modalidad de hacer negocios, se van quedando atrás por la falta de acceso a los nuevos canales de comunicación y difusión. Hace un tiempo vi (y por cierto compartí) la foto que alguien subió en su Facebook de una mujer, en Argentina, que todos los días vende gorritos y guantes en una calle de Buenos Aires. Esta foto sumó muchísimas vistas, y seguramente, más de alguien, llegó al negocio informal de esta señora, gracias a esa simple acción de haberse tomado 5 minutos para compartir su existencia.
  5. Si vemos que otro emprendedor no sabe hacer algo o no logra resolver un problema: AYUDAR. Esto que es tan natural e intuitivo, para algunos sigue siendo un práctica que sólo se realiza con los más cercanos.

Es necesario unirse rápidamente a este nuevo mundo de acciones inmediatas y colaboración, o las oportunidades pasarán por delante de nosotros sin que alcancemos a verlas. Y piénsenlo: el mundo será con nosotros lo que nosotros seamos con él.

 

Buenos hábitos al Alimentarse

Buenos hábitos al Alimentarse

Todos tenemos la posibilidad de adquirir o mejorar ciertas costumbres positivas, a la hora de alimentarnos, porque como tal vez saben, las personas sólo necesitamos repetir durante 21 días una misma conducta para acostumbrarnos a ella y convertirla en un hábito.

Basada en mi experiencia y en lo que he aprendido, existen algunas buenas prácticas que son maravillosas para nuestro bienestar, cuando de alimentarnos se trata. Y la primera sea, tal vez, informarse y comprender la diferencia entre comer y alimentarse.

Para comer, basta con que nos echemos cualquier comestible a la boca y ya está. Por eso los siguientes buenos hábitos son para “alimentarse”, para disfrutar, para estar conscientes de lo que llevamos a nuestro cuerpo:

Percibir la comida como alimento no como calorías: quienes comemos sin preocuparnos por las calorías, sino por los ingredientes, el sabor, las texturas, nos hacemos amigos de los alimentos, y los reconocemos siempre como los proveedores de nutrientes que son. Sin embargo, he llegado a escuchar -dos veces esta semana- “bueno, no es tan sano, porque tiene muchas calorías”. A ver, a ver, no nos confundamos, una palta, un plátano, un plato de legumbres, un puñado de lonjas de coco, tienen muchas calorías, pero son SALUDABLES. La preocupación por el peso, en vez de la salud, ha ido desvirtuando las cosas y las calorías aparecen como enemigas en sí mismas, siendo que 100 calorías de lentejas no tienen nada que ver con 100 calorías de refresco. Peor aún, mi teoría, basada en la observación, es que quien se preocupa por no subir de peso y analiza las calorías cada vez que prueba un bocado, tiene todas las de perder en su batalla contra los kilos. La comida tiene la función de alimentarnos, de darnos el combustible que como humanos necesitamos para vivir sanos y felices. Nada que no sea procesado nos convertirá en personas con sobre peso.

Comer lento: comer a toda velocidad, es un error porque no damos el tiempo adecuado a nuestro cuerpo para que genere el aviso de saciedad, tan necesario para no comer de más. Comer lento mejora la digestión de los alimentos, lo que es especialmente favorable para quienes tienen problemas gástricos o gastrointestinales, y está muy relacionado con el siguiente buen hábito.

Masticar muchas veces antes de tragar: dicen que son 30 por bocado, pero al margen de ese número, lo importante es masticar. Los alimentos deben prepararse en la boca para continuar su viaje, y ese mastique avisa a nuestro aparato digestivo que active todas las funciones para una correcta digestión. Aquí agrego un tip más: comer en bocados pequeños. He visto cómo sendos bocados entran en bocas que los mastican dos veces y luego los tragan con cara de atoro, y un bocado así difícilmente será bien digerido.

No comer mirando la televisión: cuando nuestra atención está en otra actividad, más aún, en la televisión, que la captura completamente, perdemos la capacidad de poner atención en algo más. Eso provoca que comamos todo lo que tenemos enfrente, aunque sea mucho más de lo que comeríamos sentados a la mesa.

Preparar nuestros alimentos: al cocinar nuestros alimentos, los aromas, los colores, los sonidos, las texturas, hacen que nuestro cuerpo se disponga para alimentarse lo que prepara al sistema digestivo (se nos hace “agua la boca”) y disminuye la ansiedad a la hora de comerlos. Además, y muy importante, cuando cocinamos nosotros y evitamos lo que ya viene preparado, nuestra comida tiende a ser más saludable, porque las opciones menos procesadas, son las más rápidas para alimentarse en el día a día.

DSC_2224 (2)

Poner la mesa, aunque estemos solos: la hora de comer es prácticamente sagrada. Lo ha sido por miles de años para la mayoría de las culturas de este mundo. Por eso las ceremonias, los rezos, el protocolo. Sin embargo, algunas personas, cuando están solas, simplemente, no comen o se alimentan de snacks frente a la tele o de pie en la cocina, como si por no estar con más gente, la hora de alimentarse hubiera sido degradada. Preparar la mesa, con sus cubiertos y detalles, nos permite comer concentrados en la comida, en el ritual de cortar, masticar, limpiar nuestra boca con una servilleta, y al igual que la recomendación anterior, le resta ansiedad a la situación, lo que evita que comamos en exceso. Un lindo mantel o individual, unas velitas si es de noche, nos invitan a tener un momento de descanso y disfrute con nosotros mismos.

Preparar los alimentos junto a los niños y presentarlos de manera atractiva para ellos: seguramente, más importante que todo lo anterior es lograr traspasar los buenos hábitos a los más pequeños. Una de las maneras en que muchos padres y cuidadores lo han logrado, es integrándolos a las labores de la huerta, de la cocina, y haciendo que el plato lleno de comida saludable sea tan vistoso, que les llame la atención y lo quieran comer. No hay mejor momento en la vida para inculcar hábitos que cuando los seres humanos son bebés y niños, y enseñarles a comer adecuadamente es uno de los mejores regalos que le podemos hacer a los pequeños que nos rodean.

Un cambio en lo importante, puede hacer verdaderos milagros a mediano plazo. Todo lo que afecte nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra salud, en un sentido positivo, no es más que un beneficio para nosotros y nuestras familias.

FAST FASHION

FAST FASHION

Si bien ya había mencionado este tema en Consumir menos, Desechar menos, amerita muchas notas y conversaciones más. Luego de leer La Magia del Orden y de ver el documental THE TRUE COST, es imposible quedarse en el mismo estado de acumulación y consumismo de vestuario con el que veníamos viviendo. No importa cuándo nos demos cuenta de lo que le hacemos a nuestra casa y a nuestro planeta con el hábito de consumo que tenemos, siempre podemos hacer algo para corregirlo, desde ese momento en adelante.

El fast fashion, es una realidad que se ha tomado mi país, así como muchos otros. A diferencia de las tiendas tradicionales, está liderado por cadenas que producen a muy bajo costo, en países con mano de obra tan barata que, para mantenerla, en la mayoría de los casos no respetan condiciones laborales ni consecuencias medioambientales. Con esto, logran abastecer sus locales con artículos de tendencia a tan bajo precio que es posible comprar una prenda al mismo precio, o menos, que hace 20 años. Por último, abastecen sus estanterías con una periodicidad abrumante, algunas incluso, agregan algo nuevo todos los días.

Si consideramos que antiguamente existían dos temporadas, que se relacionaban directamente con las estaciones del año, no es difícil impresionarse de que esta estrategia comercial nos haga ir, en promedio, 17 veces al año a una misma tienda, sólo para ver si hay algo nuevo, y con la preocupación de que “si no lo compro” ya la próxima semana no estará. Si bien era asidua a estas tiendas antes de conocer todo lo que había detrás de esta aparente maravilla de la ropa barata, ahora he vuelto a ellas con el afán de observar y, efectivamente, la actitud de apremio, la cantidad de personas en los probadores, y las conversaciones que se escuchan (“llévatelo, es muy barato”), sólo confirman lo que he aprendido en este tiempo y es que, ciertamente, el fast fashion es una brillante idea para vender más sin que existan más necesidades ni más clientes.

Pero ¿qué hacer? Aquí la clave,

“Buy less, Choose well, Make it last”

Vivianne Westwood

 

¡Hip hip hurra! por las marcas que responden “¿quién hizo mi ropa?”: Fashion Revolution ha realizado dos campañas ya, cercanas al día 23 de abril en que se conmemora la tragedia del Rana Plaza, en las que invita a las marcas a responder “Who made my clothes?” a través de una fotografía de las personas que confeccionan sus prendas. Esta acción busca crear conciencia acerca de las condiciones laborales en que ellas trabajan, puesto que hay marcas que simplemente no son capaces de mostrar las condiciones deplorables en que laboran sus subcontratados. Preguntemos y premiemos con nuestra preferencia a quienes producen de manera transparente.

Consumo consciente: El fast fashion, con sus precios tan bajos, enorme oferta y liquidaciones que son una ganga, nos hace comprar de más ¿cuántas cosas se quedan sin usar en el closet? ¿cuántas veces compramos algo que no necesitamos? Entonces la solución, es comprar prendas que necesitamos y que además tengan gran cantidad de opciones para ser combinadas. En cuanto a los zapatos, Tal Ben Shahar, dentro de sus “13 claves para ser feliz” recomienda algo muy cierto “usa zapatos que te queden cómodos” porque si usamos zapatos incómodos es seguro que nos pondremos de mal genio. No importa qué tan a la vanguardia esté un modelo, no compremos nunca más un par de zapatos que nos haga doler o con el que no podamos caminar.

Básicos, lisos y colores neutros: Los básicos son aquellas prendas que es muy conveniente tener porque sirven de base y combinan con todo, fácilmente se ven distintas con un accesorio y no son artículos de moda, por ejemplo, un vestido negro de algodón o un jean clásico. Las prendas lisas, son aquellas de un color, sin líneas, sin estampados. Los colores neutros en vestuario son, por ejemplo, azul, beige, gris, blanco, negro, o algunos suaves como rosa, arena, amarillo, verde, que se pueden combinar con gran cantidad de otros colores, y que cada uno elige de acuerdo a la paleta que prefiera. Sin consideramos estas tres características, nuestro closet se amplifica, gracias a la gran cantidad de combinaciones posibles. Debemos elegir una paleta de colores que nos defina, que nos guste, y privilegiar modelos que nos calcen bien y nos hagan sentir a gusto, por sobre las últimas tendencias. Para comprar, debemos considerar que cada prenda sirva para ser usada con varias de las que ya tenemos y si queremos darle un giro a nuestro look, complementar con accesorios en vez de comprar y comprar ropa nueva.

“Sí tengo algo que ponerme”: Como para casi cualquier aspecto de la vida, existen aplicaciones relacionadas con el guardarropa. Con el fin de conocerlas, descargué una que se llama Stylicious. El concepto es simple, uno fotografía su ropa y calzado, luego arma tenidas o combinaciones, las clasifica y, finalmente, les asigna a un día en el calendario para ser usadas. Lo primero que nos permite apreciar, es la cantidad de combinaciones que tenemos a nuestro alcance y que al momento de pensar qué ponernos, parecemos no recordar o no ver. Lo segundo, es que nos quita el estrés de buscar la ropa por la mañana, permitiéndonos dejar programada nuestra vestimenta de toda una semana, si así lo queremos.

DSC_7532 (2)

Vuelta a la reparadora de ropa: No se trata de eliminar todas las cosas que provengan de marcas relacionadas al fast fashion, lo importante es hacer durar lo que ya tenemos. Cuando era niña, mi tía zurcía los calcetines con un huevo de madera, aguja e hilo, y hasta existía el zurcidor japonés que arreglaba los puntos idos de las medias. Para qué decir la cantidad de prendas que ajustaba una modista. Pero hoy, tan económica se ha vuelto la ropa que pasó a ser un bien prácticamente desechable, que no justifica arreglo o modificación. Sin embargo, una manera de hacer que nuestra ropa nos quede perfecta, resista el paso del tiempo o cambie de look, es llevarla a un buen costurero, y entender que, aunque cueste casi lo mismo el arreglo que una prenda nueva, evitar una compra es bueno para el planeta, para el comercio justo y para nosotros.

Máquina de coser y ropa local: Si tienen la fortuna de saber hacer ropa, éste es su momento. Por todas partes del globo, más y más personas están costureando sus propios vestidos, blusas, pantalones. Si tejen, pues manos a la obra para auto abastecerse en el invierno. Tanto esas acciones como comprar a quienes confeccionan en su país o ciudad, contribuye enormemente a disminuir un poco el hambre del fast fashion por vendernos más y más.

De segunda mano: Otra de las consecuencias del fast fashion es la enorme cantidad de ropa que es donada o vendida, por quienes necesitan hacer espacio para almacenar más ropa nueva. Acceder a ella y preferirla permite alargar la vida útil de prendas que se hicieron a mano por alguien y, gracias a su menor costo, acceder a algunas de mejor calidad y mayor duración.

En fin, como en todo, cuando tomamos conciencia, nuestras actitudes cambian. Y hoy, existe una verdadera revolución que nos alienta y nos hace sentir acompañados en cualquier pequeña nueva actitud responsable que tomemos frente al consumo desmesurado. Tras el fast fashion hay miles de personas trabajando en condiciones miserables en las que jamás estaríamos dispuestos nosotros a trabajar, y decenas de ciudades llenándose de desechos provenientes de la industria textil, mientras nosotros tenemos playas limpias y tranquilas para lucir las prendas que alguien, muy lejos, confecciona al costado de un río totalmente contaminado por las plantas de manufactura.

Por último, recordemos que ningún cierre se coloca sin que alguien tome la prenda y lo ubique allí. Dentro del closet de cada uno de nosotros está el trabajo de muchas manos, desde quienes recolectan el algodón, hasta quienes etiquetan las prendas, y más. Y tras esas manos, familias, niños, pueblos. No los olvidemos.

Baby Sitter PRO

Baby Sitter PRO

Yo amo a mis sobrinos. Así. Simple. Todo niño, con o sin lazo sanguíneo que me considere su tía, ocupa invariablemente y de por vida, un trozo de mi corazón.

No soy un as de los pañales ni el hada anti-mañas, aunque me manejo, pero cuando ya pueden reconocerme e, idealmente, sostener una conversación de dos palabras conmigo, entro en acción con mi mejor performance.

Desde las primeras experiencias que les compartí en el blog como tía practicante y baby sitter , y a base de mucho aprendizaje autodidacta, he logrado posicionarme como una alternativa confiable para el cuidado y entretenimiento de infantes, que va desde el servicio a domicilio hasta tardes de cine y paseos alimentando patos silvestres. Todo lo anterior, en horarios a elegir, cualquier día de la semana.

Para una mamá o papá o abuela, cuidar a un niño es una tarea cotidiana y simple, pero para una tía, con una decena de sobrinos de diversas edades, formas de ser y gustos que van desde la Gallina Pintadita al último juego de X-Box, es una misión de alta complejidad con juramento tácito de dar la vida en servicio si es necesario, antes que explicar una ida a emergencias o un diente menos.

Hace dos semanas fui llamada a cubrir el turno de trasnoche de un viernes. Luego de las instrucciones de horarios de cena, de pijama, de dormir, y el detalle de lo que podían hacer y comer Amparo y Amanda en ausencia de sus papis, nos quedamos las tres pasándolo regio, entre la televisión y temas misceláneos al unísono y en stereo, tales como la última canción del jardín y Naruto. Y todas colas de Naruto. Y todas las pupilas de Naruto. Y todas las historias de Naruto. Y viendo Naruto. Y retrocediendo Naruto para que yo viera la escena de un segundo que me había perdido por mirar hacia otro lado. En fin, estábamos entre Naruto y tratando de ponerle el pijama a mi sobrina menor, cuando se hizo la hora de su cena. Fui con obediencia castrense y cierto alivio de dejar de escuchar por unos minutos la palabra Naruto, a armar la comida que me habían indicado y llegué con el plato, cubiertos y servilleta a la mini mesita de comer que hay en la sala de TV (de la que se imaginarán era imposible mover a mis pequeñas, un viernes por la noche, sin papás en casa). Por supuesto, cuando me senté escuché un muy acertado “quiero jugo” que me hizo levantar como un resorte e ir a la cocina a corregir mi pésimo estándar de servicio.

Ese día no hubo mayores contratiempos. Excepto que el perro entró, metió su hocico en la cena recién servida y no quedaban ingredientes para reponerla. Ops.

Pero al viernes siguiente, llegando a casa de la Flo, para cuidar de ella y su hermanito, a eso de las 11 de la noche, emocionada porque estaba despierta a esa hora sólo porque sabía que yo iría, y en un acto de superheroína para no llegar tarde, entro caminando a paso ¿firme? por los pasadizos oscuros del condominio cuando de pronto, mientras le hacía el quite a un matrimonio y mandaba un mensaje de voz, como buena mujer multitasking, siento como mi pie derecho se sale del camino y se dobla en cámara lenta, con el sonido grave del crujir  de fondo… ¡CRAC!

Está de más decir que llegué a casa de la Flo disimulando el dolor y la cojera, porque ESO es lo que hace una baby sitter PRO con el fin de salvaguardar su imagen de tía todo terreno.

Además, no hay esguince que no se cure tras unos días de sexy bota inmovilizadora.

 

 

 

 

SILVIA y sus “Happy Hula Wishes”

SILVIA y sus “Happy Hula Wishes”

En épocas jurásicas en que no habían aplicaciones para hacer amistad y teníamos sonoras e inestables conexiones a Internet a través de la línea telefónica, era mucho menos probable conectar con alguien que viviera al otro lado del mundo aunque coincidiera en nuestros valores e intereses. Y crear lazos, era más difícil aún.

Por esos días llegó a mi vida, sin planearlo, Cassandra, la gatita de 6 semanas que circulaba aterrorizada por una de las calles más transitadas de Santiago.

 

Con la minúscula señorita en mis piernas y un prehistórico computador de hace 11 años atrás, me embarqué por semanas en una búsqueda de consejos para madres primerizas de felinos indoor. Una de las lecturas que más disfruté era sobre alguien que había enseñado a sus dos gatos a ir al baño humano. Yo estaba fascinada de admiración con esta historia porque mi gata con suerte me hacía caso para acercarse a comer, y una persona había logrado que sus dos gatos aprendieran algo, a todas luces, muy complejo. Sin embargo, lo mejor de esa nota fue que, una vez le escribí a su autora para manifestarle mi simpatía y hacerle (ilusas) preguntas acerca de su método, ella me respondió.

Se llamaba Silvia y junto a su marido y dos gatos, vivía en Estados Unidos desde hacía unos años, proveniente de la bonita cuidad de Chihuahua, en México. Entonces comenzó nuestra experiencia de compartir la vida a través de correos, que era lo más “online” que había por entonces.

(No está de más aclarar que mi gata jamás se interesó en la técnica de hacer sus necesidades en otra parte que no fuera su caja de arena)

Pasaron así muchos años de compartir anécdotas, saludos de fin de año, se adicionaron a su familia un perico y un perrito, y a la mía otra gata.

Gracias a la llegada de las nuevas plataformas, acercamos nuestras vidas a través de imágenes y mensajes inmediatos, que le dieron un brinco a nuestra amistad. Entonces, creamos la oportunidad de conocernos y a pesar de lo poco glamorosa que fue esa semana porque ambas nos enfermamos, contagiada una por la otra, tuvimos en German Village los días hermosos  que tantas veces soñamos, entre agüitas calientes y vitamina C.

Pero aún después de eso, hay algo que nos sigue jugando en contra y son los envíos por correo que, con plazos tan poco previsibles, implican mucha planificación y suerte para que el saludo navideño no nos llegue mutuamente en enero.

Así que hace unos días recibí ¡mi primer saludo de cumpleaños! con un mes y una semana de anticipación, en la forma de esta bella tarjeta y con la tremenda dedicación de enviarlo a tiempo a toda prueba.

DSC_8925 (2)

Lo mejor de esto, además de la risa que me dio cuando la leí y descubrí que era un mega adelantado saludo de cumple, es que durante todo un mes estaría a la vista recordándome a mis amigos en Ohio y que, invariablemente, mi cumpleaños llega este mes.

Y no crean que la dedicación de Silvia se traduce sólo a conseguir que dos gatos vayan al baño, que las tarjetas de saludo lleguen a tiempo y que su marido la ame con locura; ya les hablo de su primera novela “Un Cubano Más” en la sección LIBROS de Pera Prisca!

 

la PERA PRISCA

la PERA PRISCA

Crecí escuchando esta frase, que de labios de mi madre en ese tono agudo dramático, era más bien una denominación que calzaba perfecto conmigo cuando le porfiaba y no hacía lo que ella me había ordenado: “¡eres como la pera prisca!” decía en tono crítico. Pero mirando ahora, en retrospectiva, era un halago; significaba que desde muy pequeña, yo tenía la iniciativa de hacer cosas por mi cuenta, y eso me enorgullece considerando lo muy bien visto que es ahora eso de “salir de la zona de confort”…

Lo interesante es que cuando pensé en la “Pera Prisca” como nombre para este espacio partí de inmediato a ver si como dominio estaría ocupado… y no. Me fui a la RAE y la palabra “prisca” no está registrada. Busqué en Google y ambas palabras juntas no aparecen por ninguna parte. Entonces encontré tan entretenido que una persona, mi mamá o alguien antes de ella, haya inventado esta frase, le haya dado sentido, luego se haya incorporado a mi lenguaje y finalmente, como tantos sucesos en este universo, no sea más que un poco de creatividad y otro poco “de boca en boca”, que tomó vida propia y llegó hasta hoy.

Entonces, por su sentido de rebeldía, por su inexistencia y por lo divertida que resuena en mi recuerdo, esta frase se convirtió en el nombre de esta iniciativa, que por un lado viene a reivindicar mi alma bloguera nacida hace más de 10 años con mis añejos blogs sin seguidores, y por otro, a compartir mis fotos, mis manualidades, más todo aquello que admiro de otros lugares y otras personas. Porque a veces, simplemente, hay mucho dentro de uno que necesita salir convertido en palabras, sobre todo, en los que nacimos buenos para observar y con la verborrea en la punta de los dedos.

 

Diario de una baby sitter

… Domingo 17 de enero de 2010… Elecciones presidenciales en Chile y la Sofi necesita una baby sitter…
Tengo el turno tomado. Me levanto temprano. Tengo que estar a las 9 y 30. Llego a las 10 y 15… ¡rayos!

Ella, bella, está vestida onda hippie y con cintillo, sentada entre cojines sobre la cama, como una CEO, mirando sus monitos en televisión. Su mami sirve desayuno mientras yo la vigilo para que después no le digan “caída del catre”… pero como una buena baby sitter sobreprotectora, mejor me la llevo en brazos a la cocina…

Tomamos desayuno. Todo en paz.

Su mami debe ir a votar. Las instrucciones son: actividad al aire libre para hacer hora, luego almuerzo a las 11 y 30. La silla se arma oprimiendo el botón naranja. El babero con mangas queda en las cercanías, lo mismo la libélula, Cangurín y Pablo (nombre que según su mami tiene el venado de Backyardigans, pero que en realidad se llama Tyrone). El pote de comida se debe calentar 45 segundos en microondas y al sacarlo se le echa una cucharadita de aceite omega 3. El postre se sirve con la otra cuchara y se le echa una cucharadita de lactulosa. Luego muda (se limpia con agua con glicerina o, eventualmente, lavado directo con agua en la zona afectada) y, posible siesta, por confirmar. Todas las instrucciones han sido retenidas en un 100%.
La mami se va. Nos deja en el jardín “siéntala en el pastito”, me dice.

Estamos solas. WARNING – WARNING… El pasto está mojado. La subo al columpio a velocidad crucero, caras ridículas incluídas para que sonría. Se aburre y no habiendo nada más que hacer, subimos.

La bella niñita de cintillo sonríe en el ascensor camino al departamento.

La siento en la silla, activo cinturón de máxima seguridad y última generación. Pongo babero con mangas. Corro a la cocina: pote con comida, horno, 45 segundos y contando… Regreso, botón naranja y la misma Sofi me ayuda a instalar la mesita en la silla… se percibe cierta ansiedad… Me siento, el pote está caliente para mi. Soplo las cucharadas esperando algún reclamo por la temperatura… Nada… el reclamo se evidencia por la poca rapidez en la entrega de la comida… Todo en orden… En mis pensamientos me pregunto por qué quedan tan sucios los baberos si hasta el momento está limpio… Medio pote, y todo dentro de programa. Dos tercios de pote y… maña… Cara extraña…. por las dudas de que sea un desahogo estomacal, la dejo tranquila… Sigue la cara… acerco la cuchara, boca cerrada, ceño fruncido… Examino la zonas bajas por si hay algún aroma que me pueda indicar de qué se trata… nada… Nuevo intento con la cuchara… ¿esa es la Sofi? ¿esa cara roja con expresión poco amistosa es mi bella sobrinita?…. Otro intento con la cuchara. Me saco la comida que recibí en el pelo. Otro más, limpio los dedos de la Sofi que de rabia los metió en la comida. May Day, May Day…. llamo a la mami y me dice que si no quiere más, pase al postre. Voy por el postre, mi niña reclama. Cucharadita de lactulosa, revuelvo, me instalo, primer bocado y… bien… lo recibe. Segundo… tercero. El siguiente bocado no es bien recibido, saco los huesillos de mi cara. Cuarto, y la misma expresión de pocos amigos… Le canto, le bailo y le abro la boca a ver si resulta en ella un acto reflejo… La situación se complica. El babero ya no está inmaculado. El postre de huesillos se resbala por su boca cerrada a presión y se embetuna las manos. Me mira con rabia… se enrojece del enojo… y de pronto…. ¡lágrimas! una en cada ojito…. su boca, hasta ahora ocupada para comer, se abre para llorar…

Desarmo como puedo el babero, la mesa, la silla, y la llevo al mudador. Puede ser eso!!!!… ella me mira como diciendo “estás haciendo todo mal”…. Saco la ropa. Ella llora. Está poseída por la ¿rabia? ¿pena? ¿el demonio? Sus ojos se hinchan (así de harto llora)… Le paso a Pablo (Tyrone)… eso me da una tregua minúscula para ubicar la glicerina y revisar si el pañal se cierra con Elmo adelante y el Monstruo Come Galletas atrás, o al revés. No hay “pantano”. La muda se realiza de manera eficaz. Comienzo a vestir y…. ¡llanto! en Do # menor, allegro y nada de moderato. Tanto llora que me hace dudar. Reviso si el pañal está bien puesto, si no me faltó algo adicional…. La bebita llora como si la estuviera torturando… Sólo queda una posibilidad….

Abro la cuna, corro chupetes, sábana, manta…. Identifico un tuto… selecciono un chupete… acuesto a mi sobrinita que a esas alturas parecía más bien la sobrinita de Chuky…. y de pronto…. silencio…. sshhhhhh…..

Con mi adrenalina aún alta ante la emergencia…. no me fío de la situación… Corro cortinas para oscurecer… le saco el cintillo… Ella me mira de reojo, no sé decir si era para calmarse o decirme “¡ándate!”. La vigilo desde la puerta… la miro… ella me mira… Se acomoda… La miro… me mira… ¡¡ERA SUEÑO!!

Llega su mami cuando ella duerme… y antes de irme, mucho rato después, voy a despedirme y ella… está despierta… sonriente… de algún modo se le deshincharon los ojos (a mi edad no se deshinchan ni en un día completo)… Le regala UNA SONRISA a su mami…  ¿quién me iba a creer ahora todo lo que había pasado?

PD: camino a cumplir mi deber cívico…. unas pigmentaciones naranjas en mis brazos me hacen pensar que el bloqueador que me recetó el médico era medio autobronceante. No, eran restos de postre.