La Belleza de lo IMPERFECTO

La Belleza de lo IMPERFECTO

Existen muchas razones por las que se desperdician alimentos, pero hay algunas que son “irracionales”, como aquella que deja fuera del comercio a las frutas y verduras que no “cumplen con el estándar”.

En algún momento, nosotros mismos, empezamos a comprar las frutas sin imperfecciones, de color parejo, de cáscara perfecta, dejando de lado al resto. Aparentemente, así hicimos cambiar el mercado.

Si quieren hacer algo al respecto, llévense de la feria (porque en el supermercado muy difícil que los encuentren), aquellos vegetales que tienen formas raras. Busquen también en los rinconcitos de lo que está rebajado por estar maduro o tener una forma extraña. Todos los días se pierde comida que está en condiciones de ser usada, sólo porque nos dio, a los consumidores, con que queremos todo bonito, y se nos olvidó que la belleza de lo natural es totalmente distinta a la belleza hecha con molde. De lo contrario, no nos podremos quejar de que se patenten las semillas, genéticamente modificadas, que permiten tener sandías sin pepas, tomates todo el año, y cualquier otra variedad que inventen gracias a nuestras propias elecciones.

En la foto, este pimentón que encontré en el rincón de los despreciados en la feria. No tiene ni la forma, ni el color, para ponerlo con los rojos, los amarillos o los verdes, pero creo que no he visto otro más lindo en la vida.

Todos podemos hacer algo. Infórmense.

A MUCHA HONRA: de segunda mano

A MUCHA HONRA: de segunda mano

La ropa usada fue por mucho tiempo mirada en menos en Santiago, como la última posibilidad para vestirse de quienes tenían bajos ingresos. Hasta que las tiendas cada vez más atractivas, de ropa bonita y de excelente calidad, se fueron posicionando entre un extenso grupo de gente que, tras su primera visita a una de ellas, se encontró con un mundo alternativo que valía la pena conocer.

Por otra parte, los encuentros de amigas para compartir la ropa que ya no usaban dieron paso a reuniones para vender, a precios módicos, toda la vestimenta que estuviera en excelente estado pero que se quisiera descartar.

Finalmente, los consumidores de ropa usada aumentaron y pasaron a formar parte del selecto club que deambula con prendas que causan envidia, conseguidas en una venta de garage o una tienda de segunda mano.

Personalmente, conocía marcas europeas y estadounidenses, mucho antes de que aquí se escucharan las palabras GAP o Aéropostale, y siempre disfruté cuando alguien halagaba alguna de las maravillas que he encontrado mirando con ojo atento en el colgador de una tienda de segunda mano. Pero valoré mucho más la existencia de esta alternativa una vez que conocí las consecuencias y costos del fast fashion, al ver The True Cost.

Al elegir esta opción, le damos nueva vida a una prenda que de otro modo se iría a la basura, valoramos el trabajo detrás de su confección, disminuimos la demanda en tiendas que promueven la moda rápida, conseguimos ropa increíble a precios asequibles, y ahorramos dinero que luego, como sugiere Tal Ben Shahar, podemos invertir en experiencias en vez de cosas, lo que va en directo beneficio de nuestra felicidad.

En mi ciudad, mis opciones preferidas están en Providencia y son, Nolstalgic, Vintage y Unique Bazaar. Nostalgic es una cadena muy antigua de ropa usada proveniente de USA, que tiene muy buena selección de prendas, en especial en el barrio que les menciono. Posee también una especie de outlet en calle Irarrázaval por el que vale la pena pasar si andan por ahí, porque a veces recibe verdaderas maravillas a mitad precio y una buena cantidad de jeans de tallas pequeñas. Vintage es una tienda del mismo grupo que Nostalgic, pero con un surtido enorme; destacan entre sus prendas, seleccionadas con el mismo gran acierto, algunas como chalecos, sweater y ponchos. Unique Bazaar es un emprendimiento diferente, porque su stock proviene de closets nacionales y porque no sólo vende, sino que recibe a consignación la ropa, calzado y accesorios de mujer que queramos vender, siempre que cumplamos con sus requisitos de calidad y cantidad. Tiene dos modalidades de venta, en su showroom y en su tienda de calle Orrego Luco.

La calle Bandera, en pleno centro de la capital, alberga varias de las tiendas más surtidas y algunas, por lo que me cuentan, con ropa y accesorios de marca.

Los tres tips de oro para comprar en cualquier tienda de segunda mano son: revisar bien la prenda, probársela y lavarla en casa.

Otra opción maravillosa es aquella en que una venta destina parte de lo obtenido a una buena causa. Aquí les muestro el bello clutch rojo y la polera que me compré en el último Closet Sale organizado por un grupo de amigas de Fundación Julieta, del cual, una parte de las ganancias, fue en beneficio de dicha fundación:

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Existen también webs y aplicaciones para vender y comprar ropa que, a mi parecer, venden más caro, pero son opciones disponibles.

O simplemente, se puede partir por lo que vengo haciendo hace años con grupos de amigas. Juntarse una tarde, después del trabajo, con toda la ropa y accesorios que sacaron del closet y no van a usar. Se clasifican en grupos (pantalones, blusas, accesorios, carteras), la anfitriona instala en una mesita algunas cosas ricas para comer y beber, y que comience el intercambio. Lo pasarán increíble y todo lo que quede, se embolsa y se dona. O se regala.

FAST FASHION

FAST FASHION

Si bien ya había mencionado este tema en Consumir menos, Desechar menos, amerita muchas notas y conversaciones más. Luego de leer La Magia del Orden y de ver el documental THE TRUE COST, es imposible quedarse en el mismo estado de acumulación y consumismo de vestuario con el que veníamos viviendo. No importa cuándo nos demos cuenta de lo que le hacemos a nuestra casa y a nuestro planeta con el hábito de consumo que tenemos, siempre podemos hacer algo para corregirlo, desde ese momento en adelante.

El fast fashion, es una realidad que se ha tomado mi país, así como muchos otros. A diferencia de las tiendas tradicionales, está liderado por cadenas que producen a muy bajo costo, en países con mano de obra tan barata que, para mantenerla, en la mayoría de los casos no respetan condiciones laborales ni consecuencias medioambientales. Con esto, logran abastecer sus locales con artículos de tendencia a tan bajo precio que es posible comprar una prenda al mismo precio, o menos, que hace 20 años. Por último, abastecen sus estanterías con una periodicidad abrumante, algunas incluso, agregan algo nuevo todos los días.

Si consideramos que antiguamente existían dos temporadas, que se relacionaban directamente con las estaciones del año, no es difícil impresionarse de que esta estrategia comercial nos haga ir, en promedio, 17 veces al año a una misma tienda, sólo para ver si hay algo nuevo, y con la preocupación de que “si no lo compro” ya la próxima semana no estará. Si bien era asidua a estas tiendas antes de conocer todo lo que había detrás de esta aparente maravilla de la ropa barata, ahora he vuelto a ellas con el afán de observar y, efectivamente, la actitud de apremio, la cantidad de personas en los probadores, y las conversaciones que se escuchan (“llévatelo, es muy barato”), sólo confirman lo que he aprendido en este tiempo y es que, ciertamente, el fast fashion es una brillante idea para vender más sin que existan más necesidades ni más clientes.

Pero ¿qué hacer? Aquí la clave,

“Buy less, Choose well, Make it last”

Vivianne Westwood

 

¡Hip hip hurra! por las marcas que responden “¿quién hizo mi ropa?”: Fashion Revolution ha realizado dos campañas ya, cercanas al día 23 de abril en que se conmemora la tragedia del Rana Plaza, en las que invita a las marcas a responder “Who made my clothes?” a través de una fotografía de las personas que confeccionan sus prendas. Esta acción busca crear conciencia acerca de las condiciones laborales en que ellas trabajan, puesto que hay marcas que simplemente no son capaces de mostrar las condiciones deplorables en que laboran sus subcontratados. Preguntemos y premiemos con nuestra preferencia a quienes producen de manera transparente.

Consumo consciente: El fast fashion, con sus precios tan bajos, enorme oferta y liquidaciones que son una ganga, nos hace comprar de más ¿cuántas cosas se quedan sin usar en el closet? ¿cuántas veces compramos algo que no necesitamos? Entonces la solución, es comprar prendas que necesitamos y que además tengan gran cantidad de opciones para ser combinadas. En cuanto a los zapatos, Tal Ben Shahar, dentro de sus “13 claves para ser feliz” recomienda algo muy cierto “usa zapatos que te queden cómodos” porque si usamos zapatos incómodos es seguro que nos pondremos de mal genio. No importa qué tan a la vanguardia esté un modelo, no compremos nunca más un par de zapatos que nos haga doler o con el que no podamos caminar.

Básicos, lisos y colores neutros: Los básicos son aquellas prendas que es muy conveniente tener porque sirven de base y combinan con todo, fácilmente se ven distintas con un accesorio y no son artículos de moda, por ejemplo, un vestido negro de algodón o un jean clásico. Las prendas lisas, son aquellas de un color, sin líneas, sin estampados. Los colores neutros en vestuario son, por ejemplo, azul, beige, gris, blanco, negro, o algunos suaves como rosa, arena, amarillo, verde, que se pueden combinar con gran cantidad de otros colores, y que cada uno elige de acuerdo a la paleta que prefiera. Sin consideramos estas tres características, nuestro closet se amplifica, gracias a la gran cantidad de combinaciones posibles. Debemos elegir una paleta de colores que nos defina, que nos guste, y privilegiar modelos que nos calcen bien y nos hagan sentir a gusto, por sobre las últimas tendencias. Para comprar, debemos considerar que cada prenda sirva para ser usada con varias de las que ya tenemos y si queremos darle un giro a nuestro look, complementar con accesorios en vez de comprar y comprar ropa nueva.

“Sí tengo algo que ponerme”: Como para casi cualquier aspecto de la vida, existen aplicaciones relacionadas con el guardarropa. Con el fin de conocerlas, descargué una que se llama Stylicious. El concepto es simple, uno fotografía su ropa y calzado, luego arma tenidas o combinaciones, las clasifica y, finalmente, les asigna a un día en el calendario para ser usadas. Lo primero que nos permite apreciar, es la cantidad de combinaciones que tenemos a nuestro alcance y que al momento de pensar qué ponernos, parecemos no recordar o no ver. Lo segundo, es que nos quita el estrés de buscar la ropa por la mañana, permitiéndonos dejar programada nuestra vestimenta de toda una semana, si así lo queremos.

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Vuelta a la reparadora de ropa: No se trata de eliminar todas las cosas que provengan de marcas relacionadas al fast fashion, lo importante es hacer durar lo que ya tenemos. Cuando era niña, mi tía zurcía los calcetines con un huevo de madera, aguja e hilo, y hasta existía el zurcidor japonés que arreglaba los puntos idos de las medias. Para qué decir la cantidad de prendas que ajustaba una modista. Pero hoy, tan económica se ha vuelto la ropa que pasó a ser un bien prácticamente desechable, que no justifica arreglo o modificación. Sin embargo, una manera de hacer que nuestra ropa nos quede perfecta, resista el paso del tiempo o cambie de look, es llevarla a un buen costurero, y entender que, aunque cueste casi lo mismo el arreglo que una prenda nueva, evitar una compra es bueno para el planeta, para el comercio justo y para nosotros.

Máquina de coser y ropa local: Si tienen la fortuna de saber hacer ropa, éste es su momento. Por todas partes del globo, más y más personas están costureando sus propios vestidos, blusas, pantalones. Si tejen, pues manos a la obra para auto abastecerse en el invierno. Tanto esas acciones como comprar a quienes confeccionan en su país o ciudad, contribuye enormemente a disminuir un poco el hambre del fast fashion por vendernos más y más.

De segunda mano: Otra de las consecuencias del fast fashion es la enorme cantidad de ropa que es donada o vendida, por quienes necesitan hacer espacio para almacenar más ropa nueva. Acceder a ella y preferirla permite alargar la vida útil de prendas que se hicieron a mano por alguien y, gracias a su menor costo, acceder a algunas de mejor calidad y mayor duración.

En fin, como en todo, cuando tomamos conciencia, nuestras actitudes cambian. Y hoy, existe una verdadera revolución que nos alienta y nos hace sentir acompañados en cualquier pequeña nueva actitud responsable que tomemos frente al consumo desmesurado. Tras el fast fashion hay miles de personas trabajando en condiciones miserables en las que jamás estaríamos dispuestos nosotros a trabajar, y decenas de ciudades llenándose de desechos provenientes de la industria textil, mientras nosotros tenemos playas limpias y tranquilas para lucir las prendas que alguien, muy lejos, confecciona al costado de un río totalmente contaminado por las plantas de manufactura.

Por último, recordemos que ningún cierre se coloca sin que alguien tome la prenda y lo ubique allí. Dentro del closet de cada uno de nosotros está el trabajo de muchas manos, desde quienes recolectan el algodón, hasta quienes etiquetan las prendas, y más. Y tras esas manos, familias, niños, pueblos. No los olvidemos.

REGALOS SIMPLES

REGALOS SIMPLES

En algún momento los regalos se mezclaron con conceptos como el dinero, el estatus y hasta el despilfarro. Reconozco que desde hace un tiempo rabeo en épocas como Navidad o el día de la madre, porque veo ceños fruncidos al comprar, poco respeto al conducir, caras largas al hacer la fila para pagar, deudas desproporcionadas, y TODO por hacer un regalo ¿no debería ser un placer y estar todos contentos?

Por otra parte, los envoltorios, llenos de rositas plásticas y muchos en papeles de plástico que dan en las tiendas, más la cinta adhesiva.

Entonces, como la vida es más linda si reclamamos menos y hacemos más, tomé decisiones. Se las cuento ahora.

Hecho a mano: ya sea que lo haga o intervenga uno mismo, o lo confeccione un amigo, o un emprendedor, el valor de lo realizado con las manos por alguien a quien se pueda identificar, se está tomando un merecido lugar. Así que hago yo los regalos o busco alternativas hechas por otras personas. Aquí cabe también el arte, los libros, las ilustraciones. Todos estamos rodeados de gente creativa.

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Este es un regalo para una pareja en que ella es diestra y él es zurdo.

¿Y los niños?: el punto anterior se ve fácil, pero ¿qué hacer con los niños cuya atención está en juguetes, aparatos electrónicos, artículos relacionados con marcas o personajes? La solución que he encontrado es regalarles elementos que les permitan hacer cosas con las manos: papeles, lápices, cuadernos de dibujo. Si sus intereses no son esos, música y libros. Un lindo disco de música como Kids World Party de Putumayo Kids o un maravilloso cuento como SELMA de Jutta Bauer es un precioso regalo, y alguien, ya sea el destinatario o su hermanito o sus papás, lo va a disfrutar.

Envoltorio de papel: nunca pido que me envuelvan un regalo, de hecho, me parece que la dedicación de envolverlo nosotros mismos, es un gesto de cariño. A cambio, lo envuelvo en casa y me aseguro de hacerlo en un papel lo más biodegradable posible y, si el regalo lo permite, cambio la cinta adhesiva por hilo de algodón u otra fibra vegetal.

NO más cintas (o moños) de regalo: ¿de qué sirven? De verdad les pregunto ¿a alguien le importa? ¿alguien las reutiliza? Las cambié por una tarjetita con una nota o con el nombre del destinatario, o una tarjeta de saludo. Y en algunos casos, simplemente, no la puse ni la reemplacé. Hasta ahora nadie ha reclamado.

Lo importante no es el precio: por alguna razón, a veces escucho frases como “no, pero cómo le vas a regalar eso” haciendo alusión al precio de lo elegido, y me ha costado mucho convencer a mis amigos de que me regalen frutos secos, plantas o una pulsera de hilo para mi cumpleaños. Así que algo hay entre el precio del regalo y su valor, con lo que yo no concuerdo para nada. El valor está contenido en el tiempo y el esfuerzo dedicado, en la búsqueda del regalo perfecto, en su envoltorio, a veces en la manera de entregarlo. De hecho, también cuando el regalo tiene un costo alto, no es eso lo importante. Si un miembro de la familia necesita algo que no puede comprar y decidimos regalárselo entre varios, el valor es la preocupación y el aporte en tiempo y dinero, de cada uno, más aún que el precio final pagado en la tienda.

Ahora, pongamos todo lo anterior en práctia, por ejemplo… Regalando Té

El té en hojas, y todas sus variedades posibles, ha tomado fuerza desde hace un tiempo. El siguiente es ½ kilo de té negro de hoja larga y un aroma exquisito. Lo compré por kilo, a granel, envasado en papel.

Los materiales del envoltorio, tienen como única particularidad ser biodegradables y son más económicos que el resto de las alternativas para envolver. Por ejemplo, 10 sacos de papel kraft $1.000 (menos de usd 1,5), un rollo de fibra verde $650 (menos de usd 1), perforador $1.200 (menos de usd 2), 100 tarjetas usd 4 (ebay.com).

Si quieren regalar té en menor cantidad, aquí la manera de envasarlo bonito, reciclando un frasco de vidrio.

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Los invito a unirse a las tendencias verdes, cero desperdicio, hecho a mano, comercio justo, y a compartir los cambios que vayan realizando en pequeños tópicos de su vida, como éste.

CONSUMIR MENOS, DESECHAR MENOS

CONSUMIR MENOS, DESECHAR MENOS

Al cabo de unas pocas fotos para el blog, me dí cuenta que se agotaban mis suministros de escenografía para tomar imágenes diferentes cada vez. Se agotó la variedad de platos, de mantelitos individuales, de vasos, de plantas, de velas y por un segundo tuve la idea de conseguir otros. Tan interiorizado tenemos aquello de consumir sin necesidad (cosa rara ¿no?) que, reconozco, fue mi primer pensamiento. Pero después me centré en lo importante y recordé que el sobre consumo, junto con tantos hábitos más, tienen al planeta al borde del colapso, y que verdaderamente, a nadie le va a importar si el mismo plato aparece 200 veces en el blog.

Esto me hizo recordar la cantidad de ocasiones en que compré un nuevo sweater negro, siendo que ya tenía uno (o varios), o un par de zapatos casi igual a otro, o una crema de cuerpo mientras aún no se acababa la que tenía en casa. Y así, suma y sigue.

Tanto respecto de las cosas de casa, como de la ropa y los zapatos, yo era una convencida de que donarlos era la solución. Que con eso ayudaba a alguien que necesitaba con qué abrigarse. Hasta que pasaron algunas cosas. Una fue que, hace unos años atrás, en alguna de las campañas solidarias que se hacen en Chile cuando hay catástrofe llegaron a decir “no donen más ropa”, porque era la primera necesidad que estaba cubierta. La siguiente, que por más que buscaba fundaciones para llevar ropa y zapatos que no usaba, nadie los necesitaba, si bien podían recibirlos, pero era lo que más tenían. La última, hace poco, fue ver The True Cost (disponible en Netflix). Este maravilloso documental -en el sentido de que nos ayuda a abrir los ojos a una realidad que ni imaginamos- muestra toneladas de desechos textiles a orillas de ríos y mares, y otras tantas, de ropa que ha sido donada pero que, finalmente, nadie necesita y se bota.

"The True Cost" Documentary
Desechos Textiles (fuente: WQAD.com)

Recién entonces me dí cuenta que el problema del consumismo sin necesidad y sin conciencia ecológica, tiene a millones de seres humanos viviendo entre cerros de basura, junto a otras muchas indignas condiciones, y que no es un problema exclusivo de las botellas desechables y las bolsas plásticas.

Felizmente, hay una oleada de personas que en distintos lugares del mundo han comenzado a valorar tendencias como crear capsule wardrobes (guardarropas con un menor número de piezas porque todas combinan entre sí), comprar ropa de segunda mano, descartar las tiendas de moda rápida, hacer la ropa en casa, entre otras, que apuntan a reutilizar más y descartar menos.

En el caso de los artículos de mesa y cocina, gracias (¿gracias?) a la llegada de todo tipo de utensilios a bajo costo, tomamos la misma actitud de reemplazar cosas que estaban en perfecto estado, por otras de la nueva temporada, o de un color que nos gustaba más, o una mejor calidad, o la excusa que fuera.

Este año, le pedí a todos los amigos y familiares que voy a ver para mi cumpleaños, que no me regalen nada, a menos que sea hecho con sus manos (no podría resistirme a un dibujo hecho por mis sobrinas, o un gorro tejido por una amiga), porque no necesito nada. A cambio, nos juntaremos a comer y les sacaré fotos, que para mí son el mejor obsequio.

Así que, dos cosas, primero, podemos volver al consumo de nuestros abuelos, cuando la ropa se remendaba y el juego de cubiertos duraba toda una vida. Segundo, seamos creativos, reutilicemos, modifiquemos, pero no desechemos las cosas para tener otras nuevas. Pasará que un día no habrá espacio para echar basura en todo nuestro planeta, y mientras más desechamos, ese día más se acerca.