EMPRENDEDORES: Adaptándose a los Nuevos Consumidores

EMPRENDEDORES: Adaptándose a los Nuevos Consumidores

En el último post vieron una de las razones por las que está cambiando el mercado. Pero ya sea por los millennials, las nuevas tendencias o una más profunda conciencia, el punto es que los consumidores son diferentes y eso implica modificaciones en la oferta, para adecuarse a ellos. Aquí les entrego ciertos ámbitos que están variando en positivo, y algunas sugerencias para enfrentar dichos cambios.

ALIMENTACIÓN: un restaurant o un servicio de despacho de comida, debe tener siempre una opción vegana si no quiere perder a un cliente o a todo un grupo, porque uno de ellos no encontró qué comer. Esta opción es mejor que una vegetariana, porque puede abarcar a un espectro más grande de personas: veganos, vegetarianos, intolerantes a la lactosa, entre otros. Además, considerar una alternativa saludable en su carta, es también requerido por muchos comensales. Idealmente, un negocio de comida, debe servir o despachar sus productos con el mínimo de elementos desechables, evitando al máximo bombillas (popotes) y todo tipo de envases plásticos, puesto que las tendencias eco-amigables y cero desperdicios, son (esperadas) preferencias a nivel mundial. En cuanto a la venta de alimentos, el cambio va por el auge de los cultivos orgánicos, el expendio a granel y la facilidad de que el cliente pueda llevarse las compras en sus propias bolsas y contenedores.

COSMÉTICA: el uso de componentes animales y testeo en ellos será, muy probablemente, causa de perder a varios clientes. Por el contrario, si se posee una marca vegana y no testeada en animales, dichos atributos deben ser expuestos en su publicidad y empaques, porque son apreciados. Lo mismo en el caso de tener envases biodegradables o retornables; de que sus productos no contengan químicos nocivos para la salud; estén fabricados en base a componentes naturales y/u orgánicos. Hoy en día, no pocas personas envían mensajes con preguntas directas, tanto a marcas de nivel mundial, como a aquellas pequeñas de origen local, consultando sobre éstos y otros aspectos. Y en la era de la información no se les puede engañar respondiéndoles algo que no es, porque es un error que fácilmente lleva al fracaso.

COMERCIO: esta actividad, tan antigua y conveniente por sus históricas utilidades, también está en la mira. Por siglos, el intermediario ha sido quien más gana en relación al fabricante o productor original. Hoy, además de valorar el producto, se valoran aspectos como el comercio justo (tendencia que busca asegurar que el productor o fabricante reciba una retribución justa por su trabajo, mediante una certificación), y se rechazan malas prácticas en la producción de los bienes, como trabajo infantil, falta de derechos laborales, impacto medio ambiental, etcétera.

VESTIMENTA: aun cuando podemos creer que este ámbito se aleja del riesgo de perder consumidores, no es así. El veganismo, que rechaza la utilización de materias primas animales; el comercio justo; el uso de materiales reciclados, son sólo algunas de las preocupaciones que muchos consumidores tienen, acerca de la ropa con que visten. Se le suma la creciente preocupación por los impactos medio ambientales de la denominada “fast fashion” o “moda rápida”, y las condiciones laborales de quienes trabajan en los roles primarios de la industria textil.

ATENCIÓN Y SERVICIO: si bien la atención impecable y el buen servicio han sido siempre importantes, las recurrentes malas experiencias los han convertido en un mecanismo diferenciador. En muchos casos, los clientes de un restaurant llegan a vivir una experiencia y no sólo a probar una rica comida. Una mala atención, a causa de un equipo mal liderado, provoca que las personas NO regresen, y si hay algo importante, para un emprendimiento de servicios, es tener clientes cautivos, que regresen una y otra vez. La oferta de servicios es tan amplia, es cosa de observar la cantidad de competidores del mismo rubro que todos tenemos a nuestro alrededor, que una manera de fidelizar clientes, es a través de la forma en que atendemos sus requerimientos. La rapidez con que respondemos sus solicitudes en la web, la manera en que los tratamos en un local, la impecabilidad con que servimos su mesa, son determinantes. Pero no sólo eso. Si nuestro emprendimiento tiene local, es básico que ninguno de los colaboradores esté chateando en su teléfono o hable de manera inadecuada, cuando esté presente un cliente. Son detalles, pero esta es la era en que los detalles cuentan.

PRODUCTOS O SERVICIOS PERSONALIZADOS: por último, éste es el momento perfecto para todos aquellos emprendimientos que nacen de mentes creativas, que pueden hacer frente a la demanda de productos y servicios customizados, es decir, hechos especialmente para el cliente, o adaptados él. Desde bicicletas hasta comidas, los consumidores están ávidos de explorar la oferta de productos que les permitan hacer cambios, sugerencias, o ser creados a su modo. Es el momento de lo “hecho a la medida”, pero ya no sólo en el taller del sastre. Y lo es porque las personas están dispuestas a pagar el precio justo por estos encargos, puesto que valoran la dedicación detrás y la interacción con su fabricante, como hace mucho tiempo no sucedía. En el caso de los servicios, se espera que sean flexibles y hagan sentir a sus clientes, como si todo fuera pensado para ellos.

Así como estos casos y ejemplos, miles. Cada emprendedor debe buscar, leer, observar -lo que le sea más grato-, acerca de lo que impacta en su propio ámbito, porque es una de las maneras que tiene para actualizarse, conocer tendencias, identificar competencia o sustitutos, que le permitan realizar análisis y tomar acciones.

EMPRENDEDORES: Millennials para NO Millennials

EMPRENDEDORES: Millennials para NO Millennials

Las personas se clasifican en generaciones según sus fechas de nacimiento y afinidad de características. Quienes nacimos entre los años 1960 y 1980, somos la Generación X. La generación MILLENNIAL, corresponde a las personas nacidas entre 1981 y 1995 (algunas fuentes indican 1982 a 1999), quienes llegaron a la adultez después del cambio de milenio. Esto, por supuesto, no quiere decir que el último nacido en 1980 es absolutamente distinto al primer nacido en 1981, sólo son fechas aproximadas que dependen, además, del país de origen de cada persona, de su acceso a los recursos tecnológicos, y de otros factores; pero sirve como una referencia para agrupar a quienes pertenecen a una nueva generación a nivel mundial, de características totalmente diferentes a la anterior, conformada por gente que hoy tiene entre 21 y 35 años, aproximadamente.

La “generación del milenio” se llama así porque ha llegado a la adultez después del cambio de milenio. Por supuesto, ningún Millennial vivió en serio el susto de que nada -desde la NASA hasta el microondas- funcionara a partir 1 de enero de 2001. Ellos nacieron entre dispositivos e internet, y seguramente ese episodio es tan poco imaginable, como es para nosotros la idea de haber vivido sin radio.

¿Por qué es importante conocerlos? Primero, porque son completamente diferentes a las generaciones que los preceden y, por lo tanto, los emprendedores mayores no tienen cómo entenderlos si no se informan acerca de ellos. Segundo, porque son la razón de que esté cambiando la forma de hacer negocios. Y, tercero, porque SON NUESTROS CLIENTES (más un número importante de personas que tienen más edad, pero se rigen por similares preferencias).

Así es, los Millennials son los clientes de la mayoría de los emprendimientos en el mundo y, por supuesto, esto irá en aumento. Podemos sentirnos tentados a decir que no, pero no importa si vendemos productos para niños o artículos para el adulto mayor, son las personas de su rango etario quienes tomarán la mayor cantidad de decisiones de consumo por varios años más.

Ellos poseen características que, sin lugar a dudas, debemos considerar si queremos convencerlos de que nuestra oferta (de productos o servicios) es la mejor. Aquí rescaté algunas de ellas que impactan de lleno en los emprendimientos, los negocios, y otras iniciativas.

NATIVOS DIGITALES: ser nativo digital en la era de la información, implica conocer el mundo de una manera totalmente distinta a quienes nacimos antes ¿Recuerdan las enciclopedias en tomos? Editar una tardaba años y, aun así, era la manera en que las personas podíamos aprender de casi cualquier tema, ya fuera en una biblioteca o en casa, hasta antes del uso masivo de Internet. La llegada de los motores de búsqueda junto con la generación de contenido en la red eliminó, paulatinamente, la existencia de aquellos recursos cuya información no estaba al día, como fue el caso de aquellos libros enormes. Dicho esto, debemos saber que, para un Millennial, hasta un periódico en papel, del mismo día, está atrasado. Ninguno de ellos va a ir a buscar el diario a un kiosco para saber qué pasó con alguna noticia que le interese, simplemente, accederá a través de su teléfono a las fuentes informativas y, más aún, buscará la noticia más recientemente publicada, por algún medio de su confianza. Sí, un medio confiable, porque a diferencia de quienes somos mayores y todavía creemos en las cadenas que advierten que “a partir de mañana WhatApp va a cobrar un dólar”, estos nativos digitales saben buscar las fuentes más confiables y discernir, de mejor manera, entre lo que es cierto y lo que no.

EXISTENCIA VIRTUAL: Estos nativos digitales se han relacionado desde siempre de dos maneras, en persona y a través de los medios cibernéticos, por lo tanto, debemos entender que ambos son reales para ellos. Se conectan con el mundo a través de las redes sociales, compran por la web, consumen contenido por Youtube, siguen las redes de sus referentes, se informan acerca de lo que les interesa en medios digitales, y mucho más. Hoy para un emprendedor estar presente en redes sociales no es una elección, es casi una obligación. Los nativos digitales consideran a sus contactos de la misma manera que antes se consideraba a la gente conocida; comparten sus intereses, consideran sus recomendaciones, solidarizan con sus malas experiencias, etcétera. Y no me refiero a estar presente con una cuenta personal llena de fotos con amigos o de un par de pies con el mar de fondo. Es necesario crear redes sociales para nuestras iniciativas (causas, empresas), con imágenes que evoquen confianza y profesionalismo, y con un nivel de respuesta lo más alto e inmediato posible. Sí, es un desafío, pero no mayor a los de antaño, sólo que diferente. Por último, si antes por cada consumidor descontento, 10 personas se enteraban de su mala experiencia, no se impresionen con que hoy sean 1.000 los que se enteren. La nueva generación es más desconfiada que la anterior, porque tiene información en la punta de los dedos y puede revisar la reputación de cada persona y cada producto que le ofrecen, en pocos minutos. Si le ofrecemos algo, debemos cumplir con todas las características comprometidas.

VALOR AGREGADO: los Millennials son críticos y tienen opinión; están preocupados por causas sociales, medio ambientales, humanas y sus conversaciones al respecto están cargadas de datos duros y de información bien analizada por ellos, no sólo repiten lo que oyeron decir a otros. Buscan valor en el producto final, pero también en sus ingredientes, sus materiales, su fabricación. Por esta razón, es una ventaja competitiva agregar cualidades intangibles a lo que se ofrece y cada emprendimiento debe estar preparado para encontrarse con solicitudes especiales y preguntas directas sobre sus productos o servicios.

CAMBIO DE PARADIGMAS: una de acepciones de paradigma es patrón sostenido en el tiempo, algo que no cambia. Pero estos jóvenes, los están cambiando, he ahí la razón de mucho de lo que les cuento en esta serie de publicaciones llamada Emprendedores. Los Millennials desconfían de las generaciones anteriores, y sí, al menos de mí tienen todo el derecho a desconfiar, porque antes de ser su fan, los observé con recelo. Y lo que realmente no lograba entender, es que estábamos transitando por un cambio de paradigma. Por ejemplo, la banca, otrora tan idealizada, a los Millennials no les interesa ¿qué? Así como lo leen, para ellos no tiene mi remotamente la importancia que tenía para mí cuando, año tras año, postulaba al banco del que quería ser cliente, sólo para saber que no cumplía los requisitos. Quienes pertenecen a la generación del milenio no están tan interesados en tener una renta fija para poder acceder a cierto banco ni en endeudarse a 30 años para tener una casa. Prefieren ser independientes, y validan mecanismos alternativos para manejar su dinero. De hecho, la mayoría no siente que su banco se distinga de otros (y yo tan feliz que estaba cuando por fin me dejaron ingresar al mío y me regalaron un lápiz). El segundo ejemplo de cambio de paradigma que les quiero compartir, es el status. El año pasado, la venta de autos en Chile no fue la esperada ¿por qué? porque para muchos Millenials es mejor visto andar en bicicleta o caminar, que tener auto. Ellos prefieren viajar o vivir experiencias, que gastar el dinero en ropa o accesorios de lujo, por eso es tan difícil discriminarlos por su apariencia. En calles de ciudades como San José, en Silicon Valley, es imposible saber si uno va caminando al lado de un joven millonario que acaba de vender una aplicación a una gran empresa, porque viste la misma ropa, porta el mismo IPhone y va por las calles igual que todos sus contemporáneos. Estos son sólo dos de muchos ejemplos que pueden encontrar acerca de las grandes diferencias que existen entre ellos y las generaciones anteriores, y que impactan de lleno en sus preferencias de consumo.

Los emprendedores actuales pueden adaptarse a estos cambios de manera mucho más fácil que las empresas grandes y consolidadas. Mientras ellas piensan en las modificaciones, un negocio pequeño puede abrirse paso entre estos nuevos protagonistas del consumo, porque la flexibilidad es una característica de un emprendimiento exitoso. Todo emprendedor lo sabe ¿o no?

EMPRENDEDORES: La Era de la Colaboración

EMPRENDEDORES: La Era de la Colaboración

Uno de los cambios más significativos en relación a la manera de hacer negocios, respecto de hace algunos años, es que hoy el foco no es la competencia, sino, la COLABORACIÓN.

Muchos de quienes tenemos más de 35, entendemos fácilmente frases como estrategias de competencia, espionaje industrial, copia de ideas, e incluso aquello de “no te lo cuento, porque quiero que resulte” (que en realidad es un “no te lo cuento porque no quiero que mi idea te sirva de inspiración a ti”). Nos es natural porque es lo que escuchamos, vimos o experimentamos, en nuestros estudios o vida laboral. Fuimos criados con frases como “tienes que ser el mejor”, “no le cuentes tu idea a nadie para que no te la copien”, y como es normal, seguimos creyendo que el mundo se mueve de esa forma.

Pero el mundo cambió. Actualmente, adecuadas de manera natural al cambio generacional, las claves del éxito se basan en compartir, crear redes, formar alianzas, entre otras que van en similar dirección. Colaborar significa trabajar con otras personas con el fin de realizar una obra o lograr un objetivo. Debe ser una relación del tipo “win-win” o “ganar-ganar”, es decir, que todos sean beneficiados por el aporte del otro. Y aquí el primer traspié. Hasta hace algunos años existía la creencia de que había que sacar el mayor provecho, para el beneficio propio, en cada situación. Esto hace eco en algunos intentos actuales de colaboración, cuando una de las partes quiere sacar todo el beneficio posible, con el menor esfuerzo o retribución, y el entorno lo nota.

Existen dos tipos de emprendedores que pierden beneficios por no adaptarse a este nuevo escenario: aquellos que desconfían y rechazan las posibilidades de alianza, y aquellos que no saben retribuir la colaboración de otros.

INSISTIR EN HACERLO SOLOS: la insistencia de no aceptar, de manera tajante, un apoyo o ayuda concreta proveniente de otros emprendedores u organizaciones, es un error que se castiga tácitamente, alejando a quienes han recibido aquel rechazo. Por otra parte, la sobrevalorada virtud de lograr algo por uno mismo, está obsoleta; el valor está en lograr el objetivo, sí, pero si es trabajando en equipo, dicho valor se incrementa. En el ámbito emprendedor, esto último obliga a buscar y conocer a otros con iniciativas parecidas o complementarias a la propia, crear lazos con ellos, hacer actividades (difusión, concursos, campañas) en conjunto, mantener las relaciones a través del tiempo. Si nos conocen 1.000 personas y nos aliamos con 3 iniciativas, cada una conocida por otras 1.000, tendremos el potencial de ser conocidos por un total de 4.000 posibles consumidores.

NO RETRIBUIR ADECUADAMENTE: los emprendedores que, aprendiendo del punto anterior, se entregan a la dinámica de la colaboración y los proyectos mancomunados, deben agradecer adecuada y oportunamente, el esfuerzo de aquellos con quienes han trabajado en beneficio mutuo. En palabras simples, si alguien menciona y difunde la oferta de otro emprendimiento en sus redes sociales o ha colaborado en una acción conjunta, lo esperado es que dicho emprendimiento haga lo propio en las suyas, y no sólo con las herramientas automáticas para re postear, re twittear o compartir, sino con el mismo estilo con que comparte publicaciones propias, de manera que sus seguidores se sientan atraídos a conocer la cuenta que difunde. Importante es también la oportunidad con que se lleva a cabo esta acción. Idealmente, la respuesta a una mención en redes sociales debe ser inmediata. Si se trata de una actividad colaborativa, también es importante la difusión durante su realización e inmediatamente después.

Sí, se pueden obviar las sugerencias e insistir en los temas anteriores, pero paulatinamente, nos iremos marginando de todas las posibilidades que presentan las nuevas formas de relacionarnos con nuestros consumidores, que finalmente, son lo más importante. Cualquier negocio o causa social, necesita de la adhesión o el consumo de las personas, y mientras más alianzas creamos, aumentamos las posibilidades de manera exponencial.

Las recomendaciones anteriores no garantizan el éxito de una iniciativa, pero sí son básicas para llegar al público que, en la actualidad y durante varios años más, será la población encargada de tomar la mayor cantidad de decisiones de consumo en el planeta: los Millennials.

EMPRENDEDORES: Todos Podemos Hacer Algo

EMPRENDEDORES: Todos Podemos Hacer Algo

Esta frase acompaña a Pera Prisca desde su nacimiento. Siempre la incluyo con la intención de que alguien la considere, la piense y se decida a la acción. Porque “todos podemos hacer algo” es una invitación para moverse, para gestionar un cambio a través de un acto concreto: participar, colaborar, difundir, rechazar, preferir.

Por mi parte, estoy creando esta serie de publicaciones, partiendo por ésta, denominada EMPRENDEDORES, en la que voy a tocar varios temas que son importantes para quienes se han decidido a tomar el camino del emprendimiento, los proyectos sociales y las iniciativas con sentido. El fin es compartir lo que he aprendido en tantos años ligada a temas como innovación, emprendimiento, proyectos, y tal vez, más a aún, lo mucho que he aprendido mientras preparo mis propios emprendimientos, doy vida a este blog, y me vinculo con más y más personas que recorren el laborioso, y valiente, camino de la vida independiente.

“Si crees que eres demasiado pequeño como para hacer la diferencia, intenta dormir con un mosquito en la habitación”

(la autoría se la atribuyen desde un proverbio africano hasta Anita Roddick, así que la verdad, no sé)

Soy una convencida de que la educación recibida, sobre todo en la familia y sumada a la del colegio, hace una real diferencia entre las personas. Chile es un país cuyas calles, rincones, y hasta los costados de las carreteras, suelen tener basura (papeles, plásticos, envases). Hace unos días comentaba con alguien que no tengo recuerdos de haber tirado alguna vez un papel o un envase, al suelo. Al contrario, lo que recuerdo desde que tengo memoria, es terminar mi helado o mi dulce y estirar mi mano para entregarle todos los envoltorios a mi mamá, quien los ponía en su cartera hasta que regresábamos a la casa y los tiraba al basurero. Hasta que crecí y por supuesto, si no hay basurero, guardo todo en mi cartera o mochila, hasta que encuentro uno. Ni en ese momento, ni ahora, me cuestioné el valor de hacerlo, aun cuando mucha gente bota todos los desperdicios en cualquier lugar. Tal vez por pequeñas actitudes como esas, heredadas de mi entorno, es que no tengo dudas del valor que tienen para el mundo, las acciones de una sola persona.

Sin embargo, demasiados desconfían de su capacidad para generar un cambio desde su propia acción y ese es uno de los desafíos que me he autoimpuesto en relación a personas que tienen grandes ideas, grandes talentos, pero no les dan movimiento, lo que transforma sus emprendimientos (tanto personales como empresariales) en ensoñaciones lindas que no quedan en otro lugar, más que sus cabezas y su corazones.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Aquí una lista de acciones para comenzar hoy mismo a movilizar nuestras iniciativas y las de otros:

  1. Si conocemos un emprendimiento que nos convence y a alguien que creemos se puede beneficiar al conocerlo: VINCULAR. Crear redes. Es tan fácil como decirle a otro “conocí un emprendimiento que puede interesarte porque tiene el insumo que necesitas”.
  2. Si consumimos algo que nos gusta en relación a su calidad y nuestros valores, o nos enamora un lugar, por sus productos o la experiencia que se vive en él: RECOMENDAR. Hacerlo en todas nuestras redes, postear una foto, describir nuestras sensaciones positivas, nuestro agradecimiento, o lo que corresponda.
  3. Si sabemos de una actividad en que emprendedores van a vender productos u ofrecer servicios; conocemos a un pequeño emprendedor; sabemos de una actividad gratuita de formación para emprendedores: COMPARTIR ¿Acaso no nos gusta recibir buenos datos y nuevas oportunidades de formación?
  4. Si conocemos a alguien que tiene un negocio, pero no tiene acceso a redes sociales: PUBLICAR. Existen muchos emprendimientos que, por la nueva modalidad de hacer negocios, se van quedando atrás por la falta de acceso a los nuevos canales de comunicación y difusión. Hace un tiempo vi (y por cierto compartí) la foto que alguien subió en su Facebook de una mujer, en Argentina, que todos los días vende gorritos y guantes en una calle de Buenos Aires. Esta foto sumó muchísimas vistas, y seguramente, más de alguien, llegó al negocio informal de esta señora, gracias a esa simple acción de haberse tomado 5 minutos para compartir su existencia.
  5. Si vemos que otro emprendedor no sabe hacer algo o no logra resolver un problema: AYUDAR. Esto que es tan natural e intuitivo, para algunos sigue siendo un práctica que sólo se realiza con los más cercanos.

Es necesario unirse rápidamente a este nuevo mundo de acciones inmediatas y colaboración, o las oportunidades pasarán por delante de nosotros sin que alcancemos a verlas. Y piénsenlo: el mundo será con nosotros lo que nosotros seamos con él.

 

Lentejas CHILENAS

Lentejas CHILENAS

¿Qué puede tener de especial cocinar, en Chile, lentejas chilenas?

Es una buena pregunta si ignoramos el hecho de que el 90% de las lentejas que se venden en mi país, son de origen canadiense.

Así es mis queridos “perapriscos”. Resulta que esta legumbre, ya sea en el supermercado o a granel en la mismísima Vega Central de Santiago, tiene su origen en el país del norte porque su costo es mucho menor. Eso redunda en que, año a año, sean menos las lentejas que se siembran y cosechan en nuestro país.

Conversando de esto con un amigo argentino me dice “pero si en Argentina comemos lentejón chileno, esas son las lentejas ricas”. Qué orgullo y qué lástima que se estén perdiendo.

El meollo del asunto, es que las lentejas chilenas son las que comíamos de niños. Esas de diferentes colores, no tan cafés, más bien verdosas, a las que había que sacarles las piedritas ¿se acuerdan?

Pues bien, para todos aquellos a quienes se les hizo agua la boca de sólo pensarlo, aquí el mejor de los datos del mundo mundial. Cosecha Justa, un emprendimiento que trae directo desde productores en el sur, a granel, una serie de alimentos no perecibles (flor de sal, harina integral de molino de agua, chícharos, y mucho más), vende ¡lentejas chilenas! Entonces yo, fascinada con la idea de volver a comer las lentejitas antiguas, partí a buscar mi primer medio kilo. Claro, porque la gracia de Cosecha Justa es que, como venden a granel, si uno quiere le venden 200 gramos de lentejas sin hacerse ni un problema.

Con mi pavor a la olla a presión a cuestas, heredado de quién sabe qué historia que alguien me contó, porque jamás he visto explotar una, me fui a la segura para hacerlas en olla tradicional y las remojé 1 día. Sí señor. Y esta mañana… puse lentejas, papas en cubitos, tomate trozado, ajo, cebolla, flor de sal y al final de la cocción, arroz basmati (porque me quedaba un poquito). “El secreto de la nona” para esta receta es un mini chorrito de vinagre.

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No sé si estuvieron listas a los 40 o 30 minutos, porque las probé recién a los 40, y estaban blandísimas, con el inconfundible sabor de los guisos de mi niñez.

Un último dato interesante sobre Cosecha Justa es que si le compran por internet, el despacho en Santiago se hace en bicicleta.

 

Buenos hábitos al Alimentarse

Buenos hábitos al Alimentarse

Todos tenemos la posibilidad de adquirir o mejorar ciertas costumbres positivas, a la hora de alimentarnos, porque como tal vez saben, las personas sólo necesitamos repetir durante 21 días una misma conducta para acostumbrarnos a ella y convertirla en un hábito.

Basada en mi experiencia y en lo que he aprendido, existen algunas buenas prácticas que son maravillosas para nuestro bienestar, cuando de alimentarnos se trata. Y la primera sea, tal vez, informarse y comprender la diferencia entre comer y alimentarse.

Para comer, basta con que nos echemos cualquier comestible a la boca y ya está. Por eso los siguientes buenos hábitos son para “alimentarse”, para disfrutar, para estar conscientes de lo que llevamos a nuestro cuerpo:

Percibir la comida como alimento no como calorías: quienes comemos sin preocuparnos por las calorías, sino por los ingredientes, el sabor, las texturas, nos hacemos amigos de los alimentos, y los reconocemos siempre como los proveedores de nutrientes que son. Sin embargo, he llegado a escuchar -dos veces esta semana- “bueno, no es tan sano, porque tiene muchas calorías”. A ver, a ver, no nos confundamos, una palta, un plátano, un plato de legumbres, un puñado de lonjas de coco, tienen muchas calorías, pero son SALUDABLES. La preocupación por el peso, en vez de la salud, ha ido desvirtuando las cosas y las calorías aparecen como enemigas en sí mismas, siendo que 100 calorías de lentejas no tienen nada que ver con 100 calorías de refresco. Peor aún, mi teoría, basada en la observación, es que quien se preocupa por no subir de peso y analiza las calorías cada vez que prueba un bocado, tiene todas las de perder en su batalla contra los kilos. La comida tiene la función de alimentarnos, de darnos el combustible que como humanos necesitamos para vivir sanos y felices. Nada que no sea procesado nos convertirá en personas con sobre peso.

Comer lento: comer a toda velocidad, es un error porque no damos el tiempo adecuado a nuestro cuerpo para que genere el aviso de saciedad, tan necesario para no comer de más. Comer lento mejora la digestión de los alimentos, lo que es especialmente favorable para quienes tienen problemas gástricos o gastrointestinales, y está muy relacionado con el siguiente buen hábito.

Masticar muchas veces antes de tragar: dicen que son 30 por bocado, pero al margen de ese número, lo importante es masticar. Los alimentos deben prepararse en la boca para continuar su viaje, y ese mastique avisa a nuestro aparato digestivo que active todas las funciones para una correcta digestión. Aquí agrego un tip más: comer en bocados pequeños. He visto cómo sendos bocados entran en bocas que los mastican dos veces y luego los tragan con cara de atoro, y un bocado así difícilmente será bien digerido.

No comer mirando la televisión: cuando nuestra atención está en otra actividad, más aún, en la televisión, que la captura completamente, perdemos la capacidad de poner atención en algo más. Eso provoca que comamos todo lo que tenemos enfrente, aunque sea mucho más de lo que comeríamos sentados a la mesa.

Preparar nuestros alimentos: al cocinar nuestros alimentos, los aromas, los colores, los sonidos, las texturas, hacen que nuestro cuerpo se disponga para alimentarse lo que prepara al sistema digestivo (se nos hace “agua la boca”) y disminuye la ansiedad a la hora de comerlos. Además, y muy importante, cuando cocinamos nosotros y evitamos lo que ya viene preparado, nuestra comida tiende a ser más saludable, porque las opciones menos procesadas, son las más rápidas para alimentarse en el día a día.

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Poner la mesa, aunque estemos solos: la hora de comer es prácticamente sagrada. Lo ha sido por miles de años para la mayoría de las culturas de este mundo. Por eso las ceremonias, los rezos, el protocolo. Sin embargo, algunas personas, cuando están solas, simplemente, no comen o se alimentan de snacks frente a la tele o de pie en la cocina, como si por no estar con más gente, la hora de alimentarse hubiera sido degradada. Preparar la mesa, con sus cubiertos y detalles, nos permite comer concentrados en la comida, en el ritual de cortar, masticar, limpiar nuestra boca con una servilleta, y al igual que la recomendación anterior, le resta ansiedad a la situación, lo que evita que comamos en exceso. Un lindo mantel o individual, unas velitas si es de noche, nos invitan a tener un momento de descanso y disfrute con nosotros mismos.

Preparar los alimentos junto a los niños y presentarlos de manera atractiva para ellos: seguramente, más importante que todo lo anterior es lograr traspasar los buenos hábitos a los más pequeños. Una de las maneras en que muchos padres y cuidadores lo han logrado, es integrándolos a las labores de la huerta, de la cocina, y haciendo que el plato lleno de comida saludable sea tan vistoso, que les llame la atención y lo quieran comer. No hay mejor momento en la vida para inculcar hábitos que cuando los seres humanos son bebés y niños, y enseñarles a comer adecuadamente es uno de los mejores regalos que le podemos hacer a los pequeños que nos rodean.

Un cambio en lo importante, puede hacer verdaderos milagros a mediano plazo. Todo lo que afecte nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra salud, en un sentido positivo, no es más que un beneficio para nosotros y nuestras familias.

5 EXTRAÑOS Tips

5 EXTRAÑOS Tips

Existen tips imperdibles que lo único que tienen en común, es que son muy raros. De ellos, rescaté 5 para compartirlos con ustedes. Cada uno ha sido puesto a prueba y todos, a mí, me funcionan.

Ponerse el desodorante en la noche: quienes hemos decidido cambiar el desodorante tradicional por alguno más natural, muy probablemente, nos hemos encontrado con que la diferencia, a veces, radica en que la duración de la protección, especialmente en época de verano, es menor. Una de mis soluciones fue llevar el desodorante en el bolso y cada par de horas, como que no quiere la cosa, hacía un pequeño repaso. Hasta que leí que el desodorante hay que ponérselo en la noche, porque dada la baja actividad permite la mejor absorción de los agentes activos. Por supuesto, el primer pensamiento es “pero se me va a salir por la mañana con el agua” y resulta que no. Lo extraño en realidad, es que se supone que esto funciona con los antisudorales que contienen aluminio, sin embargo, mi desodorante no tiene aluminio y al aplicarlo por la noche, con la piel completamente seca, y darle una pasadita, claro, al salir de la ducha en la mañana, nunca más me abandonó. Excelente consejo, mi vida cambió.

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Despegar los adhesivos con el secador: soy amante de reciclar frascos de vidrios, sobre todo para usarlos como contenedor de regalos (frutos secos, té, hierbas para infusión, encurtidos, mermeladas) y este dato es la maravilla. Me lo enseñó un peluquero hace años. Ya sea una etiqueta en un frasco de vidrio o un adhesivo en una ventana, la solución es agarrar el secador y con temperatura máxima, pasarlo sobre el papel o lo que queda de él. Luego, uno agarra la punta y despega. A lo más, queda un poco de pegamento fácilmente removible con los dedos y agua.

No cruzar la calle en diagonal: nunca me olvidé de este consejo como peatón, pero lo recuerdo muy seguido como conductora. Mi profesora de matemáticas, la señorita Adriana,  llegó una vez tan enojada porque casi atropella a una persona y, escuadra en mano, nos explicó lo que pasó. Un imprudente había cruzado la calle mientras ella pasaba en su auto, y para colmo de males, lo hizo en diagonal. Pero quien conduce, no percibe en perspectiva, por lo tanto, el cálculo mental que hace acerca del tiempo que va a tardar en cruzar, es pensando que lo hace en línea recta ¿el problema? Es que ese cálculo no funciona, porque la persona tarda mucho más en cruzar si lo hace en diagonal, y el auto lo puede alcanzar.

Cepillarse las encías: la bendita encía sobre mi diente estaba inflamada, así que instintivamente casi no la tocaba, para evitar que se pusiera peor. Fui al dentista y él me indicó que hiciera todo lo contrario, que me cepillara las encías enérgicamente cada vez que me lavara los dientes. Cuando nos lavamos, debemos pasar el cepillo por nuestras encías y no sólo por nuestros dientes. Y no suave, vigorosamente. Lo que puede ser suave, entonces, es el cepillo, para que nos permita hacerlo. Esto ayuda a limpiar mejor nuestra boca y a sanar cualquier problema que tengamos en las encías. Fue santo remedio para la mía y nunca más se inflamó.

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Sacarse el olor a ajo con el cuchillo: este consejo es muy antiguo, pero quién sabe si alguien aún no lo conoce. El olor a ajo es uno de los más difíciles de quitar de nuestras manos, pero uno de los secretos es que, una vez terminamos de picarlo, nos lavemos los dedos, masajeando el cuchillo, pasando nuestros dedos por la lámina de acero inoxidable (no por el filo, claro está). De alguna manera, el paso de la piel sobre este metal neutraliza el aroma.

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En todas las familias y países hay consejos originales, secretos de naturaleza, recetas de las abuelas. Si conocen algunos, anímense a compartirlos, que al igual que muchas tradiciones, la única manera de que sobrevivan, es transmitirlo.