Buenos hábitos al Alimentarse

Buenos hábitos al Alimentarse

Todos tenemos la posibilidad de adquirir o mejorar ciertas costumbres positivas, a la hora de alimentarnos, porque como tal vez saben, las personas sólo necesitamos repetir durante 21 días una misma conducta para acostumbrarnos a ella y convertirla en un hábito.

Basada en mi experiencia y en lo que he aprendido, existen algunas buenas prácticas que son maravillosas para nuestro bienestar, cuando de alimentarnos se trata. Y la primera sea, tal vez, informarse y comprender la diferencia entre comer y alimentarse.

Para comer, basta con que nos echemos cualquier comestible a la boca y ya está. Por eso los siguientes buenos hábitos son para “alimentarse”, para disfrutar, para estar conscientes de lo que llevamos a nuestro cuerpo:

Percibir la comida como alimento no como calorías: quienes comemos sin preocuparnos por las calorías, sino por los ingredientes, el sabor, las texturas, nos hacemos amigos de los alimentos, y los reconocemos siempre como los proveedores de nutrientes que son. Sin embargo, he llegado a escuchar -dos veces esta semana- “bueno, no es tan sano, porque tiene muchas calorías”. A ver, a ver, no nos confundamos, una palta, un plátano, un plato de legumbres, un puñado de lonjas de coco, tienen muchas calorías, pero son SALUDABLES. La preocupación por el peso, en vez de la salud, ha ido desvirtuando las cosas y las calorías aparecen como enemigas en sí mismas, siendo que 100 calorías de lentejas no tienen nada que ver con 100 calorías de refresco. Peor aún, mi teoría, basada en la observación, es que quien se preocupa por no subir de peso y analiza las calorías cada vez que prueba un bocado, tiene todas las de perder en su batalla contra los kilos. La comida tiene la función de alimentarnos, de darnos el combustible que como humanos necesitamos para vivir sanos y felices. Nada que no sea procesado nos convertirá en personas con sobre peso.

Comer lento: comer a toda velocidad, es un error porque no damos el tiempo adecuado a nuestro cuerpo para que genere el aviso de saciedad, tan necesario para no comer de más. Comer lento mejora la digestión de los alimentos, lo que es especialmente favorable para quienes tienen problemas gástricos o gastrointestinales, y está muy relacionado con el siguiente buen hábito.

Masticar muchas veces antes de tragar: dicen que son 30 por bocado, pero al margen de ese número, lo importante es masticar. Los alimentos deben prepararse en la boca para continuar su viaje, y ese mastique avisa a nuestro aparato digestivo que active todas las funciones para una correcta digestión. Aquí agrego un tip más: comer en bocados pequeños. He visto cómo sendos bocados entran en bocas que los mastican dos veces y luego los tragan con cara de atoro, y un bocado así difícilmente será bien digerido.

No comer mirando la televisión: cuando nuestra atención está en otra actividad, más aún, en la televisión, que la captura completamente, perdemos la capacidad de poner atención en algo más. Eso provoca que comamos todo lo que tenemos enfrente, aunque sea mucho más de lo que comeríamos sentados a la mesa.

Preparar nuestros alimentos: al cocinar nuestros alimentos, los aromas, los colores, los sonidos, las texturas, hacen que nuestro cuerpo se disponga para alimentarse lo que prepara al sistema digestivo (se nos hace “agua la boca”) y disminuye la ansiedad a la hora de comerlos. Además, y muy importante, cuando cocinamos nosotros y evitamos lo que ya viene preparado, nuestra comida tiende a ser más saludable, porque las opciones menos procesadas, son las más rápidas para alimentarse en el día a día.

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Poner la mesa, aunque estemos solos: la hora de comer es prácticamente sagrada. Lo ha sido por miles de años para la mayoría de las culturas de este mundo. Por eso las ceremonias, los rezos, el protocolo. Sin embargo, algunas personas, cuando están solas, simplemente, no comen o se alimentan de snacks frente a la tele o de pie en la cocina, como si por no estar con más gente, la hora de alimentarse hubiera sido degradada. Preparar la mesa, con sus cubiertos y detalles, nos permite comer concentrados en la comida, en el ritual de cortar, masticar, limpiar nuestra boca con una servilleta, y al igual que la recomendación anterior, le resta ansiedad a la situación, lo que evita que comamos en exceso. Un lindo mantel o individual, unas velitas si es de noche, nos invitan a tener un momento de descanso y disfrute con nosotros mismos.

Preparar los alimentos junto a los niños y presentarlos de manera atractiva para ellos: seguramente, más importante que todo lo anterior es lograr traspasar los buenos hábitos a los más pequeños. Una de las maneras en que muchos padres y cuidadores lo han logrado, es integrándolos a las labores de la huerta, de la cocina, y haciendo que el plato lleno de comida saludable sea tan vistoso, que les llame la atención y lo quieran comer. No hay mejor momento en la vida para inculcar hábitos que cuando los seres humanos son bebés y niños, y enseñarles a comer adecuadamente es uno de los mejores regalos que le podemos hacer a los pequeños que nos rodean.

Un cambio en lo importante, puede hacer verdaderos milagros a mediano plazo. Todo lo que afecte nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra salud, en un sentido positivo, no es más que un beneficio para nosotros y nuestras familias.

5 EXTRAÑOS Tips

5 EXTRAÑOS Tips

Existen tips imperdibles que lo único que tienen en común, es que son muy raros. De ellos, rescaté 5 para compartirlos con ustedes. Cada uno ha sido puesto a prueba y todos, a mí, me funcionan.

Ponerse el desodorante en la noche: quienes hemos decidido cambiar el desodorante tradicional por alguno más natural, muy probablemente, nos hemos encontrado con que la diferencia, a veces, radica en que la duración de la protección, especialmente en época de verano, es menor. Una de mis soluciones fue llevar el desodorante en el bolso y cada par de horas, como que no quiere la cosa, hacía un pequeño repaso. Hasta que leí que el desodorante hay que ponérselo en la noche, porque dada la baja actividad permite la mejor absorción de los agentes activos. Por supuesto, el primer pensamiento es “pero se me va a salir por la mañana con el agua” y resulta que no. Lo extraño en realidad, es que se supone que esto funciona con los antisudorales que contienen aluminio, sin embargo, mi desodorante no tiene aluminio y al aplicarlo por la noche, con la piel completamente seca, y darle una pasadita, claro, al salir de la ducha en la mañana, nunca más me abandonó. Excelente consejo, mi vida cambió.

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Despegar los adhesivos con el secador: soy amante de reciclar frascos de vidrios, sobre todo para usarlos como contenedor de regalos (frutos secos, té, hierbas para infusión, encurtidos, mermeladas) y este dato es la maravilla. Me lo enseñó un peluquero hace años. Ya sea una etiqueta en un frasco de vidrio o un adhesivo en una ventana, la solución es agarrar el secador y con temperatura máxima, pasarlo sobre el papel o lo que queda de él. Luego, uno agarra la punta y despega. A lo más, queda un poco de pegamento fácilmente removible con los dedos y agua.

No cruzar la calle en diagonal: nunca me olvidé de este consejo como peatón, pero lo recuerdo muy seguido como conductora. Mi profesora de matemáticas, la señorita Adriana,  llegó una vez tan enojada porque casi atropella a una persona y, escuadra en mano, nos explicó lo que pasó. Un imprudente había cruzado la calle mientras ella pasaba en su auto, y para colmo de males, lo hizo en diagonal. Pero quien conduce, no percibe en perspectiva, por lo tanto, el cálculo mental que hace acerca del tiempo que va a tardar en cruzar, es pensando que lo hace en línea recta ¿el problema? Es que ese cálculo no funciona, porque la persona tarda mucho más en cruzar si lo hace en diagonal, y el auto lo puede alcanzar.

Cepillarse las encías: la bendita encía sobre mi diente estaba inflamada, así que instintivamente casi no la tocaba, para evitar que se pusiera peor. Fui al dentista y él me indicó que hiciera todo lo contrario, que me cepillara las encías enérgicamente cada vez que me lavara los dientes. Cuando nos lavamos, debemos pasar el cepillo por nuestras encías y no sólo por nuestros dientes. Y no suave, vigorosamente. Lo que puede ser suave, entonces, es el cepillo, para que nos permita hacerlo. Esto ayuda a limpiar mejor nuestra boca y a sanar cualquier problema que tengamos en las encías. Fue santo remedio para la mía y nunca más se inflamó.

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Sacarse el olor a ajo con el cuchillo: este consejo es muy antiguo, pero quién sabe si alguien aún no lo conoce. El olor a ajo es uno de los más difíciles de quitar de nuestras manos, pero uno de los secretos es que, una vez terminamos de picarlo, nos lavemos los dedos, masajeando el cuchillo, pasando nuestros dedos por la lámina de acero inoxidable (no por el filo, claro está). De alguna manera, el paso de la piel sobre este metal neutraliza el aroma.

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En todas las familias y países hay consejos originales, secretos de naturaleza, recetas de las abuelas. Si conocen algunos, anímense a compartirlos, que al igual que muchas tradiciones, la única manera de que sobrevivan, es transmitirlo.

A MUCHA HONRA: zapatos sintéticos

A MUCHA HONRA: zapatos sintéticos

Cuando uno comienza a empatizar siquiera con el veganismo, además de lo que come, revisa lo que usa. Y es casi inmediata la necesidad de cambiar todos los ítems de cuero, desde la billetera hasta los zapatos, por otros de materiales cruelty free.

Al igual que la ropa usada que les mencionaba hace poco, los zapatos que no son de cuero, han sido objeto de menosprecio. Aún hoy, en que casi todas las mujeres han sucumbido a la tentación de comprar un par de zapatos de eco cuero, el estatus del calzado es liderado por aquellos que son hecho de piel de animal (vaca, principalmente), siendo muy habitual aún la pregunta “¿son de cuero?” en los sectores, o tiendas, de zapatería. Una de las razones aludidas es que los zapatos sintéticos adquieren mal olor, son de mala calidad, son duros, pero creo que la razón más fuerte, es aquella del estatus disfrazada de cualquier otra excusa.

Hace años, era muy difícil conseguir un buen zapato de tela o eco cuero, pero hoy en día existen alternativas comprobadas, de calidad y hermosos diseños, además de marcas veganas de lujo como Stella Mc Cartney (me pregunto si alguien le cuestionaría la calidad de su calzado a la hija de Sir Paul Mc Cartney jeje), con lo cual no hay razón para no darles una oportunidad.

Hace poco oí el comentario de que hay que estar loco para usar zapatos que no sean de cuero, “habría que ir a comprarlos al mall chino”. Pero no. Marcas como Nine West y Aldo tienen siempre entre sus modelos, algunos que son sintéticos, y Louis Vuitton dispone de zapatillas urbanas totalmente sintéticas a partir de los 480,00 euros.

Como soy fan de los zapatos sintéticos -sobre todo cómodos y de colores, como les contaba en mi anterior post “Zapatos Rojos”– y en mi búsqueda me he encontrado con marcas excelentes, ahora mismo les comparto mis preferidas. Verán que provienen de Brasil, y es que ese país se destaca por su calidad en esta materia.

Melissa: marca brasileña que innovó en la producción de zapatos de caucho en colores brillantes y originales diseños. Hoy es objeto de deseo, a tal punto que en Chile se venden a un precio muy superior que en Brasil (no tengo foto propia porque mis último Melissa Ultragirl los usé hasta que jubilaron). Su calidad es excelente y sus colores, y modelos, son de una alegría e innovación, que da gusto.

Moleca, Beira Rio y Vizzano: tres de las marcas de Calçados Beira Rio S.A., compañía brasileña manufacturera de calzado desde 1975, nacida en la cuidad de Igrejinha, en Rio Grande do Sul, que no utiliza materiales derivados de animales y cuya producción se realiza en un 100% en sus instalaciones, generando miles de empleos en su comunidad. Su confort, modelos, colores y relación precio/calidad, las posicionan sin duda como mis marcas preferidas. Son comodísimos y tienen excelentes plantas antideslizantes. Disponibles a través de DAFITI, donde también encontrarán otra de sus marcas, Modare, que se especializa en zapatos ultra cómodos.

Al revés del comentario que escuché, evito al máximo comprar zapatos chinos, principalmente, porque no es posible establecer su trazabilidad, con lo que resulta imposible conocer las condiciones humanas y medioambientales en que se elaboró.

A disfrutar de los colores y la comodidad, sin sufrimiento animal, existen alternativas por todas partes.

ZAPATOS ROJOS

ZAPATOS ROJOS

Cuando leí, hace años, el libro Ganar Felicidad, de Tal Ben Shahar (a quien he mencionado reiteradamente), decidí hacer propio uno de los consejos que brinda para aumentar nuestra felicidad y que en mí, tenía absoluto sentido: usar zapatos cómodos. En el acto regalé todos los zapatos que me incomodaban o hacían doler y decidí que, en el día a día, sólo iba a usar zapatos planos o de taco bajo. Y que los tacos, para ocasiones especiales, deberían ser acorde a mi poca habilidad para usarlos, nunca más la sensación de caminar yéndome de bruces.

Por supuesto, este cambio me obligó a modificar la manera en que me venía vistiendo para ir a la oficina y encontrar un estilo propio, puesto que hasta entonces siempre había odiado la ropa formal y mi estilo era una copia del resto de las personas, con mucho pantalón recto, negro y poco color. En esa época, cambié el traje negro por uno gris y otro café, de pantalón con piernas un poco más ajustadas y no tan largas, de manera que se vieran bien con zapatos bajos. Entonces, se dio la magia ¿con qué color de zapato los combino? y la respuesta fue Rojo.

Lo que viene después, es historia: rojos, verdes, dorados, grises, plateados, fucsia, combinados negro y blanco, animal print, etcétera. Simplemente, descubrí los colores en los pies, y sumado a mi gusto por los pañuelos de cuello, aprendí a armar atuendos lindos y cómodos, con los que yo me sentía genial todos los días para ir a trabajar.

Al igual que los muchos cambios de hábito que he tenido en la vida, éste me hizo observar lo que pasaba con el resto de las mujeres. Una y otra vez, no sólo en invierno sino en verano, el tono por excelencia, tanto en ropa como calzado, era el negro ¿de dónde sacamos que combina con todo? Mi creencia es que combina menos que cualquier color, lo que pasa es que si nos vestimos completamente de negro, por supuesto que “combina”. Pero pónganse una polera blanca con un jean y zapatos negros ¿combina? Ahora la misma polera y jeans, pero con un zapato azulino o color piel ¿qué les parece?

El calzado negro es una excelente elección si se viste con gusto y no como un comodín. Existen muchas opciones para usarlo de manera elegante y bonita, así como los azules y café, oscuros.

Los colores nos proporcionan alegría, por lo que, si estamos en un día de mucha presión, exceso de trabajo, cansancio, pena, un par de zapatos llamativos, es mejor que unos negros.

Otra ventaja de los zapatos de colores o metalizados, es que son un complemento perfecto para las prendas básicas y/o de colores neutros (que les mencioné en el post acerca de Fast Fashion). Por ejemplo, una camisa denim larga bajo un sweater negro más unos leggins negros, se ve estupendo con unas ballerinas animal print de leopardo (en material cruelty free, por supuesto). Lo mismo una blusa blanca y un jean que, con un pañuelo de colores y unos zapatos rojos, eleva cualquier ánimo decaído. Todo esto, hace que un mismo par de zapatos destaque muchos de los trajes que podemos armar con lo que tenemos en nuestro guardarropa.

Las invito a abolir el dogma “el negro combina con todo”, y abrirle paso a otras posibilidades. Les aseguro que van a destacar en cualquier lugar y, si le añaden mi opción de sólo usar zapatos cómodos, se van a sentir siempre felices de caminar.

A MUCHA HONRA: de segunda mano

A MUCHA HONRA: de segunda mano

La ropa usada fue por mucho tiempo mirada en menos en Santiago, como la última posibilidad para vestirse de quienes tenían bajos ingresos. Hasta que las tiendas cada vez más atractivas, de ropa bonita y de excelente calidad, se fueron posicionando entre un extenso grupo de gente que, tras su primera visita a una de ellas, se encontró con un mundo alternativo que valía la pena conocer.

Por otra parte, los encuentros de amigas para compartir la ropa que ya no usaban dieron paso a reuniones para vender, a precios módicos, toda la vestimenta que estuviera en excelente estado pero que se quisiera descartar.

Finalmente, los consumidores de ropa usada aumentaron y pasaron a formar parte del selecto club que deambula con prendas que causan envidia, conseguidas en una venta de garage o una tienda de segunda mano.

Personalmente, conocía marcas europeas y estadounidenses, mucho antes de que aquí se escucharan las palabras GAP o Aéropostale, y siempre disfruté cuando alguien halagaba alguna de las maravillas que he encontrado mirando con ojo atento en el colgador de una tienda de segunda mano. Pero valoré mucho más la existencia de esta alternativa una vez que conocí las consecuencias y costos del fast fashion, al ver The True Cost.

Al elegir esta opción, le damos nueva vida a una prenda que de otro modo se iría a la basura, valoramos el trabajo detrás de su confección, disminuimos la demanda en tiendas que promueven la moda rápida, conseguimos ropa increíble a precios asequibles, y ahorramos dinero que luego, como sugiere Tal Ben Shahar, podemos invertir en experiencias en vez de cosas, lo que va en directo beneficio de nuestra felicidad.

En mi ciudad, mis opciones preferidas están en Providencia y son, Nolstalgic, Vintage y Unique Bazaar. Nostalgic es una cadena muy antigua de ropa usada proveniente de USA, que tiene muy buena selección de prendas, en especial en el barrio que les menciono. Posee también una especie de outlet en calle Irarrázaval por el que vale la pena pasar si andan por ahí, porque a veces recibe verdaderas maravillas a mitad precio y una buena cantidad de jeans de tallas pequeñas. Vintage es una tienda del mismo grupo que Nostalgic, pero con un surtido enorme; destacan entre sus prendas, seleccionadas con el mismo gran acierto, algunas como chalecos, sweater y ponchos. Unique Bazaar es un emprendimiento diferente, porque su stock proviene de closets nacionales y porque no sólo vende, sino que recibe a consignación la ropa, calzado y accesorios de mujer que queramos vender, siempre que cumplamos con sus requisitos de calidad y cantidad. Tiene dos modalidades de venta, en su showroom y en su tienda de calle Orrego Luco.

La calle Bandera, en pleno centro de la capital, alberga varias de las tiendas más surtidas y algunas, por lo que me cuentan, con ropa y accesorios de marca.

Los tres tips de oro para comprar en cualquier tienda de segunda mano son: revisar bien la prenda, probársela y lavarla en casa.

Otra opción maravillosa es aquella en que una venta destina parte de lo obtenido a una buena causa. Aquí les muestro el bello clutch rojo y la polera que me compré en el último Closet Sale organizado por un grupo de amigas de Fundación Julieta, del cual, una parte de las ganancias, fue en beneficio de dicha fundación:

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Existen también webs y aplicaciones para vender y comprar ropa que, a mi parecer, venden más caro, pero son opciones disponibles.

O simplemente, se puede partir por lo que vengo haciendo hace años con grupos de amigas. Juntarse una tarde, después del trabajo, con toda la ropa y accesorios que sacaron del closet y no van a usar. Se clasifican en grupos (pantalones, blusas, accesorios, carteras), la anfitriona instala en una mesita algunas cosas ricas para comer y beber, y que comience el intercambio. Lo pasarán increíble y todo lo que quede, se embolsa y se dona. O se regala.

FAST FASHION

FAST FASHION

Si bien ya había mencionado este tema en Consumir menos, Desechar menos, amerita muchas notas y conversaciones más. Luego de leer La Magia del Orden y de ver el documental THE TRUE COST, es imposible quedarse en el mismo estado de acumulación y consumismo de vestuario con el que veníamos viviendo. No importa cuándo nos demos cuenta de lo que le hacemos a nuestra casa y a nuestro planeta con el hábito de consumo que tenemos, siempre podemos hacer algo para corregirlo, desde ese momento en adelante.

El fast fashion, es una realidad que se ha tomado mi país, así como muchos otros. A diferencia de las tiendas tradicionales, está liderado por cadenas que producen a muy bajo costo, en países con mano de obra tan barata que, para mantenerla, en la mayoría de los casos no respetan condiciones laborales ni consecuencias medioambientales. Con esto, logran abastecer sus locales con artículos de tendencia a tan bajo precio que es posible comprar una prenda al mismo precio, o menos, que hace 20 años. Por último, abastecen sus estanterías con una periodicidad abrumante, algunas incluso, agregan algo nuevo todos los días.

Si consideramos que antiguamente existían dos temporadas, que se relacionaban directamente con las estaciones del año, no es difícil impresionarse de que esta estrategia comercial nos haga ir, en promedio, 17 veces al año a una misma tienda, sólo para ver si hay algo nuevo, y con la preocupación de que “si no lo compro” ya la próxima semana no estará. Si bien era asidua a estas tiendas antes de conocer todo lo que había detrás de esta aparente maravilla de la ropa barata, ahora he vuelto a ellas con el afán de observar y, efectivamente, la actitud de apremio, la cantidad de personas en los probadores, y las conversaciones que se escuchan (“llévatelo, es muy barato”), sólo confirman lo que he aprendido en este tiempo y es que, ciertamente, el fast fashion es una brillante idea para vender más sin que existan más necesidades ni más clientes.

Pero ¿qué hacer? Aquí la clave,

“Buy less, Choose well, Make it last”

Vivianne Westwood

 

¡Hip hip hurra! por las marcas que responden “¿quién hizo mi ropa?”: Fashion Revolution ha realizado dos campañas ya, cercanas al día 23 de abril en que se conmemora la tragedia del Rana Plaza, en las que invita a las marcas a responder “Who made my clothes?” a través de una fotografía de las personas que confeccionan sus prendas. Esta acción busca crear conciencia acerca de las condiciones laborales en que ellas trabajan, puesto que hay marcas que simplemente no son capaces de mostrar las condiciones deplorables en que laboran sus subcontratados. Preguntemos y premiemos con nuestra preferencia a quienes producen de manera transparente.

Consumo consciente: El fast fashion, con sus precios tan bajos, enorme oferta y liquidaciones que son una ganga, nos hace comprar de más ¿cuántas cosas se quedan sin usar en el closet? ¿cuántas veces compramos algo que no necesitamos? Entonces la solución, es comprar prendas que necesitamos y que además tengan gran cantidad de opciones para ser combinadas. En cuanto a los zapatos, Tal Ben Shahar, dentro de sus “13 claves para ser feliz” recomienda algo muy cierto “usa zapatos que te queden cómodos” porque si usamos zapatos incómodos es seguro que nos pondremos de mal genio. No importa qué tan a la vanguardia esté un modelo, no compremos nunca más un par de zapatos que nos haga doler o con el que no podamos caminar.

Básicos, lisos y colores neutros: Los básicos son aquellas prendas que es muy conveniente tener porque sirven de base y combinan con todo, fácilmente se ven distintas con un accesorio y no son artículos de moda, por ejemplo, un vestido negro de algodón o un jean clásico. Las prendas lisas, son aquellas de un color, sin líneas, sin estampados. Los colores neutros en vestuario son, por ejemplo, azul, beige, gris, blanco, negro, o algunos suaves como rosa, arena, amarillo, verde, que se pueden combinar con gran cantidad de otros colores, y que cada uno elige de acuerdo a la paleta que prefiera. Sin consideramos estas tres características, nuestro closet se amplifica, gracias a la gran cantidad de combinaciones posibles. Debemos elegir una paleta de colores que nos defina, que nos guste, y privilegiar modelos que nos calcen bien y nos hagan sentir a gusto, por sobre las últimas tendencias. Para comprar, debemos considerar que cada prenda sirva para ser usada con varias de las que ya tenemos y si queremos darle un giro a nuestro look, complementar con accesorios en vez de comprar y comprar ropa nueva.

“Sí tengo algo que ponerme”: Como para casi cualquier aspecto de la vida, existen aplicaciones relacionadas con el guardarropa. Con el fin de conocerlas, descargué una que se llama Stylicious. El concepto es simple, uno fotografía su ropa y calzado, luego arma tenidas o combinaciones, las clasifica y, finalmente, les asigna a un día en el calendario para ser usadas. Lo primero que nos permite apreciar, es la cantidad de combinaciones que tenemos a nuestro alcance y que al momento de pensar qué ponernos, parecemos no recordar o no ver. Lo segundo, es que nos quita el estrés de buscar la ropa por la mañana, permitiéndonos dejar programada nuestra vestimenta de toda una semana, si así lo queremos.

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Vuelta a la reparadora de ropa: No se trata de eliminar todas las cosas que provengan de marcas relacionadas al fast fashion, lo importante es hacer durar lo que ya tenemos. Cuando era niña, mi tía zurcía los calcetines con un huevo de madera, aguja e hilo, y hasta existía el zurcidor japonés que arreglaba los puntos idos de las medias. Para qué decir la cantidad de prendas que ajustaba una modista. Pero hoy, tan económica se ha vuelto la ropa que pasó a ser un bien prácticamente desechable, que no justifica arreglo o modificación. Sin embargo, una manera de hacer que nuestra ropa nos quede perfecta, resista el paso del tiempo o cambie de look, es llevarla a un buen costurero, y entender que, aunque cueste casi lo mismo el arreglo que una prenda nueva, evitar una compra es bueno para el planeta, para el comercio justo y para nosotros.

Máquina de coser y ropa local: Si tienen la fortuna de saber hacer ropa, éste es su momento. Por todas partes del globo, más y más personas están costureando sus propios vestidos, blusas, pantalones. Si tejen, pues manos a la obra para auto abastecerse en el invierno. Tanto esas acciones como comprar a quienes confeccionan en su país o ciudad, contribuye enormemente a disminuir un poco el hambre del fast fashion por vendernos más y más.

De segunda mano: Otra de las consecuencias del fast fashion es la enorme cantidad de ropa que es donada o vendida, por quienes necesitan hacer espacio para almacenar más ropa nueva. Acceder a ella y preferirla permite alargar la vida útil de prendas que se hicieron a mano por alguien y, gracias a su menor costo, acceder a algunas de mejor calidad y mayor duración.

En fin, como en todo, cuando tomamos conciencia, nuestras actitudes cambian. Y hoy, existe una verdadera revolución que nos alienta y nos hace sentir acompañados en cualquier pequeña nueva actitud responsable que tomemos frente al consumo desmesurado. Tras el fast fashion hay miles de personas trabajando en condiciones miserables en las que jamás estaríamos dispuestos nosotros a trabajar, y decenas de ciudades llenándose de desechos provenientes de la industria textil, mientras nosotros tenemos playas limpias y tranquilas para lucir las prendas que alguien, muy lejos, confecciona al costado de un río totalmente contaminado por las plantas de manufactura.

Por último, recordemos que ningún cierre se coloca sin que alguien tome la prenda y lo ubique allí. Dentro del closet de cada uno de nosotros está el trabajo de muchas manos, desde quienes recolectan el algodón, hasta quienes etiquetan las prendas, y más. Y tras esas manos, familias, niños, pueblos. No los olvidemos.

¡A LA CALLE!

¡A LA CALLE!

En mi ciudad la gente no sale a pasear en días de nubes y frío, como lo hace cuando está soleado. Sí señor, lo he comprobado en mis caminatas otoñales y de invierno. En un día frío y gris uno se topa con harto extranjero y harto deportista pero, santiaguinos comunes, muchos menos que en un día con sol o calor.

Tenemos la suerte de pasar por las cuatro estaciones cada año, marcadas por un clima y un paisaje distinto. Pero tenemos la costumbre de encerrarnos cuando está helado o llueve.

Entonces, como creo firmemente en la belleza de las mañanas nubladas y las tardes de lluvia, paso por aquí con algunas imágenes a tratar de convencerlos de que dejen la modorra en casa, y la próxima mañana libre, después de un saludable desayuno, salgan a buscar algunas de las maravillas naturales que sólo se ven a partir del otoño.

Es bueno considerar que yo soy una persona especialmente friolenta. Culpo de esto, tal vez injustamente, a mi madre, quien me ponía pantalones tejidos de lana bajo los vestidos y me envolvía la cabeza en una bufanda, a la más mínima nube gris. Así que si son como yo, abríguense, pero en capas, de manera que éstas se puedan ir sacando a medida que la caminata les acalore.

Mientras recorren, métanse entre las plantas, acérquense a mirarlas, observen, respiren. Nunca verán lo mismo, así vayan todos los días al mismo lugar. La naturaleza es así.

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Si tienen una botella térmica, lleven un café o una infusión caliente. Además de un líquido caliente, o en vez de, lleven agua. No porque haga frío dejamos de deshidratarnos. Pero claro, una botella pequeña, de manera que el peso no les incomode.

Una vez aperados, vayan a un parque o un área verde grande, que les dé mucho espacio para investigar. Mientras más plantas, mejor. Si tienen suerte, verán también animalitos pequeños que viven entre la vegetación.

Revisen más fotos pinchando aquí.

Lleven a sus niños. Que sean amigos de una llovizna, de meterse a los charcos con botas de goma, de sentir cómo crujen las hojas al caminar. Aprovechen de enseñarles a contemplar las flores y díganle el nombre de los árboles al tiempo que se los muestran. Miren mucho hacia arriba, que las mezclas de ramas y cielo son preciosas.

Y cuando llueva, salgan con paraguas (o vayan, cuando termine el aguacero, a buscar el arcoíris). El invierno crea algunos de los mejores recuerdos en el alma de un niño.

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Para mí, este es el mejor panorama gratuito que puede existir, y a ustedes ¿les gusta?